Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "discreta" aquí tienes una selección de 28 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra discreta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- De la galantería sincera y discreta.
- ¿No dices que la Regenta es tan discreta?
- Reinaba una especie de discreta alegría contenida.
- Fue discreta, suavemente irónica, no quería decir.
- Y ellos dentro, buscando la soledad y la discreta penumbra.
- Dominaba él a su borrachera, morigerada, señoril, discreta.
- Picardía discreta y mañosa fue la practicada en Cebre mismo.
- Honra habladora, así con la espada como con la discreta lengua.
- Reíme entre mí, y aunque mochacho noté mucho la discreta consideración del ciego.
- Era solícita, discreta, y fingía humildad, virtud, la más difícil en su concepto.
- Convenía que Fortunata tuviese una criada fiel, discreta y de cierta responsabilidad.
- En tanto, el salón amarillo estaba en una discreta obscuridad, si había pocos tertulios.
- Caritativa y discreta, pero con el más arisco y endemoniado genio que he conocido en mi vida.
- Por discreta y prudente que sea una mujer, y tú lo eres mucho, siempre alborota algo en tales casos.
- Sabía que la mujer devota, cuando no es muy discreta, al confesarse delata flaquezas de todos los suyos.
- Y sonreían con discreta y apenas dibujada malicia al decir que era un misterio la conducta del Magistral.
- ¡Y él no se había sacado nada! Sobre esto habló Barbarita a su marido con toda la gravedad discreta que el caso requería.
- Allí pasan revista en una conversación discreta y apacible a las cosas del día, unas veces, y otras evocan recuerdos de la juventud pasada.
- Poco a poco iban siendo menos los ratos de extravío, y se pasaba largas horas completamente despejado y tratando de cualquier asunto con discreta naturalidad.
- Mas era tan discreta y delicada, que no se atrevía a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas las demás señoras habían de tener celos de ella.
- Le lloró por muerto con verdadera efusión de hija desconsolada, y se aterraba de la orfandad en que iba a quedar cuando más necesitaba de una persona sesuda y discreta que la dirigiera.
- Abrió el balcón de un puñetazo y el aire frío y húmedo le trajo la idea lejana de la realidad, y oyó la tos discreta de Petra, que aguardaba allí, detrás, clavándole los ojos en la nuca.
- Y en tanto el ex regente, a quien aquellas sombras del salón y aquella discreta luz del farol de enfrente y del cuarto de luna parecían muy a propósito para confesar sus picardías eróticas, continuaba el relato, para decir de cuando en cuando, a manera de estribillo.
- Encontraba el Arcediano, sin haber leído a Darwin, cierta misteriosa y acaso cabalística relación entre aquella manera de F que figuraba su cuerpo y la sagacidad, la astucia, el disimulo, la malicia discreta y hasta el maquiavelismo canónico que era lo que más le importaba.
- Los hábitos negros, la discreta media luz que filtraba al través de los cortinajes de los balcones, esfumando los adornos de la antesala en una dulce penumbra, y la calma discreta que reinaba en toda la casa, daban a ésta un ambiente conventual de profunda paz, dulce y atractivo.
- Al día siguiente, cuando fueron a la catedral, ya bastante tarde, sabía Jacinta una porción de expresiones cariñosas y de íntima confianza de amor que hasta entonces no había pronunciado nunca, como no fuera en la vaguedad discreta del pensamiento que recela descubrirse a sí mismo.
- Después acercaba el vaso, poniendo a la derecha, a la discreta distancia a que se pone el tintero para escribir, el platillo del azúcar, y luego atendía a la operación de verter en el vaso la leche y el café, poniendo mucho cuidado en que las proporciones de ambos líquidos fueran convenientes y en que el vaso se llenara sin rebosar.
- Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y gárrulo de las despedidas y preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince años al frisar con los treinta.