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Ejemplos de oraciones con la palabra echado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra echado en el contexto de una oración.

Término echado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "echado" aquí tienes una selección de 83 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra echado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • En resumen, que te ha echado.
  • De esa moza que te has echado.
  • Había echado a andar otra vez.
  • ¿Y a Nicolás le has echado otra chinita?
  • Pero qué, ¿también te has echado pomada?
  • Pero qué, ¿no ha echado usted el cerrojo?
  • Pero ¿qué demonios ha echado usted aquí?
  • ¡Lástima de corazón echado a los perros.
  • Sin gran esfuerzo hubiera echado á correr.
  • Mejor hubiera sido que no la hubiese echado.
  • ¿Pero qué haces que no has echado ya a correr?
  • Pero buen padre se había echado el pobre Barret.
  • Criatura más perfecta no ha echado Dios al mundo.
  • Había echado sobre sus hombros una carga bien pesada.
  • ¡Más maldiciones le he echado a ese dichoso convento.
  • Había echado al otro mundo dos maridos, con dos jicarazos.
  • Moreno había echado mano al bolsillo para sacar una peseta.
  • Cada día me pesaba más la carga que me había echado encima.
  • Por su gusto se hubiera echado a llorar en medio de la reunión.
  • Pero mis semillas, mis semillas ¿quién me las ha echado a rodar?
  • Gracias a las almas caritativas, la construcción va echado chispas.
  • El toldo gris del cielo continuó echado sobre el pueblo todo el día.
  • Si no fuera por vergüenza hubiera echado a correr por la cuesta arriba.
  • Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que perdía.
  • La doña Guillermina es una que se ha echado mismamente a pobre, ¿sabes?
  • ¡Jesús, qué mal genio ha echado este hombre! Si le voy a dar la guita.
  • ¡Vaya un genio que has echado! le dijo doña Lupe, sin que él la mirara.
  • Arremedábamos un catarro y parecía que habían echado pimiento en la iglesia.
  • Este chico está tan echado a perder, que será preciso mandarle fuera de casa.
  • Ha echado carnes, y hasta me pareció que tiene un aire más arrogantillo, más.
  • Según algunos marineros, el doctor Cornelius había echado la maldición al barco.
  • Tenía que marcharse de aquella casa echado por el feo vicio, por el delito infame.
  • ¡Si soy lo más malo que Él ha echado al mundo! Para mí esta casa se tiene que acabar.
  • ¿No la hemos echado en el torno de la eternidad para que entre al hospicio de la Gloria?
  • Iba desatinado, gesticulando, los ojos fulminantes, el labio inferior muy echado para fuera.
  • Había echado la sonda en la sima de la estupidez y de la maldad humanas y sabía a qué atenerse.
  • Todos se levantaron menos Maximiliano, que continuó echado apáticamente hasta que vio a su mujer.
  • Observó entonces que el cerrojo no estaba echado, y lo corrió con mucho cuidado para no hacer ruido.
  • Y como cerca se vio, pensó que allí en las pajas do yo estaba echado, al calor mío se había venido.
  • Cuando llegó a Madrid echado de la corte de Don Carlos, fue a casa de su tía, según costumbre antigua.
  • Era en el fondo un completo majadero, que había echado a perder a sus hijas por un estúpido romanticismo.
  • Poníase echado boca arriba en su puesto, y con la potra defuera, tan grande como una bola de puente, y decía.
  • Sobre una manta, echado en el lindero, cabe a un cantarillo de agua, un perro gruñe sordamente cuando me acerco.
  • Dile que se alegrará cuando me vea, y que de seguro mis compañeros me habrían echado de menos si no hubiera venido.
  • No sólo no lo había echado de ver, sino que tan natural contingencia no se le había pasado siquiera por las mientes.
  • Se han echado encima hambres, crueles carestías, guerras, y doña Teresa ha tenido materia en que ejercitar su virtud.
  • Jacinta les hubiera echado, abriendo todas las ventanas y sacudiéndoles con una servilleta, como se hace con las moscas.
  • Pues con el sueñecito que he echado perdí la situación, chica, y al despertar, no me acordaba de que habías quedado ahí.
  • Ana se había echado sobre el tronco porque se mareaba viendo el agua blanca que ladraba debajo como el perro enfrente de ella.
  • Hechas mi amo y los demás que íbamos nuestras diligencias, en dos fiestas que allí estuvimos no se habían echado treinta bulas.
  • ¡Pues no se casaría si te hubieras conservado honrada, cuanti más, sosona, habiéndote echado tan a perder! Si es lo que Yo digo.
  • Y como lo más entretenido y lo más instructivo de un periódico son los sucesos, yo, naturalmente, he echado la vista sobre ellos.
  • Pero esta tarde, por una casualidad, ha recaído la conversación sobre cosas de teología, y el clérigo ha echado mano a su Bergier.
  • ¡Volver con su marido! ¡Ser otra vez la señora de Rubín! Si un mes antes le hubieran hablado de tal cosa, se habría echado a reír.
  • Y mano sobre mano ya se sabe que eran muy hermosas a paso lento (que buen trabajo le costaba, muy de buen grado hubiera echado a correr.
  • En aquellas tristes horas engañaba el insomnio paseándose a ratos por la habitación, a ratos echado y descabezando un ligero intranquilo sueño.
  • A cabo de tres días yo torné en mi sentido y vine echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungüentos y, espantado, dije.
  • Pero tantas pequeñeces juntas le habían echado a perder aquel día que había creído feliz al ver el sol brillante, al lavarse alegre frente al espejo.
  • Sacóla el vino y desenfundando una almohada de nuestro coche, después de haber echado un poco de vino debajo, se la llenó de lana y estopa, y la cerró.
  • Había vecinas que se estaban peinando las trenzas negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y tenían todo aquel matorral echado sobre la cara como un velo.
  • Fortunata, en el cuarto de su marido, y casi a tientas, llegó al sofá donde él estaba echado, y le preguntó si tenía ganas de comer, sin obtener respuesta.
  • Paco, con la boca llena, pero no por modo grosero, sino casi elegante, hablaba, brillante la pupila, rojas las mejillas, con el sombrero echado hacia el cogote.
  • Todavía puedes alcanzar el grado de brigadier, que tendrías ya de seguro si Paca no te hubiese echado una calza como a los pollos para que no salgan del corral.
  • ¡No venía la Regenta en el coche abierto! ¡Venía con los otros! ¡Y al marido le habían echado a la carretela con el canónigo, la Marquesa y doña Petronila!
  • Era alta, ancha de hombros, y su larga viudez casta parecía haber echado sobre su cuerpo algo como matorral de pureza que le daba cierto aspecto de virgen vetusta.
  • A eso de las nueve, la dolorida se levantó con resolución del sofá en que se había echado, y a tientas, porque el gabinete estaba oscurísimo, buscó su mantón.
  • Cuando la prójima le vio entrar aquel día con el sombrero echado hacia atrás, los ojos chispeantes, los movimientos ágiles, comprendió que las noticias eran buenas.
  • El segundo era cura de tropa, echado del servicio por no sé qué desafueros, y el tercero ex capellán de un vapor correo expulsado porque le cogieron contrabando de tabaco.
  • Muchas veces, al anochecer, se ponía en una bocacalle con el velo negro echado sobre la cara, y sorprendía al transeunte con una narración trágica, expresada en tonos teatrales.
  • Seguía desvariando el viejo de las melenas, cuando se presentó el mozo del coche fúnebre, con el sombrero de copa echado a un lado, el látigo en la mano derecha y la colilla en los labios.
  • Díjole Severiana que Guillermina había estado antes y echado un largo parlamento con el endivido, quien tenía al chico montado en el hombro, ensayándose sin duda para hacer el San Cristóbal.
  • Después de vivir con un sargento, el padre de la muchacha, se había casado con un relojero alemán, hasta que éste, harto de la golfería de su mujer, la había echado de su casa a puntapiés.
  • Fué una sensación de debilidad, como si de repente le abandonaran sus fuerzas, y se metió en su barraca, no respirando normalmente hasta que vió la puerta con el cerrojo echado y encendido el candil.
  • Dígolo porque si quiere usted ahorrarse ese trabajo, figúrese que aburrida ha salido por esos mundos, que ha echado el anzuelo, que le han picado, que tira para arriba, y que ¡oh, sorpresa!, me ha pescado a mí.
  • Llegaron a casa, y yo, porque no me conociesen, estaba echado en la cama con un tocador y con una vela en la mano y un Cristo en la otra y un compañero clérigo ayudándome a morir, y los demás rezando las letanías.
  • Púsome el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí.
  • Que nadie alardease de guapo dentro de su casa, pues antes de hablar ya había echado mano él á una porra que tenía bajo el mostrador, especie de as de bastos, al que le temblaban Pimentó y todos los valentones del contorno.
  • Mas la otra pudo observar que su rostro estaba tan bañado en lágrimas como si le hubiesen echado por la frente un cubo de agua, y sus ojos encendidos y aquella grandísima humedad igualaban el rostro de Mauricia al de la Magdalena.
  • Maximiliano permanecía largas horas en su despacho o en la alcoba, sin salir ni siquiera a los pasillos, sumergido en una meditación que más bien parecía somnolencia, por lo común echado en el sofá, la vista fija en un punto del techo, al modo de penitente visionario.
  • Entraba siempre con el sombrero echado atrás, afectando una grosería de maneras que no tenía, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos, arrastrando las palabras, pero absteniéndose de beber con disculpa de mal de estómago, en realidad porque se mareaba y embrutecía a la segunda copa.
  • El niño y el viejo se entusiasmaban por igual en el bárbaro y pintoresco espectáculo, y a la salida Plácido le contaba sus proezas taurómacas, pues también, allá en su mocedad, había echado sus quiebros y pases de muleta, y tenía traje completo con lentejuelas, y toreaba novillos por lo fino, sin olvidar ninguna regla.
  • Híceme cargo de todo lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad, matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho siempre.
  • Don Víctor observó que la muchacha no había reparado el desorden de su traje, que no era traje, pues se componía de la camisa, un pañuelo de lana, corto, echado sobre los hombros y una falda que, mal atada al cuerpo, dejaba adivinar los encantos de la doncella, dado que fueran encantos, que don Víctor no entraba en tales averiguaciones, por más que sin querer aventuró, para sus adentros, la hipótesis de que las carnes debían de ser muy blancas, toda vez que la chica era rubia azafranada.