Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "desván" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra desván para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Adelantaba la limpieza del desván.
- Subieron por la escalera de madera hasta el desván y llamaron en una puerta.
- A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso recinto del desván se veía muy poco.
- Estamos muy enfaenadas arreglando el desván, donde hay todos los trastos del tiempo del abuelo.
- Yo me recogía en mi posada, el día que escribía comedia, al desván, y allí me estaba y allí comía.
- Aun desde la cama lo oigo en la gotera del desván, que, al caer en un barreño, hace un ruido metálico.
- Agotado todo lo que en el salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván hasta la leñera.
- Conducía al desván empinadísima escalera, y no era el sitio muy oscuro, pues recibía luz de tres grandes claraboyas, pero sí bastante bajo.
- Don Pedro, medio a gatas porque de otro modo no se lo consentía la poca altura del desván, perseguía a sus primas, resuelto a tomar memorable venganza.
- Pero una noche que estaban solos en el café, lo sacó, como se trae del desván un trasto viejo y se le limpia el polvo, a ver si lo ha deteriorado el tiempo o lo han roído los ratones.
- Guardábanse en el desván mil cachivaches arrumbados que habían servido en otro tiempo a la pompa, aparato y esplendor de los Pardos de la Lage, y hoy tenían por compañeros al polvo y la polilla.
- Petra discurría perfectamente en estas materias, porque leía folletines, la colección de Las Novedades, que dejara en un desván doña Anuncia, y sabía quién desafía a quién, llegado el caso de descubrirse los amores de una señora casada.
- Esta fornida guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de dádivas de feligreses.