Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "difunto" aquí tienes una selección de 40 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra difunto para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Que estaba como difunto.
- Era viuda y jamás recordaba al difunto.
- Acuérdese del club difunto, señor Parcerisa.
- Allí venía bien decir que el difunto era más chico.
- Que el difunto Moreno andaba loco por ella, no tiene duda.
- Pues esto es lo que ella hacía con el difunto doctor Pajares.
- La una, entregarle a usted este sobre del difunto padre de Mary.
- Su difunto padre poseía un cajón en la plazuela y era hombre honrado.
- Cuando Malespina salió del cuarto, estaba más pálido que un difunto.
- Pero, lo mismo que el difunto tío Barret, sentía la embriaguez de la tierra.
- Indudablemente el difunto Arnaiz no había visto claro al hacer tantos pedidos.
- Creía ofender al difunto fijando su atención en aquellas bestias antipáticas.
- Finca comprada al difunto Aparisi, uno de los socios de la Compañía de Filipinas.
- Le hizo estudiar latín con el cura, el mismo que había dado la dote perdida por el difunto.
- En realidad, afirmaban los maldicientes, para disfrutar a su talante las rentas del cuñado difunto.
- La viuda acudía acompañada de algún amigo del difunto, decidido protector que llevaba la voz por ella.
- Hay un cadávere difunto allí en mitad de la gente gritó Papitos que tenía medio cuerpo fuera del balcón.
- Inmuebles que el difunto Fraile había adquirido por poco dinero, prestando usurariamente a un conde tronado.
- Yo he vivido en Granada cuando mi difunto estuvo en aquella Audiencia, y su vega no tiene comparación con ésta.
- La fatiga y cierta superstición inconsciente les había hecho perder gran parte del respeto que merecía el difunto.
- Entré y hallé al soldado de los trapos con una hacha de cera que le dieron para acompañar un difunto y se vino con ella.
- El recuerdo de su difunto, que siempre se avivaba en la mente de doña Lupe cuando se veía en algún conflicto, la enterneció.
- Cuando Don Bonifacio Arnaiz enfermó para morirse, Plácido no se separó de él ni enfermo ni difunto hasta que le dejó en la sepultura.
- Se paseaba en el Espolón como se está en una visita de duelo en los momentos en que no está delante ningún pariente cercano del difunto.
- No era pariente del difunto, pero le había sacado de las garras del Demonio, según Glocester, que se quedó en la sala capitular murmurando.
- Pues estaba Fernando de aprendiz en la zapatería del difunto Ichtaber, el Chato de Tolosa, y no sé si vosotros sabréis, pero Ichtaber era un zapatero viejo y muy rico.
- Comprometido éste del 40 al 45, por los últimos errores del difunto Arnaiz, se defendió con los mahones, aquellas telas ligeras y frescas que tanto se usaron hasta el 54.
- Advierte que a la carteta, el que hace los naipes que no doble más arqueadas las figuras, fuera de los reyes, que las demás cartas, porque el tal doblar es por tu dinero difunto.
- Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres.
- Cobrábale una comisión insignificante, y se tomaba por los asuntos de ella tanto interés como por los propios, en razón a la gran amistad que había tenido con el difunto Jáuregui.
- En la cuestión religiosa, las ideas de doña Lupe se adaptaban al criterio de su difunto esposo, que era el más juicioso de los hombres y sabía dar a Dios lo que es de Dios y al César, etc.
- La mujer de don Baldomero I y la del difunto Arnaiz eran primas segundas, floridas ramas de aquel nudoso tronco, de aquel albardero de la calle de Toledo, cuya historia sabía tan bien el gordo Arnaiz.
- Cuando murió Don Nicolás Rubín, todos los ingleses cobraron con las existencias de la tienda, a excepción de uno, que había sido el mejor y más fiel amigo del difunto en sus días buenos y malos.
- Que se lo pregunten al difunto Don Pascual Muñoz el de la tienda de jierros, padre del marqués de Casa Muñoz, que era el hombre de más afloencias en estos arrabales, y me dijo mismamente aquel día.
- El papá había muerto siendo magistrado, y esto bastaba para que en casa de doña Manuela, con el afán de grandezas que todos sentían, no designasen a la familia por su apellido, sino por el título del difunto.
- Aseguraba que tenía gran semejanza fisionómica con Pío IX, y algo había en él que recordaba al difunto Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta, que no soltaba ni aun en las visitas.
- Parecieron en la mesa cinco pasteles de a cuatro, y tomando un hisopo, después de haber quitado las hojaldres, dijeron un responso todos, con su requiem aeternam, por el ánima del difunto cuyas eran aquellas carnes.
- Dedicóse a criar a sus hijos, es decir, a los hijos de su segundo matrimonio, pues el pobre Juanito siempre había sido tratado con falso cariño, con un desvío encubierto, como si doña Manuela quisiera vengar en el pobre chico el haber sido poseída por su difunto padre.
- Pero lo que daba cierto aspecto grandioso al gabinete era el retrato del difunto esposo de doña Lupe, colgado en el sitio presidencial, un cuadrángano al óleo, perverso, que representaba a Don Pedro Manuel de Jáuregui, alias el de los Pavos, vestido de comandante de la Milicia Nacional, con su morrión en una mano y en otra el bastón de mando.
- En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María), prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase al frente del establecimiento.