Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "dejarla" aquí tienes una selección de 23 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra dejarla para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Hay que dejarla.
- Dejarla, dejarla.
- No hay más que dejarla.
- Sí, había que dejarla.
- Dejarla, dejarla dijo la Superiora.
- A la juventud hay que dejarla divertirse.
- A esta mujer hay que dejarla pensó Jacinta.
- Señorita replicó la criada sin dejarla concluir.
- La otra fe conviene destruirla, dejarla es un peligro.
- Era preciso abdicar, dejarla casarse con un ricacho plebeyo.
- Hay que darle cuerda por ahí, y dejarla que mangonee todo lo que quiera.
- Porque, como oyen decir que muerde por muy poco, han dado en dejarla con el ombligo en naciendo.
- Ya, tomando a la nena en peso, la subía en alto y figuraba dejarla caer de golpe sobre las espigas.
- De aquí en adelante, el que quiera podrá dejarla guardada en casa para volverla a sacar cuando le plazca.
- Fíjate bien, hijo le decía y no te precipites, que una vez que hayas comprometido a una no debes dejarla.
- Respecto a usted, señora, si vuelve usted a chillar, la voy a atar a un árbol y a dejarla en la carretera.
- Aquí hay que hacer como si a uno le fuera indiferente la cosa y, si sale bien, aprovecharse de ella, y si no, dejarla.
- Que andar en un pie, tener mucho cuidado, no dejarla en poder de criadas, ni de Visitación, que la aturde con su cháchara.
- Dos días antes había plantado en ellos maíz y judías, como muchos de sus vecinos, pues á la tierra no hay que dejarla descansar.
- No exageraba ni por ajustar demasiado la ropa ni por dejarla muy holgada, ni se excedía en los picos de los cuellos, ni en las alas de los sombreros.
- Ballester, que no comprende esto, ni lo comprenderá nunca, se enfadó conmigo y no me quería dar papel y tinta para escribir la fórmula y dejarla consignada.
- Anduve detrás de mi madre, cogido a su falda, sin dejarla hacer nada, hasta que vino el viejo Irizar, con su traje negro y su sombrero de copa, y me tuve que sentar junto a él en el banco del centro.
- Y, aunque temiendo los peligros de la fantasía de Ana, por no perder terreno, tenía que dejarla abandonarse a los espontáneos arranques de ternura piadosa que venían sin saber cómo, a lo mejor, provocados por cualquier accidente que ninguna relación parecía tener con las ideas religiosas.