Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "disimulaba" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra disimulaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Disimulaba él bien?
- Y ella no disimulaba su barbarie.
- Y aunque yo me corría disimulaba.
- Estaba, aunque lo disimulaba, como en brasas.
- Este gran Ratón no disimulaba como el Mochuelo.
- Pero él disimulaba, y llevándose la mano al corazón, decía otra vez.
- Yo disimulaba, y en mi secreta oración y devociones y plegarias decía.
- Disimulaba el placer íntimo que encontraba en las afirmaciones del otro.
- Disimulaba mal su impaciencia, su mal humor, tal vez no pretendía siquiera disimularlos.
- Ana disimulaba mal la impresión viva y profunda que le causaron las palabras de su amiga.
- ¡Y esta señora le humillaba así! ¡Cómo se reiría de él Visita, aunque lo disimulaba.
- La prudencia disimulaba tales asperezas, y en conjunto reinaba la mayor y más jovial concordia.
- Disimulaba la envidia con una amabilidad pegajosa y fingía un aturdimiento en que no incurría nunca.
- Tenía ella los ojos encendidos como de haber llorado, y no era difícil conocer que disimulaba una gran pena.
- Y volvieron a oírse los desesperados gritos del Pituso, y Guillermina no disimulaba su impaciencia y zozobra.
- Di para acreditarme de rico que lo disimulaba, en enviar a mi casa amigos a buscarme cuando no estaba en ella.
- Pero como disimulaba esto, permaneciendo fría y observadora, la otra se impacientaba y enardecía, no sabiendo ya qué decir para convencerla.
- El que así hablaba era un hombre fornido, de áspero bigote, estrecha frente, pelo hirsuto y fuerte, rebelde a peines y cepillos, con las puntas hacia adelante, y quijada brutal, que se disimulaba un tanto bajo una sonrisa bondadosa.
- Obdulia, que disimulaba mal su aburrimiento mientras se hablaba de cuadros, ojivas, arcos peraltados, dovelas y otras tonterías que no había entendido nunca, se animó con la presencia del Magistral de quien era hija de confesión, por más que él había procurado varias veces entregarla a don Custodio, hambriento de esta clase de presas.