Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "displicente" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra displicente para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y Pedro, altivo, displicente, ordenaba todo aquello con voz imperiosa.
- Por las mañanas, solía estar Maximiliano algo regañón y displicente.
- En este tiempo Andrés empezó a creer que Lulú estaba displicente con él.
- Ya recomendaba en voz baja a Fortunata que no estuviese tan displicente con doña Silvia.
- Ven acá, ven acá, a ver si a ti te hace más caso que a nosotras este señor displicente.
- Cuando estaba displicente, pegaba Demóstenes el negro, un marinero que con frecuencia hacía de verdugo.
- La otra tomó su desquite, arrojando una observación de autoridad displicente a la cara de la entrometida.
- Doña Lucía se presentó y con un gesto displicente contestó a las palabras de su primo que había oído desde lejos.
- Es necesario que dejes antes de entrar en casa de la marquesa ese aire displicente y ese tonillo seco, porque es una impertinencia.
- Más que los dolores reumáticos molestaba al enfermo el no tener con quién hablar, pues la mujer que le servía, una tal doña Brígida, patrona o ama de llaves, era muy displicente y de pocas palabras.
- Cuando entraron en la cocina los señoritos, Pedro volvió a su continente habitual, al gesto displicente que usaba con las criadas y con los caseros que traían las provisiones desde la aldea, remota a veces.
- Abrió la joven, y el gran Plácido, con gesto displicente, las cejas algo fruncidas, mostrando en una mano el bastón cuyo puño era una cabeza de cotorra (regalo que le trajeron de Sevilla los señoritos de Santa Cruz), alargó con la otra un papel que tenía un sello.
- Y el aludido Monote, un gitanillo con el trasero al aire por las roturas del pantalón y la cara llena de costras, cogió el caballo del ronzal y salió corriendo por los altibajos de arena seguido de la pobre bestia, que trotaba displicente, como fatigada de una operación tantas veces repetida.