Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "deje" aquí tienes una selección de 75 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra deje para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Deje usted.
- Deje usted.
- Deje usted.
- Ahora deje V.
- Yo dejé de remar.
- No, no me deje usted.
- Deje usted, deje usted.
- No les deje usted pasar.
- Deje usted que me emboce bien.
- Deje usted que me acuerde bien.
- Deje usted la flora, don Tomás.
- Deje usted, ahí tengo yo cuenta.
- Pero yo le dejé sellaíto un ojo.
- Padre! Deje eso, señora, deje eso.
- Señor, yo no le digo que deje esto.
- ¡Si truena, que truene! Deje tronar.
- Falta que mamá me deje salir mañana.
- Lo mejor es que deje correr las cosas.
- Deje usted, Visita, vaya una cantidad.
- Deje usted ya de mi cuenta este asunto.
- ¿Cómo quieres que deje a la señora en.
- Si sabe que dejé el despacho tan pronto.
- Me dejé meter en las Micaelas y me dejé casar.
- Que vaya a oírte al sermón y que me deje en paz.
- Hijo de mi alma, si te dejé con Plácido y tu mamá.
- Pero deje, deje, que me tiene que escribir una carta.
- El locutorio dudo por hoy, pero no deje de venirse V.
- No era posible convencerles de otra cosa y los dejé.
- Esos puercachones me querían pintar, pero no me dejé.
- Deje usted, deje usted, a ver si Bautista dijo la Marquesa.
- Deje usted, deje usted había advertido Foja con mal gesto.
- Dejé el prólogo y comencé el primer capítulo que decía.
- Sí, a usted y saqué el sobre y lo dejé encima de la mesa.
- Me quiere leer la obra y yo le he dicho que me la deje allí.
- Aunque lo deje todo, vamos, que quiero hacer lo que estoy obligado.
- Y otras cosas que me callo, que dejé por lo que tocaba a mi honra.
- A mí no me importa nada que él la quiera ni que la deje de querer.
- Pero como fue la indecente de Aurora quien me lo dijo, ya dejé de creerlo.
- Bueno, ¡no hables tanto! El médico ha dicho que no se te deje hablar mucho.
- Pero pronto dejé talado todo el peñasco, sin el menor rastro de vegetación.
- Deje, señor, deje que rebrinquen los señoritos, que la erba yo la apañaré.
- Mira, chulita, no me muero hasta que no te deje esta idea bien metida en la cabeza.
- Levantéle, y dejé dormir a los demás hasta las once de la noche que despertaron.
- Y yo, después que me divertí con ella, la dejé abandonada en medio de las calles.
- ¿a usted qué le va ni qué le viene con que haya gente en Marte o deje de haberla?
- Señora, señora, no deje de ver las cretonas que han recibido los chicos de Sobrino.
- Y ahora soy yo el que exige que usted me comprenda, y no me tome la letra y deje el espíritu.
- Y en último resultado le dijo después, ¿a ti qué más te da que sea honrada o deje de serlo?
- Dejé dicho al mercader que si viniesen allí mis pajes y un lacayo, que los encaminase al Prado.
- Dile a esa tiona que si quiere correr los pañuelos que los corra ella, y que si no, que los deje.
- Por la noche no me separé de él, una vez que dejé a mi amo muy bien arrellanado en su camarote.
- La dejé que llorase largo rato, haciéndome el incomodado, y después, ofreciéndole la mano, le dije.
- Yo le digo que abandone el sacerdocio y que deje a los autores y al público que se arreglen como quieran.
- Pero yo rehusé, prefiriendo vivir tranquilo en mi pueblo, y dejé los negocios públicos en manos de Godoy.
- Tal vez el día en que dejé la puerta abierta a los celos la asusté y por eso tardó en volver a buscarme.
- ¡Qué manera de pagarme! ¡Yo, que lo dejé todo por él, y a los que me habían hecho decente les di una patada!
- Señora, déjeme usted en paz, que yo no me meto con usted, ni me importa la cara que usted tenga o deje de tener.
- Pero por no confesar que los había recibido lo dejé y me fui con ellos, dando las gracias de mi libertad y rescate.
- Lo que me aconseja la Virgen siempre que le rezo con los ojos cerrados, es que te quiera mucho y me deje querer de ti.
- Dejé salir La Maríbeles, y unos días después iba a Batavia y entraba en El Dragón con una absoluta inconsciencia.
- Pero yo, antes que todo, veo lo práctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje morir ni que se suicide.
- Digo que ayer me retiré yo de la huerta cerca del obscurecer, que dejé allá dentro unas semillas envueltas en un papel.
- La dejé sin abrir, cogí los papeles que la envolvían, y miré a ver si en ellos había alguna indicación de su procedencia.
- Que no deje usted de mandar recado hoy a ese señor de Quevedo, para que la vea y nos diga si traemos el ama o no traemos el ama.
- Esperé un día, y como no aparecía nadie, creí que os habíais marchado y me fuí a Bayona y dejé las letras en casa de Levi Alvarez.
- Dejé la compañía, y considerando en quién conocería a mi tío fuera del rollo mejor en el pueblo, no hallé nadie de quien echar mano.
- Al fin, yo salí tan bienquisto del pueblo que dejé con mi ausencia a la mitad de él llorando y a la otra mitad riéndose de los que lloraban.
- Yo empecé luego, para trabar conversación, a jugar del vocablo, de tercio y pelado y pelo y apelo y pospelo, y no dejé hueso sano a la razón.
- Que yo me escame y no deje acercarse a esos mocosos que luego se van dando pisto al Casino con sus demasías, no tiene nada de particular, porque.
- Si a usted le repugnan a veces ciertas palabras, ciertas acciones de estas buenas señoras, no se deje llevar por la imaginación, no las condene ligeramente.
- Dejé a Don José María para ver lo que pasaba, y en cuanto puse los pies fuera de la cámara, me enteré de la comprometida situación en que se encontraba el Rayo.
- Entonces tomé todos los años la costumbre, el día 8 de Diciembre, de corregir o adicionar la dicha oda a la Inmaculada, y en tal estado la dejé, que más que oda es un canto épico.
- Este modo de hablar de la tierra ha nacido en Madrid de una mixtura entre el deje andaluz, puesto de moda por los soldados, y el dejo aragonés, que se asimilan todos los que quieren darse aires varoniles.
- ¡no me deje usted feo! Y procediendo como niñas buenas y bien educadas, incapaces de desear la fealdad del prójimo, aceptaban los obsequios ruborizadas, pero mirando con superioridad satisfecha a las amigas.
- El muelle era una escuela ateniense para despabilarse en pocos años, y yo no fui de los alumnos menos aprovechados en aquel vasto ramo del saber humano, así como tampoco dejé de sobresalir en el merodeo de la fruta, para lo cual ofrecía ancho campo a nuestra iniciativa y altas especulaciones la plaza de San Juan de Dios.