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Ejemplos de oraciones con la palabra dejado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra dejado en el contexto de una oración.

Término dejado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "dejado" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra dejado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Me ha dejado encerrada.
  • No ha dejado más que el olor.
  • Estoy dejado de la mano de Dios.
  • ¡Me han dejado, nos han dejado!
  • ¿No los habrán dejado en casa?
  • Pero si no los he dejado un día.
  • No me han dejado criarla, Julián.
  • Ese capitán Araña me ha dejado solo.
  • ¿Que por qué había dejado aquella casa?
  • Es uno así, tan dejado, que no se arranca.
  • Olvidaban dónde habían dejado el sombrero.
  • ¡Ay, qué asco! Me ha dejado la boca perdida.
  • Por la justicia se hubiera dejado hacer tajadas.
  • Pero si no me han dejado salir en toda la mañana.
  • Vaya, que me ha dejado frío lo que acabo de saber.
  • Este había dejado en la silla próxima un envoltorio.
  • Me he exaltado de veras, me he dejado llevar de la ira.
  • ¿No la has dejado comer sola, o mejor dicho, no comer?
  • Oh, pecador de mí, no habemos dejado nada a los criados.
  • No, no dijo él, que yo no he dejado el asador de la mano.
  • Ha preguntado por usted, ha dejado el paquete y se ha ido.
  • Que por hacer lo que me importaba, he dejado la compañía.
  • Don José no había dejado nada en el plato más que el hueso.
  • Tal semilla de piedad postiza y rumbosa habían dejado los PP.
  • Ni un capricho había dejado de satisfacer en su vida la niña.
  • No me ha dejado ni siquiera descabezar un sueño de diez minutos.
  • Todos sus abuelos habían dejado la vida entre aquellos terrones.
  • Le explicaron el caso, pues aún no había dejado que le enterasen.
  • Desde aquella tarde ningún momento había dejado de pensar lo mismo.
  • Soñaba lo que habría sido si Ramiro hubiese dejado por ella a Rosa.
  • Esta bota tiene un clavo tremendo, pero tremendo, que me ha dejado cojo.
  • La Ilustración francesa se había dejado en un arranque de patriotismo.
  • Refugiose en el cuarto de la comandanta, donde había dejado velo y manguito.
  • Un día, al volver a casa, me encontré con que habían dejado un bulto para mí.
  • Yo me disculpaba con decir que en toda la noche me habían dejado cerrar los ojos.
  • Si doña Lupe se hubiera abalanzado a ella para pegarle, se habría dejado castigar.
  • Ana tampoco entiende de eso y me ha dejado a mí el cuidado de todos los pormenores.
  • Ni un sábado había dejado de entregar á sus hijos los dos cuartos para la escuela.
  • Mi abuela había dejado un caserío en Izarte, sobre las dunas de la playa de las Ánimas.
  • Había dejado su oficio de cochero y entrado con Arcale en algunos negocios de contrabando.
  • Un rayo que le hubiese herido no le habría dejado más deshecho que esas palabras sencillas.
  • ¿Cómo aquel socarrón, marrullero, siempre alerta, se había dejado llevar de aquel arrebato?
  • ¡Calle usted, Antonio! Diez duros me he dejado en esa plaza, y aún me falta lo más importante.
  • Pero quien no me ha dejado dormir era este hombre que llamaba a mi puerta dando grandes porrazos.
  • Señor Arcediano, permítame usted decirle que su colega de usted está dejado de la mano de Dios.
  • La muerte de su madre le había dejado un gran vacío en el alma y una inclinación por la tristeza.
  • Los otros decían que habían dejado de ir a otro negocio que les importaba más por venir a aquél.
  • ¿qué había dejado ni a orillas del Ebro, el río del Trovador, ni a orillas del Genil y el Darro?
  • ¡Oh qué ingrata, qué cruel había sido con aquel hombre! ¡Qué triste, qué solo le había dejado!
  • Aquella revelación le había dejado tan atontada, cual si le descargasen un fuerte golpe en la cabeza.
  • Puedes cogerlo, está descargado dijo Maxi, que de un salto se había dejado caer del furor a la piedad.
  • Lo había dejado, no por sentirse con pocas facultades, sino porque le hacía daño gastar la imaginación.
  • Doña Lupe fue a la cocina y le armó una gran chillería a Papitos porque había dejado quemar el principio.
  • En Cebre he dejado la diligencia y me dieron esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.
  • En la escalera ha dejado su huella, su rastro, rastro y huella, señores, que no se pueden confundir con nada.
  • Sin duda ella misma había dejado que la chica se comprometiera, pensando que luego Aracil no la abandonaría.
  • Muchas veces habían dejado en manos de jóvenes carlistas, disfrazados de boyerizos, barricas llenas de armas.
  • Su marido había dejado la carrera muy pronto, ¿a qué venía aquello de Regenta por aquí, Regenta por allí?
  • Parecía que el pequeñín, al irse del mundo, hubiese dejado clavada una espina en la conciencia de los vecinos.
  • Ir, andar, moverme de aquí para allá, llevado por un turbión de acontecimientos que me han dejado el alma vacía.
  • Pero don Eugenio no había dejado de vivir un solo día en aquella casa, fuera de la cual no comprendía la existencia.
  • La hija del Fraile se había dejado llevar de un arrebato del carácter violento que mostraba en las grandes ocasiones.
  • Muchas noches se acostaba con fiebre porque no le habían dejado satisfacer su anhelo de coger para sí aquellas monerías.
  • ¡Siempre gastando dinero! Eran dos reales ó poco menos lo que en una semana había dejado en la taberna con tantos obsequios.
  • En un rincón del cuarto había dejado Petra olvidados los zorros con que limpiaba algunos muebles que necesitaban tales disciplinas.
  • Había dejado a Fortunata acostada y casi dormida, y se retiró decidido a afrontar las chafalditas de su tía y a explicarse con ella.
  • Martín dijo que él era de Urbia, así como su mujer, y contó sus aventuras desde el tiempo en que había dejado de ver al extranjero.
  • Al principio Ana se había dejado llevar a paseo, a todos los paseos, al teatro, a la tertulia de Vegallana, a las excursiones campestres.
  • El alejamiento, el haber dejado a su marcha a Luisito sano y fuerte, le impedía experimentar la pena que hubiese sentido cerca del enfermo.
  • Era la de Rianzares viuda de un antiguo intendente de la Habana, quien la había dejado una fortuna de las más respetables de la provincia.
  • Teresina, antes de salir, puso orden en los muebles, que no pecaban de insurrectos, que estaban como ella los había dejado el día anterior.
  • Desde que tomara con tanto cariño las funciones paternales, se había dejado toda la barba, usaba hongo y una gran bufanda alrededor del cuello.
  • ¡Bien les había dejado el célebre banquero con su pretendida infalibilidad! Su principal, el señor Cuadros, podía tenerse por hombre al agua.
  • Tiró el jinete del ramal para detener a su cabalgadura, y ésta, que se había dejado en la cuesta abajo las ganas de trotar, paró inmediatamente.
  • Había dejado a su esposo con Villalonga, después de enjaretarle la mentirilla de que iba a la Virgen de la Paloma a oír una misa que había prometido.
  • Muchas señoras abonadas habían dejado su palco desierto la noche anterior, sin permitir la entrada en él a nadie para señalar así mejor su protesta.
  • Don Fermín se interrumpió para callar, respetando así el dolor de don Víctor, que se había dejado caer sobre un sofá, y apretaba la cabeza entre las manos.
  • Recordaba haber dejado encima de la mesa de mármol o de un banco, en fin, allí dentro, unas semillas preparadas para mandar a cierta exposición de floricultura.
  • Y el Magistral sonrió como un ángel, mientras aspiraba con delicia el perfume de rosa de Alejandría, que Ana sin resistencia había dejado en manos del clérigo.
  • Parecía que la escoba municipal y la escoba de la nobleza pulcra habían dejado en aquellas plazuelas y callejas las huellas que el cepillo deja en el paño raído.
  • Fortunata se habría dejado llevar del primer impulso de cólera, si en su alma no hubiera nacido otro impulso de tolerancia, unido a cierta relajación de conciencia.
  • Si Marqués entraba alguna vez en la iglesia, era para ver si los chicos habían dejado en el suelo de los bancos donde se sentaban algún mendrugo de pan, no por otra cosa.
  • Al día siguiente la familia pudo salir a paseo en su carruaje, y un caballo más joven y de mejor estampa que Brillante ocupó el vacío que la muerte había dejado en el pesebre.
  • Si la proximidad del crimen había despertado el instinto de la inveterada honradez, la proximidad del amor había dejado un perfume en el alma de la Regenta que empezaba a infestarse.
  • El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos, y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente.
  • El señorito, cruzando sobre la mesa ambos brazos, había dejado caer la frente sobre ellos y un silbido ahogado, preludio de ronquido, anunciaba que también le salteaba la gana de dormir.
  • En cierta ocasión ella había dejado caer el pañuelo, un pañuelo que olía como aquella carta, y él lo había recogido y al entregárselo se habían tocado los dedos y ella había dicho.
  • Pasaron entonces por el recuerdo todos los días que siguieron al entumecimiento del rigoroso temporal, cuando el espíritu de Ana había dejado aquella especie de vida de culebra invernante.
  • Y no por falta de prisa, en verdad, que por no detenernos las habíamos dejado la mitad de lo que ellas se tenían dentro, y nos las comimos las más como se las traía hechas el cochino en la barriga.
  • En esto, un sábado, pocos días después de Reyes, Allen vio en la costa, a gran distancia, con un catalejo de uno de los pontoneros, un botecillo atado a una punta, sin duda dejado por algún cazador de patos salvajes.
  • Porque un día que habíamos comido razonablemente y estaba algo contento, contóme su hacienda y díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más de por no quitar el bonete a un caballero su vecino.
  • Segura estaba la mamá de que la vigilancia de Plácido era como la de un padre, y bien sabía que se habría dejado matar cien veces antes que consentir que nadie tocase al Delfín (así le solía llamar) en la punta del cabello.
  • Algunos aseguraban que había dejado más de media docena de viudas en diferentes puntos de España y de América, y una porción de herencias fabulosas en su testamento, herencias que no existían más que en su acalorada imaginación.
  • Con esto y la natural vanidad que lleva a la mujer a creerse querida de veras, la Regenta podía, si le importaba, creer que el Tenorio de Vetusta había dejado de serlo para convertirse en fino, constante y platónico amador de su gentileza.
  • ¡Antoñito, Antoñito, yo quiero que seas un gran artista! Y se marcha rápido, voluble, ondulante, hablando sin volver la cabeza, poniéndose al revés el sombrero, que después torna a ponerse a derechas, volviendo por el bastón que se había dejado olvidado en la sala.
  • Levantéme muy quedito y, habiendo en el día pensado lo que había de hacer y dejado un cuchillo viejo que por allí andaba en parte do le hallase, voyme al triste arcaz, y por do había mirado tener menos defensa le acometí con el cuchillo, que a manera de barreno dél usé.
  • Pero unas generaciones picando la piedra para marcar mejor las figuras borradas por los años, y otras blanqueándola con escrúpulos de bárbara curiosidad, habían dejado la losa de tal modo que sólo se distinguía un bulto informe de mujer, la reina, que daba su nombre á la fuente.
  • ¡Pero qué mujer! ¡Es toda una mujer! ¡Qué fortaleza! ¡Qué sagacidad! ¡Y qué ojos! ¡Qué cuerpo! ¡Irradia fuego! Ramiro, una tarde en que la fiebre, remitiéndosele, habíale dejado algo más tranquilo, llamó a Gertrudis, le rogó que cerrara la puerta de la alcoba, y le dijo.
  • Habían dejado, en obsequio al Crucificado, el regalo de su palacio ancho y cómodo de allá arriba por la estrechez insana de aquella pocilga, mientras sus padres, hermanos y otros parientes regalaban el perezoso cuerpo en las anchuras de los caserones tristes, pero espaciosos de la Encimada.
  • Después de acariciarle su enorme cabeza, volvió a recuperar lo que había dejado sobre el banco y prosiguió su marcha, siempre abrumada por la fatiga, poseída por triste desaliento, pero satisfecha y sonriente al mirar a sus dos pequeñuelos, cruz abrumadora que arrastraba en el calvario de la miseria.