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Ejemplos de oraciones con la palabra dignidad

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra dignidad en el contexto de una oración.

Término dignidad: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "dignidad" aquí tienes una selección de 77 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra dignidad para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Quería decir dignidad.
  • Tenía cierta dignidad.
  • La dignidad por delante.
  • La dignidad, hija, es antes que todo.
  • Vamos al decir, amor propio ni dignidad.
  • La dignidad siempre por delante, compañera.
  • La dignidad, hija, la dignidad es lo primero.
  • ¡Qué gente! El pueblo no conoce la dignidad.
  • Su actitud revelaba tanta dignidad como inocencia.
  • Que era dignidad! ¡Siempre el enemigo triunfante!
  • Aunque arruinada, no por esto había perdido su dignidad.
  • ¡Yo! exclamó ella con el acento de la dignidad ofendida.
  • Antes no quería pecar por dignidad, por gratitud, porque.
  • Pero no, esto no hubiera sido muy conforme con la dignidad.
  • Acudir a ellas era contaminarse, perder la propia dignidad.
  • En cierta clase de faltas, la dignidad consiste en no cometerlas.
  • Rafaelito y él eran los depositarios de la dignidad de la familia.
  • El Arcipreste renunciaba a la Regenta, ¿pues qué dignidad seguía?
  • Doña Manuela podía parecerle en ciertos momentos falta de dignidad.
  • Si tú hubieras tenido tanto así de dignidad, me habrías pegado un tiro.
  • Ella había acudido ya a los procedimientos más penosos para su dignidad.
  • Asociando el deber a la dignidad, y haciendo de la disciplina una religión.
  • Pero a Fortunata la ganó de súbito el decoro, y tuvo un rechazo de honor y dignidad.
  • Creía pertenecerle por razón de su dignidad el honor de confesar a doña Ana Ozores.
  • Un día le embargaron todo, y Estupiñá salió de la tienda con tanta pena como dignidad.
  • Lo que en Ugarte era dignidad vidriosa, en Tiboulen era patriotismo y odio a los ingleses.
  • Pero estaba descontento, no sólo por lo mezquino del sueldo, sino por razones de dignidad.
  • Agobiada por las deudas, esperaba la caída, pero no tan honda y lastimosa para su dignidad.
  • Vinculete solía sostener los fueros de su dignidad, y entonces gritaba el del Ayuntamiento.
  • Pero en todo aquello que se relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro.
  • Maximiliano buscaba una fórmula para pedirle perdón sin menoscabo de su dignidad de señorito.
  • Suelta la sin hueso y juzga precipitadamente, y emplea vocablos y alusiones impropias de una dignidad.
  • También duquesas, princesas y hasta reinas se habían visto en la miseria, arrostrándola con dignidad.
  • Y al propio tiempo sentía en sí una luz nueva, algo como un sacudimiento, el choque de la dignidad que entraba.
  • Pero de cintura arriba mostrábase el señorío, la dignidad del sacerdote de la instrucción, como él afirmaba.
  • Las demás figuras de la cena eran vulgares, su embriaguez no tenía dignidad, ni gracia la libertad de sus posturas.
  • Pero creyendo que su dignidad le ordenaba seguir muy colérica, dijo todas las palabras necesarias para mostrarlo, por ejemplo.
  • Él sólo era el hijo de Melchor Peña, con toda la inocencia, la hombría de bien, la ruda dignidad del montañés de Aragón.
  • Cuando posaba para la hora del coro así se decía Bismarck sentía en sí algo de la dignidad y la responsabilidad de un reloj.
  • Firme como militar, sereno como hombre, sin pronunciar una queja, ni acusar a nadie, con tanta dignidad en la muerte como en la vida.
  • La dignidad natural, que era como su propia envoltura, escudo impalpable que la resguardaba hasta contra las osadías del pensamiento.
  • ¡Dios mío! ¡qué gente aquélla! ¿Y era su hermana la joven que permanecía tranquila ante suposiciones ofensivas para su dignidad?
  • él, celoso y sombrío, no quiso pedir explicaciones ni reconocer su culpa, considerando este reconocimiento como un agravio a su dignidad.
  • El pariente del ministro, más fino, más delgado, pero muy largo también, y don Fermín, el más elegante y poco menos alto que la dignidad.
  • Aquel noble esposo a quien debía la dignidad y la independencia de su vida, bien merecía la abnegación constante a que ella estaba resuelta.
  • Se le llevaron en burlesca procesión, él delante, aislado por su propio tizne, y ya con la dignidad tan por los suelos, que empezaba a dar jipíos.
  • Yo caminando a la cocina, lloroso y avergonzado, después de arriada la bandera de mi dignidad, y sin pensar en defenderme contra tan superior enemigo.
  • Tiempo había para proteger a la niña, sin menoscabo de la dignidad, si, como era de presumir, la conducta loca de su padre le arrastraba a la pobreza.
  • La dignidad de su pasión había hecho del niño un hombre, y como el plebeyo que se ennoblece, miraba a su antiguo autócrata con respeto, pero sin miedo.
  • La nariz larga, recta, sin corrección ni dignidad, también era sobrada de carne hacia el extremo y se inclinaba como árbol bajo el peso de excesivo fruto.
  • Lo que Amalia me ha dicho afirmó Jacinta con súbita ira, llena de dignidad, poniéndose en pie y afianzando con un gesto admirable su aseveración, es verdad.
  • Lo primero que tienes que hacer es sostener el orden público, quiero decir la paz del matrimonio, respetar a tu marido y no consentir que pierda su dignidad de tal.
  • Aquella misma mañana, cuando estaban almorzando, tuvo ya ocasión, con tanto regocijo en el alma como dignidad en el semblante, de empezar a aplicar sus enseñanzas.
  • Y sin perder un ápice de su dignidad, de su gravedad ni de su gracia, subió como una ardilla al travesaño más alto, mientras el manteo flotaba ondulante a su espalda.
  • Aquel hato de bribones se contentaría con explotar al señorito y a la casa, con hacer rancho de ella, con mandar anulando en su dignidad y poderío doméstico a la señorita.
  • Con que aquí hace cada cual lo que le da la gana, sin tener en cuenta las leyes divinas ni humanas, y haciendo mangas y capirotes de la religión, de la dignidad de la familia.
  • Los dos amigos se habían encerrado en la secretaría del Casino, a ruegos del ex regente, que quería ver, sin ser visto, lo que él llamaba la subida al Calvario de su dignidad.
  • Pero había que quedar con dignidad, sostener la honra de la casa, ahora que las niñas iban siendo casaderas, y esto, ¡ay, Juanito mío! esto exigía grandes apuros y no menores sacrificios.
  • Consideraba la risa como un acto impropio de la dignidad humana, y habíala desterrado casi en absoluto de su cara, tomando por modelo una página del Nomenclátor o de la Memoria de la Deuda Pública.
  • Juanito pensaba ir en su busca como en otros tiempos, pues sus consejos eran como un baño de dignidad y rígida honradez, que le hacían resistir mejor la atmósfera de putrefacción moral de su casa.
  • El mozo le saludaba en el momento de dar un restregón con el paño a la mesa, y él, contestando con cierta dignidad, frotábase las manos, se acomodaba bien en el asiento, conservando la capa sobre los hombros.
  • Todas sus coyunturas funcionaban con trabajo, cual si estuvieran mohosas, y el pelo se le había hecho tan ralo, que su cabeza ofrecía una de esas calvas sin dignidad que suelen verse en jóvenes de poca y mala sangre.
  • Frígilis, sereno, por dignidad, pero temiendo una casualidad, la de que Mesía tuviera valor para disparar y, por casualidad también, herir a Víctor, Frígilis apretó la mano a Quintanar al dejarle en su puesto de honor.
  • Pero no se había atrevido a comunicar sus aprensiones a ningún superior, obedeciendo a un criterio, merced al cual había desempeñado treinta años seguidos con dignidad y prestigio sus funciones complejas de aseo y vigilancia.
  • Ustedes podrán creer lo que les acomode repetía el escritor de Hacienda, intentando elevar su dignidad de noticiero sobre la chacota de sus amigos, pero lo que yo sostengo es que antes de un mes está el Príncipe Alfonso en el trono.
  • Ramonciño Limioso contaría a la sazón poco más de veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto burlesca para quien por primera vez lo veía.
  • Tan complaciente era, que para entretener al sobrino no vacilaba en despojarse de su dignidad profesional, y las criadas oían sonar en el salón una guitarra y la voz de don Rafael cantando las cancioncillas de sus buenos tiempos de estudiante.
  • Varias veces noté que al subir una escalera delante de mí, cuidaba de no mostrar ni una línea ni una pulgada más arriba de su hermoso tobillo, y este sistema de fraudulenta ocultación era una ofensa a la dignidad de aquel cuyos ojos habían visto algo más arriba.
  • Doña Lupe también parecía indignada, aunque si se hubiera ido a examinar bien el interior de la digna señora, se habría visto que en medio del enojo que su dignidad le imponía, nacía tímidamente un sentimiento extraño de regocijo por aquella misma independencia de su sobrino.
  • Lo que sabía a ciencia cierta era que en don Fermín estaba la salvación, la promesa de una vida virtuosa sin aburrimiento, llena de ocupaciones nobles, poéticas, que exigían esfuerzos, sacrificios, pero que por lo mismo daban dignidad y grandeza a la existencia muerta, animal, insoportable que Vetusta la ofreciera hasta el día.
  • No obstante, cuando Maximiliano le dijo que ya tenía elegida la casita que iba a alquilar y le consultó acerca de los muebles que compraría, aquella presunción o sentimiento de su hogar honrado despertó en el ánimo de Fortunata la dignidad de la nueva vida, se sintió impulsada hacia aquel hombre que la redimía y la regeneraba.
  • Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
  • Jacinta y su suegra cogieron por su cuenta al Delfín, y le pusieron en duro compromiso, refiriéndole lo ocurrido, mostrándole la carta redactada por Estupiñá y obligándole (con lastimoso desdoro de su dignidad) a manifestarse sinceramente consternado, pues el caso no era para puesto en solfa, ni para rehuido con cuatro frases y un pensamiento ingenioso.
  • ¡Qué faltos estamos, amigo Don José María dijo mi amo, de un buen hombre de Estado a la altura de las circunstancias, un hombre que no nos entrometa en guerras inútiles y mantenga incólume la dignidad de la Corona! Pues cuando yo estuve en Madrid el año último prosiguió el embustero, me hicieron proposiciones para desempeñar la Secretaría de Estado.
  • ¡Miren el todo trapos, como muñeca de niños, más triste que pastelería en Cuaresma, con más agujeros que una flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y más puntos que un libro de música (decía un estudiantón de estos de la capacha, gorronazo), que hay hombre en la sopa del bendito santo que puede ser obispo o otra cualquier dignidad, y se afrenta un don Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por Sigüenza!
  • Ante la mesa y sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro la persona más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del gentío en la misa, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la ilustre casa de Ulloa.
  • Pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que ella si fuese señora no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su dictamen?