Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "desierta" aquí tienes una selección de 20 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra desierta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- La plaza está desierta.
- Playa solitaria y desierta.
- La calle estaba desierta, la noche fresca.
- La alta nave se encontraba obscura y desierta.
- Dio algunos paseos por la plaza, desierta a tales horas.
- Aterramos en una playa desierta, próxima a un pueblecito que tenía su puerto.
- Proseguía Sabel mansa, Primitivo complaciente, Perucho invisible, la cocina desierta.
- Aquel era uno y por eso la capilla estuvo desierta hasta que llegaron las dos señoras.
- Por las mañanas, el capitán y su hija solían recorrer la playa desierta, los dos descalzos.
- Todos callaban en el balcón mientras la Regenta se alejaba y desaparecía por la calle desierta.
- En esas persianas que se mueven discretamente cuando se oyen resonar pasos en la calleja desierta.
- Figurábase que no existía nadie a su lado, que la casa estaba desierta, el barrio desierto, Madrid desierto.
- Y un momento permanezco ante este rótulo, en la plaza desierta, perplejo, mohino, temeroso, con la maleta en vilo.
- Comenzamos a marchar hacia el sur, a buscar el estrecho de Magallanes o el Cabo de Hornos, en aquella inmensidad desierta del Pacifico, llevados por la monzón del oeste.
- ¡a mí! La carcajada lanzada por Santa Cruz retumbó en la cavidad de la plazoleta silenciosa y desierta con ecos tan extraños, que los dos esposos se admiraron de oírla.
- Después de realizar el tesoro de viejas onzas mejicanas y piedras preciosas, que tendríamos en una isla desierta, volveríamos a Lúzaro a contar, como Yurrumendi, nuestras hazañas.
- Andrés recordaba el caso frecuente de muchachos imbéciles, hijos de familias ricas, y demostraba que un hombre con un arca llena de oro y un par de millones del Banco de Inglaterra, en una isla desierta, no podría hacer nada.
- Zelayeta sentía, como yo, el entusiasmo por la isla desierta y por los piratas, y, como tenía talento para ello, dibujaba los planos de los barcos en que íbamos a navegar los dos, y de las islas desconocidas en donde pasaríamos el aprendizaje de Robinsones.
- Sobre la sierra, cuyo perfil señalaba una faja de vapor tenue y luminoso, brillaban las estrellas del carro, la Osa mayor, y Aldebarán, por la parte del Corfín, casi rozando la cresta más alta de la cordillera obscura, lucía solitario en una región desierta del cielo.
- Recuerdo que al escribir esto, que me dictaba mi tía, le hice varias preguntas acerca de la vida y de las costumbres de los piratas, y, a pesar de que ella trataba de exagerar la odiosidad de los caballeros de la fortuna, a mí me parecía que aquello de ser pirata y de abordar a los barcos y quitarles sus tesoros y guardarlos en una isla desierta debía tener grandes encantos.