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Ejemplos de oraciones con la palabra digno

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra digno en el contexto de una oración.

Término digno: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "digno" aquí tienes una selección de 92 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra digno para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Era digno de la despensa.
  • Juan Pablo no se dignó contestar.
  • Era el único novio digno de ella.
  • Pero De Pas era digno de compasión.
  • Esto era algo, esto era digno de ella.
  • Guimarán se dignó prestar atención.
  • Nada ocurrió en la cena digno de contarse.
  • El tronco de caballos negros era digno del rey.
  • Don Blas era para Andrés un caso digno de estudio.
  • Equivocado, equivocado de medio a medio, pero digno.
  • Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado.
  • Era preciso que me hiciera digno de fijar su atención.
  • Causa de la muerte del digno magistrado! Sería indigno.
  • Al fin Plácido se dignó entrar por el pasillo adelante.
  • Era hombre rico y orgulloso, que se creía digno de todo.
  • Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo.
  • Quien no sabe despreciar, no es digno de los goces del amor.
  • El mes de Mayo fue digno de su nombre aquel año en Vetusta.
  • Yo no soy digno de ser su confidente, su director espiritual.
  • Todo lo que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia.
  • Pichía, digno compinche de Tellagorri, le servía de contraste.
  • Sí, es un consejo digno de un accionista del Banco repuso Andrés.
  • ¡Ah! debía confesar que el juego de cama era digno de una princesa.
  • No pudo menos de observar que el digno esposo de su tía era horrendo.
  • Dispénseme usted, señora, y dispense este digno sacerdote católico.
  • Con una espada lo mataría, aquello era más noble, más digno de él.
  • Una vida arreglada, gastando conforme a la renta, es lo decente y lo digno.
  • Este fuego, ¿no podrá arder para un afecto más alto, más digno del alma?
  • ¡Venganza! ¡venganza! se dijo o soy un miserable, un ser digno de desprecio.
  • Eso no me parece digno de una mujer como usted, que tiene un fondo de justicia.
  • Pero él iba a ser un asesino, digno de disculpa, todo lo que se quiera, pero asesino.
  • Visitar a la tal no le parecía digno, habiendo hecho tantos aspavientos en contra suya.
  • Así le parecía digno de Baltasar aquel vulgarísimo aparato de restaurant provinciano.
  • Un hombre que gasta monóculo es, desde luego, digno de la consideración más profunda.
  • ¿Sería algo nuevo, algo digno de ser amado aquello que el Magistral le había prometido?
  • Señor Marqués declaró Aparisi picado de rivalidad, el pueblo español es un pueblo digno.
  • Iii En los primeros días que sucedieron a este gran suceso, nada ocurrió digno de contarse.
  • ¡Calle usted, señora! yo no soy digno de que la majestad de su secreto entre en mi pobre morada.
  • Sí, él era como un eunuco enamorado, un objeto digno de risa, una cosa repugnante de puro ridícula.
  • Julio Aracil sentía un gran entusiasmo por Casares, a quien consideraba como un compadre digno de él.
  • Se preparó a la defensa, y procuró tomar un continente digno de un libre pensador convencido y prudentísimo.
  • ¡Encanto, cielo, cielito, monadita mía, ríete, ríete! Por entonces la sonrisa no se dignó presentarse más.
  • Era lo único que al capitán Bedoya le parecía digno de respeto en aquel museo de trampas, según su expresión.
  • ¡Oh! ¡sí! aquella tentación fuerte, prometiendo encantos, placeres desconocidos, era un enemigo digno de ella.
  • Pero el palurdo, inmóvil y con las manos metidas en la faja, no se dignó reparar en la ferocidad agresiva del avaro.
  • Ahora búsquela usted sin h exclamó don Frutos, ya muy serio, queriendo tomar un continente digno en el momento de la victoria.
  • Hasta algo imprudente, él que era la prudencia misma, y sólo por esto digno de que ella no se irritara contra su infame intento.
  • ¡aquello no era digno de ella! Para don Víctor había que guardar el cuerpo, pero al Magistral ¿no había que reservarle el alma?
  • Lástima es dije yo, que estos hombres no hayan tenido un jefe digno de su valor, ya que no se les encargó del mando de la escuadra.
  • Una cena que fuese digno final de la hazaña, pues en la misma noche seguramente quedaría terminada la apuesta venciendo al otro hermano.
  • Y entre Kempis y la Regenta, y el calor que empezaba a molestarle, y la prohibición de los baños le quitaron el humor al digno magistrado.
  • Y al soltar aquel sonido, digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las escaleras abajo, que parecía rodar por ellas.
  • Quien está arriba es don Antero, el cura de la parroquia, el pobre es un bendito, un fanático digno de lástima y cree cumplir con su deber.
  • Esto lo supieron poco después los médicos, en la casa nueva del Vivero, adonde se trasladó, como se pudo, el cuerpo inerte del digno magistrado.
  • La Justicia le obligaba a reconocer que el actual obispo de Vetusta, don Fortunato Camoirán, era una persona respetable, un varón virtuoso, digno.
  • Un caserón antiguo, espacioso y destartalado, como aún quedan muchos en la monumental Compostela, digno hermano urbano de los rurales Pazos de Ulloa.
  • Hoy debe estar el mar digno de verse me dije a mí mismo, y aunque todavía no había aclarado, me vestí, me puse el impermeable y me eché a la calle.
  • Pero añado, será pecado claramente si no se aplica toda esa energía de su alma ardentísima a un objeto digno de ella, digno de una mujer honrada, Ana.
  • Tal vez, aunque no era seguro, ni mucho menos, entre aquellos hombres que la admiraban de lejos, devorándola con los ojos, habría alguno digno de ser querido.
  • La puerta de los Apóstoles, vieja, rojiza, carcomida por los siglos, extendiendo sus roídas bellezas á la luz del sol, formaba un fondo digno del antiguo tribunal.
  • Y pensaba además que su madre al meterle por la cabeza una sotana le había hecho tan desgraciado, tan miserable, que él era en el mundo lo único digno de lástima.
  • Lo que a veces creemos absurdo, señor Azorín, ¡qué natural es en el hondo proceso de las cosas! Sí piensa Azorín, en el mundo todo es digno de estudio y de respeto.
  • El marido ha mirado siempre a su mujer como una criatura sagrada, y Barbarita ha visto siempre en su esposo el hombre más completo y digno de ser amado que en el mundo existe.
  • No pudiendo dar a su amigo los golpecitos en el hombro, con que solía saludarle, los aplicó a las ancas del caballo, que se dignó a mirar volviendo un poco la cabeza al humilde infante.
  • Entre tanto, Ana pensaba que tal vez no había entre aquella muchedumbre que admiraba su hermosura otro más digno de poseerla que aquel don Víctor, a pesar de sus cuarenta y pico, pico misterioso.
  • El más digno de consideración, entre los abonados al gabinete de lectura, era un caballero apoplético, que había llevado granos a Inglaterra y se creía en la obligación de leer la prensa extranjera.
  • Pero no, usted desconfía de mí, no me cree digno de su dirección espiritual, y para satisfacer esas ansias de amor ideal que siente, tal vez ya busca en el mundo quien la comprenda y pueda ser su confidente.
  • Dos veces había estado en la tienda buscando al principal, y se dignó hablar con Juanito afectuosamente, como si fuese uno de la clase, enterándose con benevolencia paternal de sus proyectos para el porvenir.
  • Había algunos beethovenianos que no querían aceptar a Wagner, no ya como el Mesías, ni aun siquiera como un continuador digno de sus antecesores, y no hablaban más que de la quinta y de la novena, en éxtasis.
  • Después del Presidente del Casino ningún ser de la tierra le parecía más digno de adoración que su dócil Ana, su Ana frenética de amor, como él había esperado siempre aun en los días de mayor apartamiento.
  • Todo era falso, frío, necio, en aquel papel escrito por un egoísta incapaz de amar de veras a los demás, y no menos inepto para saber ser digno en las circunstancias en que la suerte y sus crímenes le habían puesto.
  • Aquel viernes memorable, Mourelo se presentó en el púlpito sonriente, como solía (ocho días antes se había desacreditado el Obispo), saludó al altar, saludó a la Audiencia y se dignó saludar al católico auditorio.
  • Nelet era un retoño digno de tal árbol, pues en el rostro pecoso, mofletudo y de tirante piel que mostraba la tía Quica bajo su pañuelo de hierbas notábase la misma brutalidad jocosa y resuelta de su rústico vástago.
  • Y entonces tendrá que ver que al digno comerciante don Juan Peña, cuando suba a almorzar, se le cuelguen de los brazos unos cuantos angelitos cabezudos, de hinchados mofletes, y no le dejen tragar bocado con tranquilidad.
  • El gran Rossini no se dignó volver hacia ella su perfil de cotorra, y refunfuñando algo que la nueva inquilina no pudo entender, siguió por la escalera abajo, haciendo sonar con desusado estrépito los peldaños de piedra.
  • Y la rumbosa viuda pensaba ya con placer en el brillante aspecto que presentaría su salón, bailando las niñas y sus amiguitas, mientras las mamas pasarían al comedor a tomar un chocolate digno del esplendor de la familia.
  • Pero será preciso obedecer, conforme a la ciega sumisión de la Corte de Madrid, y poner barcos y marinos a merced de los planes de Bonaparte, que no nos ha dado en cambio de esta esclavitud un jefe digno de tantos sacrificios.
  • ¡Maldita sea mi suerte! El cesante más digno de conmiseración es aquel que sólo pide unos cuantos días más de empleo para poder reclinar sobre la almohada de las Clases Pasivas una frente cargada de años, de sustos y de servicios.
  • Maissonnave lo tomó como una ofensa personal, y me desafió, ¡a mí, que, como el don Diego de Flor de un día, mataba las golondrinas con bala y era digno rival en esgrima de mi maestro valenciano don Juan Rives! Pero mis creencias religiosas no me permitían batirme.
  • Sofá que pudiera llamarse tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo, maestro en la ciencia del mal saber.
  • Pero ¡cuánto mejor se hubiera abierto su espíritu a estas grandezas religiosas en un escenario más digno de tan sublime poesía! ¡Cuán difícil era admirar la creación para elevarse a la idea del Creador, en aquella Encimada taciturna, calada de humedad hasta los huesos de piedra y madera carcomida.
  • Por fin, después de prometer de nuevo disimular, ocultar su dolor, su ira, lo que fuera, pero sólo por aquella noche, llamó el digno regente jubilado con el mismo aldabonazo enérgico y conciso con que hacía retumbar el patio, cuando la casa era honrada y el jefe de familia respetado y tal vez querido.
  • Mientras Quintanar duerme la siesta (costumbre nueva) y ronca (achaque antiguo y digno de respeto) yo abro la ventana y oigo el rumor de la lluvia sobre las hojas y el ruido de las alas de las palomas que se esponjan sobre los tejadillos de su palomar cuadrado, entrando y saliendo por las ventanas angostas.
  • Era lo peor porque el Magistral, que conocía las exaltadas ideas de don Víctor respecto al honor, temía que obedeciendo a impulsos disculpables, pero no justos, y sordo a la voz de la religión, se arrojase a tomar venganza terrible, sobre todo de don Álvaro, cuyo crimen no podía ser más repugnante y digno de castigo.
  • Figúrense ustedes cuál sería mi estupor, ¡qué digo estupor!, mi entusiasmo, mi enajenación, cuando me vi cerca del Santísima Trinidad, el mayor barco del mundo, aquel alcázar de madera, que visto de lejos se representaba en mi imaginación como una fábrica portentosa, sobrenatural, único monstruo digno de la majestad de los mares.
  • Recordó todo lo que se habían dicho y que había hablado como con nadie en el mundo con aquel hombre que le había halagado el oído y el alma con palabras de esperanza y consuelo, con promesas de luz y de poesía, de vida importante, empleada en algo bueno, grande y digno de lo que ella sentía dentro de sí, como siendo el fondo del alma.
  • Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
  • Cansada de su inútil escrutinio y guardando las llaves, que formaban apretado racimo, digno del arsenal de una compañía de ladrones, doña Lupe se sentó a meditar, y poniéndose una mano sobre el pecho de algodón y acariciándoselo, se rascó con los dedos de la otra la frente, allí donde principia el cabello, como quien estimula la generación de una idea, y dijo.
  • ¡Si apenas podía mantenerse sentado sobre la tabla dura! Pero esta delicia de la vanidad satisfecha no tenía que ver con su propósito firme de buscar en Ana, en vez de grosero hartazgo de los sentidos, empleo digno de la gran actividad de su corazón, de su voluntad que se destruía ocupándose con asunto tan miserable como era aquella lucha con los vetustenses indómitos.
  • Aquellas tristes, sucias y estrechas plazas y calles tendrían, como ahora, aspecto feo, pero las llenaría la poesía del tiempo, y las fachadas ennegrecidas por la humedad, las rejas de hierro, los soportales sombríos, las tinieblas de las rinconadas en las noches sin luna, el fanatismo de los habitantes, las venganzas de vecindad, todo sería dramático, digno del verso de un Zorrilla.
  • Vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
  • Soraberri recomendó eficazmente a su amigo Tellagorri que no hiciera nunca juicios aventurados y temerarios, y con este motivo comenzó a contar una historia, precisamente ocurrida en Oñate, pero al ir a especificar los que habían intervenido en su historia, se le olvidó la especie, y lo sintió, verdaderamente lo sintió, porque, según dijo, tenía la seguridad de que el hecho era sumamente interesante y, además, muy digno de mención.