Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra discretamente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra discretamente en el contexto de una oración.

Término discretamente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "discretamente" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra discretamente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La visita de Jacinta fue omitida discretamente.
  • Y discretamente, se levantó y volvió a sus paseos.
  • El otro restriega discretamente su trompa sobre mis pantalones.
  • Volvió pies atrás, desanduvo todos los pasillos y discretamente llamó a una puerta.
  • Petra, mientras hablaron el Magistral y Ana, se había separado discretamente dos pasos.
  • Era el tal aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retiró discretamente.
  • La de Páez y la del barón al pasar cerca una de otra se sonreían discretamente, como diciendo.
  • En esas persianas que se mueven discretamente cuando se oyen resonar pasos en la calleja desierta.
  • Y yo también dijo Maxi, con la mayor buena fe, observando que aquel hombre razonaba discretamente.
  • Devoraba unas cuantas docenas, y en seguida se levantaba, y discretamente desaparecía del comedor.
  • Al despertar, cerca de las diez, vio a su lado a Petra, la doncella rubia y taimada, que sonreía discretamente.
  • Teresina quedó a solas con su amo y mientras le servía agua dejando caer el chorro desde muy alto, suspiró discretamente.
  • Y sobre las puertas de los cuartos, el artista, aludiendo discretamente al establecimiento, había pintado asombrosos bodegones.
  • Cuando se les reprocha discretamente su incuria a estos labriegos, se encogen de hombros y contestan que así se ha hecho toda la vida.
  • Pepa y Rosa y las demás criadas sonreían discretamente, sin atreverse a tomar parte en el desorden, pero un poco menos disciplinadas que al empezar la comida.
  • Muchas veces, en las casas donde era recibido como amigo de confianza, escuchaba en silencio las reyertas de familia, con los ojos discretamente clavados en el suelo.
  • Entre aquellos cuadros había una copia bastante fiel y muy discretamente comprendida del célebre cuadro de Murillo San Juan de Dios, del Hospital de incurables de Sevilla.
  • Petra, temblando de frío, con los brazos cruzados, unos blanquísimos brazos bien torneados, se retiró discretamente, pero se quedó en la sala contigua esperando órdenes.
  • No le imitaba en el vestir, ni en las maneras, porque discretamente, al notar algunos conatos de ello, don Álvaro le había hecho comprender que tales imitaciones eran ridículas y cursis.
  • La gente parábase entre asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase discretamente entre el gentío.
  • Observó Maxi en los días sucesivos que cada hilada de ladrillos iba tapando discretamente aquella interesante parte de la interioridad monjil, como la ropa que se extiende para velar las carnes descubiertas.
  • Los eucaliptus de Frígilis inclinando leve y majestuosamente su copa, se acercaban unos a otros, cuchicheando, como diciéndose discretamente lo que pensaban de aquella loca, de aquella mujer sin madre, sin hijos, sin amor, que había jurado fidelidad eterna a un hombre que prefería un buen macho de perdiz a todas las caricias conyugales.
  • En casa de doña Petronila, en el salón de balcones discretamente entornados, de alfombra de fieltro gris, era donde pasaban horas y horas los dos amigos del alma, hablando de intereses espirituales, como decía el gran Constantino, sin más testigo que el gato blanco, cada vez más gordo, que iba y venía sin ruido, y se frotaba el lomo contra las faldas de la Regenta y el manteo del Magistral, cada día más familiarmente.
  • A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los dichos y hechos del ama.