Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "delfina" aquí tienes una selección de 33 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra delfina para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y la Delfina estaba contenta.
- La Delfina se descorazonó mucho.
- La Delfina no podía tener la risa.
- Le dijo la Delfina apretándole contra sí.
- No obstante, la Delfina lo oía siempre bien claro.
- Después de comérselo, la Delfina corrió al comedor.
- La Delfina bajó los ojos, y dando un tirón se soltó.
- Y tan del Cielo indicó la propia Delfina sacudiendo la mano.
- Después de un rato de silencio, la Delfina dijo con resolución.
- Pero aquella noche, al retirarse, sentía la Delfina ganas de llorar.
- Con aquellas ternuras se le pasó a la Delfina todo su furor de coscorrones.
- Entraré un ratito a verla dijo la Delfina a su amiga, sentándose en el sofá.
- Oyeron dos, y antes de salir, sentadas en un banco, la Delfina dijo a su amiga.
- Se sentía muy mal, y las palabras de la Delfina le excitaban extraordinariamente.
- Al volver a su casa, tenía la Delfina vivos deseos de saber si Guillermina había hecho algo.
- Esto le pareció a la Delfina tan discreto, que creyó tener delante al primer filósofo del mundo.
- Pero la Delfina se levantó de repente, poseída de la rabia de paloma que en ocasiones le entraba.
- Según ha dicho el médico indicó la Delfina decidida a pegar la hebra, la pobre Mauricia no saldrá de esta.
- La Delfina se volvió a sentar junto a su marido y miraba entre espantada y compasiva al desgraciado Don José.
- Díjole la Delfina que deseaba hablarle, y él la invitó con toda la cortesía de que era capaz a pasar a su habitación.
- Casi en el mismo instante la Delfina sintiose vacilar en su asiento, porque la silla estaba inválida, y se pasó al sofá.
- Cuando se halló cerca del fin de su viaje, la Delfina fijaba exclusivamente su atención en los chicos que iba encontrando.
- La Delfina la había ofendido y ultrajado, cuando ella no hacía más que contarle a la santa sus penas y el conflicto en que estaba.
- La niña, aquel dato vivo de la bondad de la Delfina, no podía menos de determinar en Fortunata un pensamiento distinto de los anteriores.
- ¡Y esta señora que te quería dar un beso! Ávida de tocarle, la Delfina le agarró un mechón de cabello, lo único en que no había pintura.
- Romper, romper para siempre toda clase de relaciones con esa calamidad es lo que importa manifestó la Delfina inquietísima, dando vueltas en el lecho.
- De allí, sí, de allí venían aquellos lamentos que trastornaban el alma de la Delfina, produciéndole un dolor, una efusión de piedad que a nada pueden compararse.
- Echando una mirada a lo alto del tejado, vio la Delfina que por encima de este asomaba un tenderete en que había muchos cueros, tripas u otros despojos, puestos a secar.
- Los afectos que se desbordaban del corazón de la Delfina eran combinación armoniosa de alegría y de pena, por las circunstancias en que aquella tierna criatura había ido a sus manos.
- Mientras la Delfina y Severiana hablaban, Fortunata, que continuaba sentada, examinó con curiosidad a la esposa de aquel, fijándose detenidamente en el traje, en el abrigo, en el sombrero.
- ¡Estómagos, a defenderse! Algunas palabras había cogido la Delfina al vuelo que no tenían, a su parecer, ninguna relación con aquello de las Cortes, el coronel Iglesias y el ministerio Palanca.
- Pero Fortunata se las componía para volver a lo mismo, a que ella y la Delfina iban a ser uña y carne, y a que su conducta en lo sucesivo había de ser como de quien está en escuela de serafines.
- Ya se sabe que la Delfina, no pudiendo adoptar al Pituso y tomarlo por hijo, y sintiendo más fuerte e imperioso en su alma el anhelo de la maternidad, dio en proteger a la preciosísima y cariñosa hija de Mauricia la Dura.