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Ejemplos de oraciones con la palabra deja

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra deja en el contexto de una oración.

Término deja: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "deja" aquí tienes una selección de 96 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra deja para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No, no, deja.
  • Deja la tienda.
  • Deja ahora eso.
  • Mi mujer no me deja.
  • Si no me deja vivir.
  • Deja, iré yo por ella.
  • Sí, sí, le deja solo.
  • Deja marchar a Plácido.
  • Deja que suba el precio.
  • Y si la deja, allá voy.
  • Pero Sarrió no le deja.
  • ¡plaf! Y se te deja seco.
  • Deja a mi mujer en su casa.
  • Deja, yo llamaré a Tomás.
  • , que se deja querer, vamos.
  • Mire usted que no me deja vivir.
  • Después deja que el cura te ofrezca.
  • Déjate de esas cosas y deja al perro.
  • Deja eso dijo, acercándose a su amiga.
  • El hélice deja una larga espuma blanca.
  • ¿Qué, es que crees que me deja aposta?
  • No señor, si no me deja usted explicarme.
  • No deja de dejar de parecernos reprensible.
  • Bueno, entonces deja el fusil y las municiones.
  • Nos deja sordos dijo la santa sacando su portamonedas.
  • Pero tu razón, allá por esas nubes, se deja alucinar.
  • Juanito, hijo mío, deja a Visanteta que ponga la mesa.
  • El viejo deja el bastón y se pone a arreglar la escena.
  • Voy a tener que irme a un pueblo porque no me deja vivir.
  • ¡Basta! deja esa luz ahí, vete interrumpió la Regenta.
  • La madera vieja siempre deja caer el polvo de los roedores.
  • Un mar de moscas no me deja tener las manos sobre el papel.
  • Verá usted, cuando la trate, que también ella se deja querer.
  • Vamos a aventurar algo a que no me deja mal el señor Arcipreste.
  • Siempre se me figura que el ama me ahoga la niña, o me la deja caer.
  • Pero tal susto se ha llevado, que por poco si deja caer la lamparilla.
  • Eso se deja para los tontos y perdularios, para la gente que no piensa.
  • Entonces ella se deja caer sobre él, y le dice con efusión cariñosa.
  • Mi mujer sabe que algunas veces necesito vagabundar un poco, y me deja.
  • Pero, ¡re Dios!, señá Nicanora, ¿para qué deja usté que las criaturas.
  • ¡Traidor, miserable, ladrón de honras! ¡Y esa tonta que se deja engañar!
  • Guarda el oso, guarda el oso, que me deja hecho pedazos, y baja tras ti furioso.
  • El pragmatismo nacional cumple su misión mientras deja paso libre a la realidad.
  • Yo no puedo soportar más este dolor que me abruma y no me deja reposar un momento.
  • Pues sobre que estoy sordo dijo el simpático viejo, la vecindad no nos deja oírnos.
  • Se deja caer del techo, y permanece un instante balanceándose cogido a un hilo tenue.
  • Deja correr y haz caso de mí, que te he tomado cariño y soy mismamente como tu madre.
  • A nadie le gusta que le estén atisbando de cerca y viendo lo que hace o deja de hacer.
  • Le manda ahora los vestidos que deja, y como los deja nuevos y tiene tantos y tan ricos.
  • Además, decían los viejos, si el Casino deja de residir en la Encimada, adiós Casino.
  • Se destroza una vida, se deja a un hijo sin padre, se lleva la desolación a una familia.
  • Algunas veces parecerá que Dios te deja, otras veces serás mortificado por el prójimo.
  • Lo pasado, pasado está, y el arrepentimiento no deja ni rastro de mancha, pero ni rastro.
  • El catalán finge que se deja seducir por aquellos ojos y en cada vara rebaja un perro chico.
  • A trueque de estar con la nena replicó Nucha, se deja él bañar aunque sea en pez hirviendo.
  • El Magistral deja de mirar a las estrellas, acerca un poco su mecedora a la Regenta y prosigue.
  • Blanco llaman al sano de malicia y bueno como el pan y negro al que deja en blanco sus diligencias.
  • Sí, se apoyaba el pobre viejo con cariño, confianza, y con la fuerza con que se deja caer un muerto.
  • A su cabaña los guía que el sol deja el horizonte, y el humo de su cabaña les va sirviendo de Norte.
  • Es que me he vuelto protestante, hereje, y me voy a volver judío, a ver si esta calamidad me deja en paz.
  • Cuando le parece deja el trabajo, y se va a las becerradas de Getafe o de Leganés, y no parece en tres días.
  • Que entendió la moza (que era gallega), como oyó decir baja tras ti y me deja, que era verdad y que la avisaba.
  • Ron pasea por la caja, camina boca arriba por el cristal, se deja caer y cae de pie con suave movimiento elástico.
  • Cuando se coma usted esa uva que yo he cogido en el huerto, acuérdese, Azorín, de que aquí deja un amigo sincero.
  • Jacinta lo ha tomado con tanto calor, que hoy trabaja más que yo, y maneja el sable con un garbo que me deja tamañita.
  • El señor Ronzal quiere que se le explique si se piensa que es él quien pone las varas que esa señora toma o deja de tomar.
  • La vieja deja la media en el pequeño tabaque de mimbre y se pone a mirar al cielo a este cielo que le ha apedreado sus viñas.
  • Ahogándose como ballena encallada en una playa y a quien el mar deja en seco, entró el arcipreste, morado de despecho y furor.
  • Deja, luego decía Paco, que gozaba mucho con las canciones antiquísimas de Ripamilán y ya se iba cansando a ratos de su prima.
  • Y cuando más descuidado está el cazador, viene callandito por detrás una pulmonía de la finas, le apunta, tira, y me le deja seco.
  • ¡Y cómo se parecía a esta tonta de Aurora Fenelón! Todo pasó, todo va cayendo atrás revolviéndose en la estela que deja el barco.
  • Cuando la suerte le es adversa arriba, baja y se expone a ganar al tresillo todo lo que puede y a perder muy poco, porque si pierde lo deja.
  • Como una dama rica y elegante deja vestidos casi nuevos a sus doncellas, Mesía más de una vez dejaba en brazos de Paco amores apenas usados.
  • Quería gustar también la virtud, no precisamente vencida, que deja de serlo, sino la pura, que en su pureza misma tenía para él su picante.
  • ¡A qué degradación llega uno cuando se deja caer así! Estaba yo tan tonto, que me parecía que siempre había de vivir entre semejante chusma.
  • Y siempre en el año le da en veces al pie de una carga de trigo, por las Pascuas su carne, y cuando el par de los bodigos, las calzas viejas que deja.
  • Ese pensamiento en el pasado, cuando se deja atrás la juventud, es como una herida en el alma, que va fluyendo constantemente y nos anega de tristeza.
  • ¿Apostamos a que ella, si el otro no le da un cuarto, se deja estar con su santa pachorra, sin atreverse a nada, tragando hiel y muriéndose de hambre?
  • El maduro don Juan que, como él decía, était déjà sur le retour, se sentía transformado por la juventud y la pasión vehemente y soñadora de Anita.
  • El tercer cuerpo tiene una diminuta ventana y un balconcillo rebozado con el follaje de una parra que deja caer su alegría verde sobre la puerta de la casa.
  • Por eso, mientras por una parte no lee el Diccionario filosófico ni el Emilio, por otra no deja de venir todas las tardes a charlar un rato con este clérigo.
  • Parecía que la escoba municipal y la escoba de la nobleza pulcra habían dejado en aquellas plazuelas y callejas las huellas que el cepillo deja en el paño raído.
  • Si tu marido es un alilao, quiere decirse, si se deja gobernar por ti y te pones tú los pantalones, puedes cantar el aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo.
  • Nada, enteramente primitiva pensaba el Delfín, el bloque del pueblo, al cual se han de ir a buscar los sentimientos que la civilización deja perder por refinarlos demasiado.
  • El alma le revoloteaba dentro de él, como un pájaro en una jaula que se desvencija, a la que deja con el dolor de quien le desollaran, pero ansiando volar por encima de las nubes.
  • Lo esencial de la humanidad, la materia prima, porque cuando la civilización deja perder los grandes sentimientos, las ideas matrices, hay que ir a buscarlos al bloque, a la cantera del pueblo.
  • ¿Cómo es que lo averiguado hoy por procedimientos lógicos, fundados en datos e indicios reales, existió antes en mi mente como los rastros que deja el sueño o como las ideas extravagantes de un delirio alcohólico?
  • Sí, tiene usted cien veces razón decía ella yo necesito una palabra de amistad y de consejo muchos días que siento ese desabrimiento que me arranca todas las ideas buenas y sólo me deja la tristeza y la desesperación.
  • Al final, una cancela deja ver por entre sus varillajes, festoneados de encendidos geranios, una sombrosa huerta de naranjos, de higueras con sus brevas adustas, de ciruelos con sus doradas prunas, de manzanos con sus grandes pomas rosadas.
  • El hombre que como usted prosiguió don Evaristo, no se deja engatusar por las sabidurías modernas, está en disposición de hacer el bien, pero no el bien de cualquier modo, sino sublimemente ¡caramba!, mirando para el cielo, no para la tierra.
  • Y si se deja pasar delante a la dama, ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca, aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga.
  • En la primera fila se mueven, siempre inquietas, sobre la dura tabla, las niñas de ocho a diez años, anafroditas las más, hombrunas casi en gestos, líneas y contornos, algunas rodeadas de precoces turgencias, que sin disimulo deja ver su traje de inocentes.
  • A la derecha veo las ruinas de una iglesia, con la portada clásica casi intacta, con un arco ojival fino y fuerte, que se destaca en el cielo radiante y deja ver, en la lejanía, entre su delicada membratura, el ramaje seco de un álamo erguido en la llanura inmensa.
  • Esta moza tan meticulosa y apañada piensa Azorín me recuerda esas mujeres que se ven en los cuadros flamencos, metidas en una cocina limpia, con un banco, con un armario coronado de relucientes cacharros, con una ventana que deja ver a lo lejos un verde prado por el que serpentea un camino blanco.
  • Y lanzándose en pleno cielo, aclarándose en un azul blanquecino, marchaba velozmente hacia el final, se extinguía en el horizonte pálido y vago como el último quejido de los violines, que se prolonga mientras queda una pulgada de arco, y adelgazándose hasta ser un hilillo tenue, una imperceptible vibración, no puede adivinarse en qué instante deja realmente de sonar.
  • Costó un triunfo a Nucha vestirla racionalmente, y hacerle trocar la corta saya de bayeta verde, que no le cubría la desnuda pantorrilla, por otra más cumplida y decorosa, consintiéndole únicamente el justillo, prenda clásica de ama de cría, que deja rebosar las repletas ubres, y los característicos pendientes de enorme argolla, el torquis romano conservado desde tiempo inmemorial en el valle.