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Ejemplos de oraciones con la palabra diablo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra diablo en el contexto de una oración.

Término diablo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "diablo" aquí tienes una selección de 97 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra diablo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Es un pobre diablo.
  • Es un pobre diablo.
  • Pillinadas del diablo.
  • Uno diablo y otro santo.
  • Que se fueran al diablo.
  • ¡Qué diablo! A tu edad.
  • El diablo harto de carne.
  • ¡Pobre diablo! dijo Mesía.
  • Usted es un verdadero diablo.
  • El Diablo Arcángel también.
  • Cargue el diablo con el viento.
  • ¡Diablo de chicas! iba pensando.
  • Corneta, que cargue el diablo con él.
  • ¡Qué diablo, alguna había de haber!
  • Tommy era un clown, un verdadero diablo.
  • El dinero mal ganado se lo lleva el diablo.
  • Permítame usted, señor Foja o señor diablo.
  • Entonces ni el diablo discurre lo que yo discurro.
  • Sí, el diablo se le había reído en las entrañas.
  • Dolo al diablo dije yo y ¿no ahorcaron ese ganapán?
  • ¡Verás tú si bajo, infame diablo! era su muletilla.
  • ¡Vaya con la salida! El diablo cargue con tu lógica.
  • ¡diablo de chica!, concluyó por hacerlo todo al revés.
  • ¡Diablo! La situación era más grave que él imaginaba.
  • Ya está ese diablo ahí en la muralla decía doña Águeda.
  • Ni aun después de muerto, al pobre diablo lo dejaban en paz.
  • Diéronselos y con tanto comenzaron una grita del diablo, diciendo.
  • Vayan al diablo el Señor y los Reverendos Padres refunfuñó Zalacaín.
  • Quería ver al confesor y al diablo, al tentador, uno en frente de otro.
  • ¡ay!, la dichosa mona me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo.
  • ¡Peor sería eso que dicen que dice Alancardan, o san Cardan, o san Diablo! pues.
  • Además ¡qué diablo! mayores bellaquerías había en la historia de sus aventuras.
  • Acometió al pobre diablo, el cual empezó a huir, dando saltos por la casa, diciendo.
  • Se necesita ser un pobre diablo o tener alma de perro para encontrar mala la libertad.
  • Espantábase, maldecía, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
  • Y aquel diablo, aquel malhechor se arrojaba a los pies del señor espiritual de Vetusta.
  • Tiró el músico el fusil y la cartuchera y echó a correr, como alma que lleva el diablo.
  • En el fondo era un pobre diablo histérico, enfermo, convencido de su misión providencial.
  • San Miguel, con la espada en alto, enfurecido, amenazando al diablo sin decidirse a pegarle.
  • ¿Por qué el hombre ha de dejar que lo pesque el diablo con tan tosco anzuelo y cebo tan ruin?
  • Pero ¡vayanse al diablo los escrúpulos! un día es un día, y a ver quién le quitaba lo gozado.
  • Aunque él era sensualista ¡qué diablo! la sensualidad, pensaba, también tiene su romanticismo.
  • Con estas cosas, traía el pueblo tal, que se encomendaban a él y era como encomendarse al diablo.
  • Este señor Rafael Villasús era un pobre diablo autor de comedias y de dramas detestables en verso.
  • Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo, y rió mucho la burla.
  • En cuanto mi tío José oyó decir que usted venía, salió de carrera, como alma que lleva el diablo.
  • Tenía una ballena por mujer y dos hijas del diablo, feas y necias, y de la vida, a pesar de sus caras.
  • Pasábamos por delante del Fuerte del Diablo, cuando oímos el cañonazo indicando que se abría el puerto.
  • Mas ordenólo el diablo de otra suerte, porque tenía una que había heredado de su padre, que fue boticario.
  • Aurora y Fortunata se reían mirando a Ponce, que iba escapado por la calle arriba, como alma que lleva el diablo.
  • ¡Parece imposible que sea mi hermana! Para ella lo principal es aparentar, y del mañana que se acuerde el diablo.
  • Parecíale entonces la humanidad compuesto casual que servía de juguete a una divinidad oculta, burlona como un diablo.
  • O la señora no había atesorado más desde el robo, o lo había ocultado tan bien, que no diera con ello el mismo diablo.
  • ¡Qué demonio de chico! ¡Qué malo es! Catalina ya sabía que diciendo ese demonio, o ese diablo, se referían a Martín.
  • Ambos le parecieron a la Regenta hermosos, interesantes, algo como San Miguel y el Diablo, pero el Diablo cuando era Luzbel todavía.
  • Estaba dado al diablo con aquello y, pensando qué hacer, se acordó de convidar al pueblo, para otro día de mañana despedir la bula.
  • ¡Qué diablo! Ya estaban casi en la mitad del camino, cerca del Mercado, y él callaba, sin atreverse a decir lo que tan pensado tenía.
  • El trueno le sonaba a carcajadas de su mala suerte, a sarcasmos del diablo que se burlaba de él y de su miserable condición de clérigo.
  • ¡Dios tenga compasión de mí! Y el diablo cargue con estas santas cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para nada.
  • Llegó el día y salí en uno como caballo, mejor dijera en un cofre vivo, que no anduvo en peores pasos Roberto el diablo, según andaba él.
  • ¿Qué diablo es esto, que después que conmigo estás no me dan sino medias blancas, y de antes una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban?
  • A través de una nube brillante y falsa, se ven los amantes el uno al otro, y en la obscuridad ríe el antiguo diablo, que no es más que la especie.
  • Ahora mismo, no hace mucho, cuando vi a ese diablo de hombre cometiendo una nueva infamia, sentí otra vez la debilidad de espíritu que creía vencida.
  • El diablo del chico, cuando se ponía de malhumor, iba a la cofa de un palo y allí estaba hasta que se le pasaba la murria, y volvía más alegre que antes.
  • Y cuando alguno de éstos escapaba, ¡Dios me lo perdone!, que mil veces le daba al diablo, y el que se moría otras tantas bendiciones llevaba de mí dichas.
  • Al verle tan huraño, y que se escondía cuando entraba doña Silvia con su hija, creía que hablarle a este chico de mujeres era como mentarle al diablo la cruz.
  • No sólo dejaban el trabajo, sino que pasaban aviso á todos sus paisanos para que huyesen de ganar un jornal en los campos de Barret, como quien huye del diablo.
  • Pero ¡qué diablo! hay que saber vivir, y aquella fiesta, pensando egoístamente, bien podía resultar un medio seguro de proporcionarse auxilios en el porvenir.
  • Tenía mi casa muy bien aderezada, porque había dado para tener tapicería barata en un arbitrio del diablo, y fue de comprar reposteros de tabernas, y colgarlos.
  • Cuadros, a pesar de su fortuna, no dejaba de ser el antiguo dependiente, el marido de la criada Teresa, un pobre diablo al que ella había tratado siempre con desprecio.
  • Y como para todo se necesita talento, una especialidad de talento, resulta que esa infeliz que tanto te da que pensar, no sirve absolutamente para diablo, ¿me entiendes?
  • ¡quebremos el ojo al diablo! Y más, te hago saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa, y en ésta desastrada no hemos de estar más de en cumplimiento el mes.
  • El diablo del enjalma maldita la cosa tenía dentro de sí, que puesto sobre el cañizo todas las cañas se señalaban y parecían a lo proprio entrecuesto de flaquísimo puerco.
  • Quiso, pues, el diablo, que nunca está ocioso en cosas tocantes a sus siervos, que yendo a vender no sé qué ropa y otras cosillas a una casa, conoció uno no sé qué hacienda suya.
  • Para que el diablo haga a esa señora caer en cama, tomarle miedo a la muerte, y de amable, sensible y condescendiente (que era el primer paso), convertirse en arisca, timorata, mística.
  • Y en llegando a ese lugarcito del diablo nos remiten a la sopa y al coche de los pobres en San Felipe donde cada día en corrillos se hace consejo de estado, y guerra en pie y desabrigada.
  • ¡Por vida de la santísima uña del diablo! Si consigo yo ponerte bueno, mi querida tía, alias la baronesa de Rothschild, no tendrá más remedio que hincar la jeta y darme lo que necesito.
  • ¡Qué desdichado! ¡Este pobre diablo, empeñado en desafiar a la riqueza, es extraordinario! ¡Qué caso de heroísmo más cómico! Y quizá si pudiera discurrir pensaría que ha hecho bien.
  • ¡Cuántos argumentos se podían oponer a los que la buena señora disparaba con más ardor que lógica! Pero lo que es en argumentar con palabras ¡qué diablo!, todavía no estaba él fuerte.
  • Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome.
  • Yo la conté su dinero y, estándosele dando, la desventura, que nunca me olvida, y el diablo, que se acuerda de mí, trazó que la venían a prender por amancebada, y sabían que estaba el amigo en casa.
  • Una tarde Crespo, enterado de que la niña ya sabía algo, sin encomendarse a Dios ni al diablo, detuvo a las de Ozores en la carretera de Castilla y les presentó al señor don Víctor Quintanar, magistrado.
  • ¡Voto a Dios!, ni lo que García de Paredes, Julián Romero y otros hombres de bien, ¡pese al diablo! Sé que entonces no había artillería, ¡voto a Dios!, que no hubiera Bernardo para un hora en este tiempo.
  • Ordena el diablo que a la hora y punto que la moza iba subiendo por la escalera, que era angosta y oscura, con los platos y olla, yo estaba en un paso de una montería, y daba grandes gritos componiendo mi comedia.
  • Rezo cuando estoy triste, oigo misa los domingos, tengo mucho miedo al diablo, pero me gusta bastante el mundo y voy siendo algo impía, pues algunas veces me digo que no es tan pésimo como lo pintan los predicadores.
  • Fuime derecho a la iglesia, recé, y luego empecé a repasar todos los lazos y agujeros de la red con los ojos para ver si parecía, cuando Dios y enhorabuena, que más era diablo y en hora mala, oigo la seña antigua.
  • Aunque de verdad siempre pienso que el diablo me lo trae a la memoria por hacerme malcasado, y no le aprovecha porque, allende de no ser ella mujer que se pague destas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso cumplirá.
  • No bien me aparté de él con su capa, cuando ordena el diablo que dos que lo aguardaban para cintarearlo por una mujercilla, entendiendo por la capa que yo era don Diego, levantan y empiezan una lluvia de espaldarazos sobre mí.
  • Sin encomendarse a Dios ni al diablo, en cuanto la vio salir de San Isidro, se emparejó con ella, la saludó muy cortésmente, y con su cruz a cuestas y todo supo demostrar que él era ante todo, y aun camino del Calvario, un cumplido caballero.
  • La marina se había sublevado, echando del trono a la reina, y ésta se encontraba ya en Francia, y se constituía un gobierno provisional, y se contaba de una batalla reñidísima en el puente de Alcolea, y el ejército se adhería, y el diablo y su madre.
  • Paco resistía con dificultad el empuje violento de su prima, que gozando lo que ella y el diablo sabían, se incrustaba en la carne de su primo, más blanda que la suya, empeñada en vencerle y hacerle andar hacia adelante mientras ella andaba hacia atrás.
  • De las vigas, como bambalinas grasientas, colgaban pabellones de longanizas y morcillas, ó ristras de pequeños pimientos rojos y puntiagudos como dedos de diablo, y rompiendo la monotonía de tal decorado, algún jamón rojo y borlones majestuosos de chorizos.
  • Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.
  • ¡Ay de usted si desmaya porque ve que para Teresa son pecados muchos actos que usted creía dignos de elogio! Pasará usted la vergüenza de ver que era vanidad muy grande creerse buena mucho antes de serlo, tomar por voces de Dios voces que la Santa llama del diablo.
  • El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas.
  • , y cuando pienso en que esa tunanta me aborrece y se va de mejor gana con cualquier gañán de los que acuden descalzos a alquilarse para majar el centeno, ¡tengo mientes de aplastarle los sesos como a una culebra! Julián oía estupefacto aquellas miserias de la vida pecadora, y se admiraba de lo bien que teje el diablo sus redes.
  • Allí, en vez de las historias del buen truhán Fernando de Amezqueta, tuvieron que oir, contada por una vieja, la historia de don Teodosio de Goñi, un caballero navarro que, después de haber matado a su padre y a su madre, engañado por el Diablo, se fué de penitencia al monte con una cadena al pie, hasta que, pasados muchos años y siendo don Teodosio viejo, se le presentó un dragón, y ya iba a devorarle, cuando apareció el arcángel San Miguel y mató al dragón y rompió las cadenas al caballero.