Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "despertaba" aquí tienes una selección de 33 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra despertaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Despertaba sonriendo a la luz.
- Fortunata creyó al fin que convenía hacer que despertaba.
- Vivir con una persona decente despertaba un poco su curiosidad.
- Despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidosos.
- Y bien miradas y de cerca aún despertaba más Gertrudis el ansia de goce.
- Pero ni el tío despertaba, ni Don José se hacía cargo de que le llamaban.
- Despertaba la fiera en él, cansado de que lo hostigasen un día y otro día.
- La movible superficie del agua despertaba en mi pecho sensaciones voluptuosas.
- A los vecinos despertaba con el estruendo que hacía, y a mí no me dejaba dormir.
- Aquella mujer despertaba en él, ahora, una ira sorda mezclada de un deseo intenso, doloroso.
- Discreto animal, que hablaba como un teólogo y nos despertaba a todos por la mañana, gritando.
- Y no se le despertaba la saludable emulación, sino la ruin envidia y su hermano el ceñudo despecho.
- Lo que no había despertado en ella la presencia de don Víctor, lo despertaba la imagen de don Fermín.
- Yo te juro que no despertaba en mí ni el amor más insignificante, ni tan siquiera un capricho de momento.
- La necesidad del amor maternal se despertaba en aquella hora de vigilia con una vaguedad tierna, anhelante.
- Fortunata decía también algo, aunque no mucho, porque lo de la tienda no despertaba en ella gran interés.
- ¡Cosa extraña! Otras veces no le sucedía esto, dormía a pierna suelta y despertaba en el momento oportuno.
- Su voz despertaba ecos en el inmenso porche, más silencioso que de costumbre por la calma en que estaban las calles.
- El tal Machín era un tipo raro en todo, en su conducta, en sus parecidos y en las simpatías y antipatías que despertaba.
- En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su instinto de lucha contra los males positivos de la tierra.
- La pasión de domesticar se despertaba en ella delante de aquel magnífico animal que estaba pidiendo una mano hábil que lo desbravase.
- ¡El Niño Jesús! ¡Qué dulce emoción despertaba aquella imagen! ¿Pero por qué había servido el evocarla para dar tormento al cerebro?
- A la mañana siguiente don Saturno despertaba malhumorado, con dolor de estómago, llena el alma de pesimismo desesperado y de flato el cuerpo.
- Y aunque todas las piezas estaban abarrotadas, la casa sonaba a hueco, y la soledad despertaba esos ecos misteriosos de las grandes viviendas abandonadas.
- El remordimiento que la infidelidad a Jesús despertaba en ella, era de terror, de tristeza profunda, pero se envolvía en una vaguedad ideal que lo atenuaba.
- Se acostaba con la niña, a la que daba calor con su cuerpo, y contra éste guardaba el frasco de la leche por si de noche se despertaba aquélla pidiendo alimento.
- De noche, según le dijo a Andrés, cuando se acostaba ponía una botella de vino debajo de la cama, y si se despertaba cogía la botella y se bebía la mitad de un trago.
- Y en tal gusto coincidía con su esposa, amiga también de estas meriendas aventuradas, en las que encontraba un condimento picante que despertaba el hambre y la alegría infantil.
- Al amanecer, cuando la luz pálida y cobarde se arrastraba por el suelo, después de entrar laminada por los intersticios del balcón, despertaba sofocada por aquellas visiones, como náufrago que sale a la orilla.
- Con todo su talento no podía Juan darse explicación satisfactoria del interés, de la curiosidad o afán amoroso que despertaba en él una persona a quien dos años antes había visto con indiferencia y hasta con repulsión.
- Notaba Ana que en aquella altura, en aquel escenario, mitad pastoril, mitad de novela picaresca, entre arrieros, maritornes y señores de castillos, a lo don Quijote, se despertaba en ella el instinto del arte plástico y el sentido de la observación.
- En la nave del trasaltar, la más obscura, escondidos en la sombra de los pilares y en las capillas, algunos señoritos se divertían en echar a rodar sobre el juego de damas del pavimento de mármol monedas de cobre, cuyo profano estrépito despertaba la codicia de la gente menuda.
- Lo malo era que en aquellas largas horas, a veces aburridas, que pasaba de rodillas ante el Sacramento, la faz envuelta en un gran velo al modo de mosquitero, la pecadora solía fijarse más en la custodia, marco y continente de la sagrada forma, que en la forma misma, por las asociaciones de ideas que aquella joya despertaba en su mente.