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Ejemplos de oraciones con la palabra defendía

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra defendía en el contexto de una oración.

Término defendía: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "defendía" aquí tienes una selección de 30 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra defendía para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Mauricia ya no se defendía.
  • Ella se defendía en silencio.
  • Allen se defendía por ser irlandés.
  • Ella le quitaba el sol, y él la defendía de don Álvaro.
  • Celedonio defendía las costumbres de la Iglesia primitiva.
  • Pero a los pocos días insistió, y Gertrudis se defendía.
  • Pero en retirada se defendía bien con su flexibilidad y agudeza.
  • Era una hermosa figura que se defendía de los ultrajes del tiempo con buen éxito todavía.
  • Del tormento que estas ideas daban a su alma se defendía Barbarita con su ardiente fe religiosa.
  • Ronzal, como otros días, defendía en tesis general la moralidad presente, debida a la restauración.
  • Glocester defendía el claustro, pero batiéndose en retirada por galantería, sonriendo y abanicándose.
  • Al oír tal, todos se levantaban en contra, unos porque defendía al clero y otros porque atacaba el dogma.
  • Aquel calor con que defendía los intereses espirituales de la familia, les llegaba al alma a los amos de la casa.
  • Además, Ana, puesto que defendía su virtud, creía prudente ocultar todo lo que fueran personalidades al confesor.
  • El periódico de la capital que defendía a los Mochuelos, escribió un artículo con el título ¿Crimen o suicidio?
  • Aurora se defendía con ingenio y tesón, como quien sabe que es mayor de edad y puede, cuando quiera, echar a rodar la autoridad materna.
  • Defendía el joven Rubín los principios fundamentales de toda sociedad con un ardor y una serena convicción que eran el asombro de cuantos le oían.
  • La resistencia de él era puramente espasmódica, y mientras se defendía de los cuatro brazos que querían contenerle y arrancarle el cuchillo, decía con voz ronca.
  • Ya no se defendía más que con la paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad debía de provenirle aquel alargamiento de morros que la afeaba considerablemente.
  • Por barlovento se veían algunos navíos desmantelados, y dos de ellos, ingleses, hacían fuego sobre el Santa Ana, que se defendía al amparo de otros dos, un español y un francés.
  • Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria mostraba, eran ocasión de empeñadas reyertas entre él y Don Baldomero, que defendía todo lo del Reino con sincero entusiasmo.
  • Al principio, el Cacho se defendía bien y remataba el juego con golpes furiosos, pero luego, como si hubiese perdido el tono, comenzó a hacer faltas con una frecuencia lamentable y el partido se igualó.
  • Se acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o volverse al tibio abrigo del establo.
  • Defendía la conducta del cabecilla asesino Rosas Samaniego, que estaba entonces preso en Estella, y le parecía poca cosa el echar a los hombres por la sima de Igusquiza, tratándose de liberales y de hombres que blasfemaban de su Dios y de su religión.
  • La dama desconocida, de espalda a la calle, ahora, inclinando la cabeza hacia el interlocutor invisible, hablaba tranquilamente y se defendía como por máquina, con leves manotadas felinas, de unas manos que de vez en cuando intentaban cogerla por los hombros.
  • Aquel encanto de los ojos, aquel prodigio de color, remedo de la naturaleza sonriente, encendida por el sol de Mediodía, empezó a perder terreno, aunque el pueblo, con instinto de colorista y poeta, defendía la prenda española como defendió el parque de Monteleón y los reductos de Zaragoza.
  • Y después las quejas de la cama frágil, el gruñir del jergón de gárrulas hojas de mazorca, y la protesta muda, pero enérgica, brutal de la moza, que se defendía a puñadas, a patadas, con los dientes, despertando en él, decía don Álvaro, una lascivia montaraz, desconocida, fuerte, invencible.
  • Un desconocimiento tal en Europa de genios tan transcendentales, se explicaba por esa hipótesis absurda, que aunque no la defendía nadie claramente, era aceptada por todos, la hipótesis del odio y la mala fe internacionales que hacía que las cosas grandes de España fueran pequeñas en el extranjero y viceversa.
  • ¡Adiós amistades recientes, respetos nacidos junto al ataúd de un pobre niño! Toda la consideración creada por la desgracia veníase abajo como torre de naipes, desvanecíase como tenue nube, reapareciendo de golpe el antiguo odio, la solidaridad de toda la huerta, que al combatir al intruso defendía su propia existencia.
  • Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.