Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "echándose" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra echándose para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Dijo al fin echándose a reír.
- ¡Ay, Dios mío! (echándose en la cama, acongojadísima).
- Segunda la volvió a mirar, echándose a reír con descarada grosería.
- Miró a Visita con torvo ceño y echándose a adivinar exclamó con enojo.
- Preguntó Fortunata mirándola con sorpresa, y casi casi echándose a reír.
- (echándose para atrás y expresándose siempre en voz muy baja), hoy mato yo.
- Refugiose en el cuarto interior, y echándose sobre un baúl, se echó a llorar.
- Exclamó Guillermina echándose a reír cual si hubiera oído un inocente chiste.
- Moreno fuese al suyo y se dejó caer en el sofá, echándose el sombrero para atrás.
- La esposa no se acostó, y acercando una butaca a la cama, y echándose en ella, cerró los ojos.
- Poco a poco, señoras mías observó el rico avariento, echándose sobre el respaldo del sillón.
- Echándose un pañuelo por los hombros, porque el calor de la plancha la obligaba a estar al fresco, pasó al gabinete.
- Hacía una cosa muy indecente, ¡vaya!, que era levantarse el vestido por detrás, dar media vuelta echándose a reír y enseñar el culito.
- Levantóse entre ellos alarido disforme, y desnudando las dagas, lo juraron poniendo las manos cada uno en el borde de la artesa, y echándose sobre ella de hocicos.
- Después de empujar hacia la puerta a Jacinta y a Rafaela, volviose al desgraciado, que no acertaba a decir palabra, y echándose a reír con angélica bondad, le habló en estos términos.
- Y cuando las pobres, hinchadas ya por esta inundación azucarada, se negaban á beber, las oficiosas comadres iban por turno echándose al gaznate los refrescos, pues también necesitaban que les pasase el disgusto.
- Se le antojó que bien podían ser las ocho, se vistió deprisa, cogió el frasco del anís, bebió un trago según acostumbraba cuando salía de caza aquel enemigo mortal del chocolate, y echándose al hombro el saco de las provisiones, repleto de ricos fiambres, bajó a la huerta por la escalera del corredor pisando de puntillas, como siempre, por no turbar el silencio de la casa.