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Ejemplos de oraciones con la palabra doncella

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra doncella en el contexto de una oración.

Término doncella: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "doncella" aquí tienes una selección de 63 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra doncella para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Su doncella.
  • La doncella se turbó.
  • Salió la doncella y Ana dijo.
  • ¿Adónde había ido su doncella?
  • La acompañaba Petra, su doncella.
  • Vamos, que buena doncella te canta.
  • Ya están al alzar dijo la doncella.
  • Para ahorrar un criado o una doncella.
  • Tiene allá a su doncella, la Filomena.
  • Era la doncella de doña Paula, Teresina.
  • Petra, la doncella de la señora Regenta.
  • ¡Petra! ¡Petra! La doncella no respondía.
  • Etc., y que se las ha regalado a su doncella.
  • Rió la doncella y continuando la marcha, dijo.
  • La doncella se comía con los ojos a la señora.
  • Sí, señora respondió en voz baja la doncella.
  • Tenía la doncella algo más de veinticinco años.
  • Su primo Antonio, el molinero, estaba enamorado de la doncella.
  • Doña Paula no sospechaba nada contra la lealtad de la doncella.
  • Cuando yo me case, te llevaré conmigo para que seas la doncella de mi señora.
  • Además, la sonrisa no disimulada de la doncella aumentaba las sospechas de la señora.
  • Debía de ser una doncella de servicio, una costurera, o cosa así, pensó el Magistral.
  • Era el león enamorado de una doncella, decía elegantemente Glocester, una fiera sin dientes.
  • La doncella, a poco, llegaba con el desayuno en reluciente jícara de china con ramitos de oro.
  • La doncella de Ana era amiga de llegar en sus cálculos y fantasías a las últimas consecuencias.
  • Para tranquilizarse un tanto, cuando las congojas nerviosas la invadían, preguntaba a la doncella.
  • De parte del señor Magistral debe de ser, porque lo ha traído Teresina la doncella de doña Paula.
  • La cual se iba por las casas diciendo que era de una doncella pobre y que se deshacía de él para comer.
  • De joven había estado de doncella en varias casas, hasta que murió su última señora y dejó de servir.
  • Después, también doña Paula, a solas también, preguntaba a la doncella, con voz gutural, estrangulada.
  • Pero sonaba a cencerrada en el corazón de una doncella, que no estando enamorada, tenía ganas de estarlo.
  • Aprovechaba la doncella las pocas ocasiones que se le ofrecían para procurarse la confianza de la Regenta.
  • La madre del Provisor conocía la estrecha simpatía que existía entre Teresina y la doncella de la Regenta.
  • Y además, a él le convenía tener de su parte a la doncella de la Regenta, hacerla suya, completamente suya.
  • Al despertar, cerca de las diez, vio a su lado a Petra, la doncella rubia y taimada, que sonreía discretamente.
  • La doncella había de tener su lecho cerca del señorito, por si llamaba, para avisar a la madre, que bajaba inmediatamente.
  • Sabel la sirvió en persona, por hallarse aquel día muy ocupada Filomena, la doncella, que acostumbraba atender al comedor.
  • A don Álvaro se le ocurría que sin tener de su parte a una criada, a la doncella mejor, era todo sino imposible muy difícil.
  • Julián pertenecía a la falange de los pacatos, que tienen la virtud espantadiza, con repulgos de monja y pudores de doncella intacta.
  • La doncella jadeante, con un brazo oculto en el pliegue de un colchón doblado, se volvió de repente, casi tendida de espaldas sobre la cama.
  • Cuando la Venus de Médicis salió del cubil, vio que entre las personas que miraban por la ventana, estaba Jacinta, acompañada de su doncella.
  • No había pertenecido al teatro más que de una manera indirecta, por ser doncella de una actriz famosa, y en el teatro tuvo también su perdición.
  • A ella también la fascinaba como a la doncella de doña Ana de Pantoja, y a la Trotaconventos que ofrecía el amor de Sor Inés como una mercancía.
  • La doncella ardía de curiosidad, aventuraba algunos pasos de puntillas hacia la glorieta, esquivando tropezar con las hojas secas para no hacer ruido.
  • La suposición de que la muchacha, siguiendo en la taberna, pudiese echarse a perder, influyó en la señora de Ohando para llevarla a su casa de doncella.
  • ¡Qué hubiera pensado, sin ir más lejos, Petra la doncella que estaba allí, a su lado, silenciosa, sonriente, cada día más antipática, y más servicial.
  • No eran fúnebres lamentos, las campanadas como decía Trifón Cármenes en aquellos versos del Lábaro del día, que la doncella acababa de poner sobre el regazo de su ama.
  • Y noche también de amor, noche de seguir a la tímida doncella de luengas orejas y breve rabo, sorprenderla, conmoverla y arrastrarla a las sombrías profundidades del pinar.
  • Doña Paula había casado a Froilán con una criada de las que ella tomaba en la aldea, una de las que habían precedido a Teresa en sus funciones de doncella cerca del señorito.
  • Pero también era equitativo que él, sin decírselo a doña Ana, fingiendo desconfiar también de la doncella, aprovechase los servicios de esta, preciosos en tales circunstancias.
  • A Paco, a su adorado Paco, le había puesto cien veces por modelo la habilidad y el sigilo de Mesía al sorprender al hijo de sus entrañas en brazos de alguna costurera, planchadora o doncella de la casa.
  • Con toda la diplomacia que pudo emplear un hombre que se creía principalmente político y era seductor de oficio, ofreció a la doncella la nueva posición, que sería divertidísima, y lucrativa como pocas.
  • Así pensaba mientras se dejaba peinar por su doncella y con las propias manos sujetaba la cruz de diamantes sobre el fondo blanco de aquel ángulo de carne que el cuerpo subido del vestido obscuro dejaba ver.
  • Viii A las nueve del día siguiente ya estaban allí otra vez ama y doncella, esperando a Guillermina, que convino en unirse con su amiga en cuanto despachara ciertos quehaceres que tenía en la estación de las Pulgas.
  • La otra criada de la casa, que la echaba de sensible y ejercía cerca de las señoritas las funciones de doncella, volvía la espalda al sacrificio y vigilaba las marmitas y cazuelas que hervían sobre los fogones del banco.
  • Doña Paula miraba a su hijo y a Teresina alternativamente, encogía los hombros cuando no la veían ni la doncella, que iba y venía con platos y fuentes, ni su hijo que miraba al mantel distraído, comiendo por máquina y muy poco.
  • Al mismo tiempo que por una puerta de escape entraba Petra, su doncella, asustada, casi desnuda, se abrió la colgadura granate y apareció el cuadro disolvente, el hombre de la bata escocesa y el gorro verde, con una palmatoria en la mano.
  • Criminal más perverso que los asesinos y ladrones era, según él, el señorito seductor de doncella pobre, que le hacía creer que se iba a casar con ella, y después la dejaba plantada en medio del arroyo con su chiquillo o con las vísperas.
  • No había, en suma, llegado a ser dueño de los encantos de su doncella, pero en aquellos primeros y últimos escarceos amorosos había podido adquirir la convicción de que la Regenta le había regalado a Petra unas ligas que el amante esposo le había regalado a ella.
  • Llegó a quejarse don Tomás de que sus ladridos no siempre despertaban al amo ni a la doncella, de que se le hacía esperar mucho tiempo, y para evitar reyertas y plantones, se acordó que Crespo y Quintanar acudiesen al parque a la misma hora sin necesidad de ladrar a nadie.
  • Para lo que servía Petra era para vigilar, para evitar que don Álvaro pudiera ser sorprendido al entrar o al salir, y para darse tales trazas que doña Ana creyese que ella, la doncella, no había estado durante toda la noche en circunstancias de poder notar la presencia del amante.
  • Encerróse con él en un cuarto y sacando uno de sus pechos secos, uno de sus pechos de doncella que arrebolado todo él le retemblaba como con fiebre, le retemblaba por los latidos del corazón era el derecho, puso el botón de ese pecho en la flor sonrosada pálida de la boca del pequeñuelo.
  • Don Víctor observó que la muchacha no había reparado el desorden de su traje, que no era traje, pues se componía de la camisa, un pañuelo de lana, corto, echado sobre los hombros y una falda que, mal atada al cuerpo, dejaba adivinar los encantos de la doncella, dado que fueran encantos, que don Víctor no entraba en tales averiguaciones, por más que sin querer aventuró, para sus adentros, la hipótesis de que las carnes debían de ser muy blancas, toda vez que la chica era rubia azafranada.