Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "echan" aquí tienes una selección de 20 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra echan para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pues me echan.
- Echan lodo en medio.
- ¡Si me echan, padrino.
- Si no me echan, la cojo.
- Al mes, todos se rinden, es decir, echan a correr.
- Es como los tiburones, que tragan todo lo que les echan.
- Tartratos, campeche, fuchsina, demonios le echan éstos al vino.
- Los hombres que las echan de listos caen cuando menos lo esperan.
- Pues por aquí, los barrenderos me echan encima una nube de polvo.
- Sepa que es porque no tiene toquilla, y que así no lo echan de ver.
- Porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan papeletas.
- Pues si soy una columna, ¿por qué no me echan encima el peso que me toca?
- En aquella, la mente trabajaba en la ilusión, fabricando mundos vanos con la espuma que echan de sí las ideas bien batidas.
- Y cuando no, para que la cosa tenga carácter (¡vaya una palabra!), echan mano de las mantas jerezanas y arman una decoración de taberna.
- Tiene mala andadura, gobierna mal y parece que está cojo, tuerto y manco como yo, pues si le echan la caña para aquí, él va para allí.
- Eres la pesadilla de todas las familias y cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, ¡te echan de dientes adentro cada maldición.
- Toda la parte religiosa del programa carlista la descartaba, quedándose tan sólo con la política, porque ya había visto prácticamente que los curas lo echan todo a perder.
- El mediquillo vestía pantalón muy ajustado y combinaba sabiamente los cuernos que entonces se llevaban sobre la frente con los mechones que los toreros echan sobre las sienes.
- ¡adúuultera! Dijo esta palabra con un alarido espantoso, levantándose del asiento y extendiendo ambos brazos como suelen hacer los bajos de ópera cuando echan una maldición.
- ¡No sea usted malo! ¡No sea usted tan material! responde ella, turbándose como una niña aturdida que sospecha haber sido indiscreta, y clava en el mancebo los ojos risueños, arrugaditos, que Visitación cree que echan chispas.