Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra dura

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra dura en el contexto de una oración.

Término dura: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "dura" aquí tienes una selección de 73 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra dura para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Dijo la Dura inclinándose.
  • Y es dura con él, muy dura.
  • La lección había sido dura.
  • A mí me llaman Mauricia la Dura.
  • ¡Pero mientras la ilusión dura!
  • Cuanto más fuerte, menos le dura.
  • Apuesto a que no replicó la Dura.
  • Soy Mauricia la Dura, soy tu amiguita.
  • La expresión dura, falsamente amable.
  • Aquel día la batalla había sido dura.
  • Azorín contesta que aún dura ese café.
  • Todo se sabe replicó la Dura con malicia.
  • La ley es siempre más dura con el débil.
  • Doña Mauricia, digo, Guillermina la Dura.
  • Golfa, golfa u otra palabra más dura, y añadía.
  • Quintanar dormitaba dando cabezadas contra la tabla dura.
  • Ya sabrán quién es Mauricia la Dura, que no teme ni a Dios.
  • ¡Ah!, ¡cuánta guita le he llevado! A mí me llaman la dura.
  • Ambas recogidas, particularmente la Dura, no querían otra cosa.
  • Le brillaban a usted los ojos de una manera tan rara, así como dura.
  • En un habar, entre las matas, un labriego va entrecavando la tierra dura.
  • En fin, que la Dura completaba la historia aquella expuesta en las paredes.
  • Lo único que le daba carácter era la mirada, amenazadora, oblicua y dura.
  • Si dura mucho esto, ¿llegaré a cansarme y a no poder sufrir esta sosería?
  • No había árboles, el clima era duro, la gente tenía que ser dura también.
  • Después se echó a perder, y se le puso la cara dura y hombruna, la voz ronca.
  • Cuando la veas, pregúntale por Mauricia la Dura, y verás cómo me pone en las nubes.
  • Desde el anochecer se puso allí Mauricia la Dura, sola, sobre el montón de mantillo.
  • Oiga usted, Relimpio, no se dé prisa a presentar la memoria, porque esta situación dura.
  • Pero de pronto vieron que la Dura volvía y se sentaba de nuevo sobre el montón de mantillo.
  • Paula era entonces una joven alta, blanca, fresca, de carne dura y piel fina, pero mal hecha.
  • Pero lo raro no era esto, sino que se le parecía también a Napoleón, como Mauricia la Dura.
  • Tenía la cara dura, juanetuda, la nariz chata, la frente pequeña y el bigote corto y cerdoso.
  • Aquél con su cara de metal, enigmática y dura, éste con el rostro dilatado por afectuosísima sonrisa.
  • Con su dura filosofía del éxito, Julio comenzaba a sentir más estimación por Hurtado que por Montaner.
  • Corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.
  • Si el hombre mío me lo quita una mona golosa, y se me pone delante, ¡ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura.
  • Y qué simpática! Esta niña dijo una de las vecinas, es hija de una mujer muy mala que la llaman Mauricia la Dura.
  • Hallándose presentes la de Jáuregui y su sobrina, estuvo la Dura un ratito como quien desea romper a toser y no puede.
  • Su hablar era más áspero, su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban en forma más dura.
  • Tenía después una idea incierta de que la mano dura del inglés la había cogido por un brazo, apretándoselo tanto que aún le dolía al día siguiente.
  • Su cara, que parecía de cartón, era morena, dura, chata, de tipo mongólico, los ojos expresivos y afables como los de algunas bestias de la raza cuadrumana.
  • Una era Belén, que leía en su libro de rezos, y la otra Mauricia la Dura, que tenía la cabeza inclinada sobre la carpeta, apoyando la frente en un puño cerrado.
  • Los hombres son muy caprichosos dijo en tono de filosofía Mauricia la Dura, y cuando la tienen a una a su disposición, no le hacen más caso que a un trasto viejo.
  • Todos se pasmaron del cuento, y doña Lupe compadeció a la Dura, deplorando que con vicio tan inmundo malograse las cualidades de inteligencia corredora que poseía.
  • Allen dijo que podíamos hacer unas a modo de suelas anchas para los pies, y al llegar a los pantanos sujetarlas como unas sandalias y buscar la parte más dura del cieno.
  • Hasta que, molestado por la dura mirada de los dueños, que adivinaban su estado, sintió una vaga impresión de vergüenza y salió sin saludar, andando con paso inseguro.
  • Las alhajas, vestidos de señora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser suyos, tras largo cautiverio, vendíalos por conducto de una corredora llamada Mauricia la Dura.
  • Allí brillaba espléndidamente esa fraternidad española en cuyo seno se dan mano de amigo el carlista y el republicano, el progresista de cabeza dura y el moderado implacable.
  • Por un resquicio de la puerta que comunicaba la sala primera con la cámara mortuoria, vio Fortunata los pies de la Dura en el ataúd, y no tuvo ánimo para acercarse a ver más.
  • Su carne de cañón, dura, tersa, y aquellos brazos que yo deseaba enlazados a mi cuerpo, en arrebato amoroso, me probaban su fuerza dando tortura a los míos, oprimidos, inertes.
  • Veía al pequeñín cuando lo colocaba su padre sobre la dura espina del animal, golpeando con sus piececitos los lustrosos flancos y gritando ¡arre! ¡arre! con infantil balbuceo.
  • Oía la voz dura y seca de doña Paula anunciando, por asustarle, el cataclismo de su fortuna, la ruina de su honra, como si le hablase de los cataclismos geológicos del tiempo de Noé.
  • Pero la Dura tenía todo su ser embargado por la ardentísima ansiedad física que experimentaba, y sus ojos de águila se fijaron en Severiana que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella.
  • Soy Mauricia la Dura, la que le abrió una ventana en el casco a aquella ladrona que me robaba los pañuelos, la que le arrancó el moño a la Pepa, la que le arañó la cara a doña Malvina la protestanta.
  • Y mientras dura el embeleso de esta contemplación, parece que un genio amigo viene y me quita de encima la pesadumbre de los años, aligerando la carga de mi ancianidad, que tanto agobia el cuerpo como el alma.
  • Cuando pasaba bajo los balcones el cuerpo inerte de Mauricia la Dura, cargado por los de Orden Público y escoltado por el gentío, Fortunata se quitó del balcón, porque le faltaba ánimo para presenciar tal espectáculo.
  • Ya se sabe que la Delfina, no pudiendo adoptar al Pituso y tomarlo por hijo, y sintiendo más fuerte e imperioso en su alma el anhelo de la maternidad, dio en proteger a la preciosísima y cariñosa hija de Mauricia la Dura.
  • Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser Primer Cónsul.
  • Enojábanla sus audacias, y sin embargo, algún poder diabólico debía de tener la Dura para conquistar corazones, pues la otra simpatizaba con ella más que con las demás y gustaba extraordinariamente de su conversación íntima.
  • Así como los ojos de Maximiliano miraban con inexplicable simpatía el disco de la noria, su oído estaba preso, por decirlo así, en la continua y siempre igual música de los canteros, tallando con sus escoplos la dura berroqueña.
  • En el escritorio y en el almacén aparecieron los primeros mecheros de gas hacia el año 49, y el famoso velón de cuatro luces recibió tan tremenda bofetada de la dura mano del progreso, que no se le volvió a ver más por ninguna parte.
  • Tras el capellán salió también su acólito, y mientras los dos arreglaban a la Dura, las monjas, viendo sojuzgado al enemigo, arriesgáronse a bajar y acudieron a Guillermina, que con el pañuelo se restañaba la sangre de su leve herida.
  • ¡Toda aquella carne blanca, dura, turgente, significativa, principal, era menos por razón de las circunstancias, que dos pies descalzos que apenas se podían entrever de vez en cuando debajo del terciopelo morado de la nazarena ! Y era natural.
  • En la primera fila se mueven, siempre inquietas, sobre la dura tabla, las niñas de ocho a diez años, anafroditas las más, hombrunas casi en gestos, líneas y contornos, algunas rodeadas de precoces turgencias, que sin disimulo deja ver su traje de inocentes.
  • El éxito y las ganancias engolosinaron a doña Lupe, que adquirió gradual y rápidamente todas las cualidades del perfecto usurero, y echó el medio pecho de algodón, haciéndose insensible, implacable y dura cuando de la cobranza puntual de sus créditos se trataba.
  • Siguieron ambas bailando a lo largo de la sala, deslizándose sobre el ya pulimentado piso, como los patinadores sobre el hielo, y Fortunata, a quien le escarbaba en el interior lo que referente a ella habla dicho Mauricia la Dura, quiso aclarar un punto importante, diciéndole.
  • Mientras Frígilis hablaba de la conveniencia de abandonar el cultivo del maíz y de cultivar los prados con intensidad, don Víctor, apoyada la cabeza sobre la tabla dura del coche de tercera miraba al cielo pardo y veía desaparecer entre la niebla una falange de cuervos por aquel desierto de aire.
  • Cuando era aficionado a representar en los teatros caseros es decir cuando mi edad y posición social me permitían trabajar, porque la afición aún me dura comprendiendo que era muy ridículo batirse mal en las tablas, tomé maestro de esgrima y dio la casualidad de que demostré en seguida grandes facultades para el arma blanca.
  • Tío y sobrino alzaban la voz mucho más de lo regular, y después de algún descompasado grito o frase dura, había instantes de armado silencio, de muda hostilidad, en que las chicas se miraban y Nucha, con la cabeza baja, redondeaba bolitas de miga de pan o doblaba muy despacio las servilletas de todos deslizándolas en las anillas.
  • Un edificio construido por contrata, tan bonito como frágil, con sus tejados rojos y escalinatas con jarrones de yeso, situado en el centro de un jardincillo excavado en las rocas, con dos docenas de árboles tísicos que gemían melancólicamente, martirizadas sus raíces por la capa de dura piedra que encontraban a pocos palmos del suelo.
  • ¡Si apenas podía mantenerse sentado sobre la tabla dura! Pero esta delicia de la vanidad satisfecha no tenía que ver con su propósito firme de buscar en Ana, en vez de grosero hartazgo de los sentidos, empleo digno de la gran actividad de su corazón, de su voluntad que se destruía ocupándose con asunto tan miserable como era aquella lucha con los vetustenses indómitos.
  • Hago la negra dura cama y tomo el jarro y doy comigo en el río, donde en una huerta vi a mi amo en gran recuesta con dos rebozadas mujeres, al parecer de las que en aquel lugar no hacen falta, antes muchas tienen por estilo de irse a las mañanicas del verano a refrescar y almorzar sin llevar qué por aquellas frescas riberas, con confianza que no ha de faltar quién se lo dé, según las tienen puestas en esta costumbre aquellos hidalgos del lugar.