Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra diría

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra diría en el contexto de una oración.

Término diría: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "diría" aquí tienes una selección de 86 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra diría para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y diría.
  • Se diría.
  • Le diría.
  • Ello diría.
  • Yo le diría.
  • ¿Qué diría?
  • ¿Qué le diría?
  • Oh, no lo diría.
  • ¡Quién lo diría.
  • ¿Quién lo diría?
  • ¿Quién lo diría?
  • ¡Quién lo diría!
  • En fin, ello diría.
  • ¿Pero qué diría yo?
  • ¡Qué diría la gente!
  • ¿qué diría la gente?
  • Con qué cara le diría.
  • Si Tolstoi le oyera, le diría.
  • Somoza le diría de fijo que sí.
  • Cosas de hombres, que diría Tula.
  • Yo lo diría exclamaba la Marquesa.
  • Él le diría que pasaba a tal hora.
  • ¿Le diría que su mujer era una joya?
  • Yo le diría que no contestó Iturrioz.
  • ¡Quién lo diría! ¡Qué transiciones!
  • ¡Qué compromiso! ¿Y qué le diría yo?
  • Pero ¡Dios mío! ¡qué diría la gente.
  • ¿Qué diría Carraspique, qué diría Páez?
  • Ello diría, ello diría y no había de tardar.
  • ¡Y quién lo diría! Volvió mejor de lo que fue.
  • Quién diría que en medio de la calle podía uno.
  • Pero sí que le diría mil cosas amargas y violentas.
  • ¡qué bonito! Bueno, ¿y qué diría a esto la Tía?
  • Tembló de pensar lo que diría Severiana si se enteraba.
  • Se diría que el convento de las Salesas era un matadero.
  • Creo que si no estuviera presente la polla, le diría algo.
  • ¿Qué diría don Eugenio, que es la honradez personificada?
  • Aquel era el sujeto del sacrificio, como diría don Cayetano.
  • Con razón se diría que salí de un soto para meterme en otro.
  • ¿pero qué diría la familia al verla hecha un mar de lágrimas?
  • No hay que encarecer las blasfemias y oprobios que diría contra mí.
  • Aquella amistad de Germán había sido un pecado, ¿quién lo diría?
  • Yo no sé si diría Jesús mil veces pero de que caería estoy seguro.
  • Casi podía anunciarse lo que cada cual iba a decir y cuándo lo diría.
  • Decía la misa con el alma elevada, como la diría en tiempos de martirio.
  • Diría que no se debe jugar con las cosas santas y que sois unos chiquillos.
  • Pues si no fuera porque el lance es bastante triste, te diría que te rieras.
  • Tal vez más adelante ella no diría que no, cuando se reanudasen las amistades.
  • ¡Qué diría la alta sociedad, y la pequeña sociedad también, y la burguesía!
  • Después diría que era un huerfanito abandonado en las calles, recogido por ella.
  • Mas no tuvo sosiego en ella, ni cesó de pensar en lo que su hermano diría y haría.
  • Pero qué le diría, o le podría decir Quintanar al Magistral, que él no comprendiera.
  • Juanito ya no sentía miedo al pensar lo que diría la mamá cuando conociese sus amores.
  • ¡Qué diría Petra para sus adentros! ¿Qué marido era aquel que cazaba con trampa a su esposa?
  • Sí, todas estas sandeces le diría con la elocuencia que ya se le ocurriría a su debido tiempo.
  • Una zagalona tenía en la cabeza toquilla roja con agujeros, o con orificios, como diría Aparisi.
  • No tenía ella cariz de volverse santa en toda la extensión de la palabra, como diría doña Lupe.
  • No le diría a usted nada de particular indicó la santa muy asustada, quitando gravedad al asunto.
  • ¡La Regenta! ¡La Regenta! ¡Quién lo diría! ¡Pobre Magistral! ¡Y qué hermosa! ¡Pero qué sencilla!
  • ¿Qué diría la gente, qué los amigos, qué los mocosos, más jóvenes que él, que le tomaban por modelo?
  • Comprendía que en aquel momento diría todo lo que le sugiriese la pasión exaltada, el amor propio herido.
  • ¿Qué diría Guillermina, la obispa, empeñada en convertir a la gente y en ver la que peca y la que no peca?
  • Si usted fuera uno de esos bárbaros de cabeza redonda como mi padre, por ejemplo, yo no le diría a usted nada.
  • Y para no estorbar al grande hombre, huyó, trémulo por la noticia, pensando en sus hijos y en lo que diría su mujer.
  • Se diría que eran tapiceros de la enramada que adornaban los salones del Paseo Grande para las fiestas de la primavera.
  • Y que si no me valiese, diría que como se entraron sin llamar a la puerta como en su casa, que entendí que eran nuestros.
  • ¡Qué de cosas la diría ahora que ella no había sabido comprender cuando la leyera distraída, por máquina y sin gusto!
  • ¡Qué diría doña Guillermina si no volvían! Negose Fortunata no sé con qué pretexto, a ir allá, y fue sola doña Lupe.
  • ¡Qué diría Visita, qué diría Obdulia, qué diría Ronzal, qué diría el mundo entero! Dirían que un cura le había derrotado.
  • Pero al volver a casa, Juanito sentíase trémulo e inquieto pensando en lo que diría su mamá, tan amante del prestigio de la familia.
  • Pero antes de exponerse a otra pregunta inopinada, como diría Mourelo, se despidió de aquellos señores asegurando que tenía que hacer en Palacio.
  • No tenía nada que ver en la muerte de su mujer, y aunque le condenaran por decir que no y le salvaran por decir que sí, diría que no, porque esa era la verdad.
  • Pero a solas, don Álvaro se mesaba los rubios y finos cabellos ¡quién lo diría! se llamaba animal, bestia, bruto, como si no fuera todo lo mismo, y se decía.
  • ¡Dios mío! ¡Qué cosas le diría aquel bruto de las dos estrellas, para tenerla tan embobada lejos del balcón, a pesar de la música y de lo animada que estaba la plaza.
  • ¡Y he de morirme sin tener ese gusto! ¡Bonito gusto, hombre de Dios! ¡Ver cómo se matan esos locos! Si el Rey de las Españas me hiciera caso, mandaría a paseo a los ingleses y les diría.
  • Pero a pesar de estas profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.
  • El capataz, que era de estos irlandeses que tienen un odio furioso a Inglaterra, nos prometió que no sólo no diría nada, sino que si veía algún espía en la finca lo zambulliría en el estanque.
  • Sobre esto le diría algo sustancioso aquel sagaz conocedor del corazón humano y del mundo, porque ella se devanaba los sesos y no podía dar con la razón de que la mona le trastornase su espíritu.
  • ¡Él, el Vicario general de la diócesis! ¡Oh, sí! volvería a casa, se impondría a su madre, le diría que era indecoroso insistir en sospechar, procurar disimulos, borrar apariencias, ¿para qué?
  • Vamos, que sentía de veras no estuviese delante de él en el sillón de hule la propia viuda de Jáuregui en imagen corpórea, porque de fijo le diría lo mismo que estaba diciendo ante su imagen figurada y supuesta.
  • Había momentos en que la sombra de la señorita de Ozores tenía tres cabezas en la pared y tres o cuatro en el techo, y se diría que de todas ellas salían gritos y alaridos, según lo que vociferaba doña Anuncia sola.
  • ¡Y pensar que en casa se pasaban tantos apuros para sostener aquel lujo! ¡Quién lo diría viéndolas tan elegantes y risueñas, especialmente la mamá, que lucía brillantes en pecho, orejas y manos, y que antes quería pasar hambre que deshacerse de ellos.
  • Y al día siguiente, en un rato que le dejó libre la botica, tomó el camino de la calle de Tabernillas, más muerto que vivo, pensando en lo que diría y lo que callaría, con la penita muy acentuada en la boca del estómago, lo mismo que cuando iba a examinarse.
  • Parece que allá dentro se lamenta el amor siempre callado y en prisiones ¡qué sé yo! ¡Suspira de un modo, da unos abrazos a las almohadas! ¡Y se encoge con una pereza! Cualquiera diría que en los ataques tiene pesadillas, y que rabia de celos o se muere de amor.
  • Nadie diría que el hombre que de este modo razonaba, con arte tan sutil y paradójico, era el mismo que noches antes, bajo la influencia de una bebida espirituosa, había vaciado toda su alma con esa sinceridad brutal y disparada que sólo puede compararse al vómito físico, producido por un emético muy fuerte.
  • ¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí un cocinero francés empeñado en redactar un menú, en reducirse a cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas también.