Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "doscientos" aquí tienes una selección de 21 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra doscientos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Le tocan mil doscientos cincuenta.
- Les tocan mil doscientos cincuenta.
- Mil doscientos cincuenta y dos reales.
- Aquel año le tocaron doscientos cincuenta mil reales.
- Así estarían hace doscientos años, así están hoy.
- Estábamos a unos doscientos metros de la gruta de Izarra.
- Halléme en menos de un mes con más de doscientos reales horros.
- Doscientos metros antes detuvo Bautista los caballos y saltó del pescante.
- La imposibilidad de salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos.
- Diéronle doscientos escogidos, que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla.
- Pero ahora, créelo, me alegraría de que me debiera lo menos doscientos, para perdonárselos también.
- Y tengo un palomar que, a no estar derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos.
- Guillermina dijo Casa Muñoz algo conmovido, cuente usted con doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales.
- Contéles el caso y el concierto hecho, y determinamos de enviar la merienda sin falta, y gastar doscientos reales en ella.
- Embarcábamos doscientos o doscientos cincuenta negros entre hombres, mujeres y chicos, y aprovechando los alisios del sudeste, íbamos casi siempre al Brasil.
- Yo, codicioso, dije que jugaría otros tantos, y el ermitaño, por no hacer mal tercio, aceptó, y dijo que allí llevaba el aceite de la lámpara, que eran hasta doscientos reales.
- Fuera de esto, inclinábase al escepticismo indiferente de los labriegos, y era incapaz de soñar, como el caballeresco hidalgo de Limioso, en la quijotada de entrar por la frontera del Miño a la cabeza de doscientos hombres.
- Figuraba entre los primeros fabricantes de seda, y más de doscientos telares trabajaban para él, elaborando piezas de seda rayada, vistosa y sólida, y pañuelos de brillantes colores, que eran enviados a las más apartadas provincias de España y hasta la misma América, cosa que asombraba y producía cierto temor respetuoso entre el comercio a la antigua.
- Pero aunque en ello entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el Banco de San Juan, iba formándose una fortuna, cuya cifra, por ser desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.
- Veremos si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse y ser buenos cristianos.
- ¡Yo que siento este desprecio por la sociedad se decía a sí mismo, teniendo que reconocer y dar patentes a las prostitutas! ¡Yo que me alegraría que cada una de ellas llevara una toxina que envenenara a doscientos hijos de familia! Andrés se quedó en el destino, en parte por curiosidad, en parte también para que el que se lo había dado no le considerara como un fatuo.