Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "edelmira" aquí tienes una selección de 53 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra edelmira para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Allí iba a dormir Edelmira.
- Edelmira subió al columpio sin atarse.
- Paco estaba entre Edelmira y Visitación.
- Edelmira se quedó con don Víctor y Paco.
- Ven, ven, verás qué puños los de Edelmira.
- Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquinito, Álvaro.
- Edelmira prefería dormir con Obdulia, como es natural.
- Visita le dio un pellizco a Edelmira a quien ya tuteaba.
- Visitación, Obdulia, Edelmira, Paco y Mesía se quedaban.
- Edelmira y Paco hicieron unas paces rotas ocho días antes.
- Sólo Edelmira río la gracia, que tenía para ella novedad.
- Edelmira se cuenta como de la casa, pues en ella era huésped.
- Que era lo que estaba haciendo Paquito con Edelmira, su prima.
- ¡A bailar, a bailar! gritaron Paco, Edelmira, Obdulia y Ronzal.
- Ahora mismo acaba de llamar la Marquesa a Edelmira, que duerme en su cuarto.
- ¡Bravo! ¡bravo! gritaron Paco y Edelmira, que también se sentían muy jóvenes.
- Don Víctor, Paco y Edelmira corrían por los senderos allá lejos entre los árboles.
- Obdulia, Visita y Edelmira llamaban con aquellas carcajadas y chillidos a los hombres.
- Paco necesitaba que le distrajeran a Quintanar para quedarse como a solas con Edelmira.
- Edelmira, a pesar de no haber desmejorado, tenía los ojos rodeados de un ligero tinte obscuro.
- La gente joven, Obdulia, Visita, Ana, Edelmira y la niña del Barón, corrían solas por el bosque.
- Joaquinito Orgaz comenzó a decir chistes flamencos que hacían mucha gracia a la Marquesa y a Edelmira.
- ¡pero como allí! Edelmira y Paco suspiraban también por sus escondites de la quinta, que iban a dejar muy pronto.
- Edelmira y Paco espalda con espalda, como se baila a veces la muñeira, sobre todo en el teatro, medían sus fuerzas.
- ¡Bravo! ¡bravo! gritaron Edelmira y Paco al ver los brazos del buen mozo entre los palos de la barquilla del columpio.
- Claro, como allí cada cual corre por su lado, y Víctor es capaz de irse con Paco y Edelmira a hacer el tonto, el chiquillo.
- Paco y Joaquín no habrán puesto obstáculos, habrán procurado lo mismo para quedarse con Obdulia y Edelmira respectivamente.
- Paco Vegallana, cerca de Visitación, fingía resistir la fuerza anónima que le arrojaba, como un oleaje, sobre su prima Edelmira.
- Edelmira, maestra ya en el arte de divertirse al estilo de la casa de sus tíos, estaba como una amapola y reía y gozaba con estrépito.
- Al cabo Edelmira venció, y Paco, silbado por los presentes, propuso luchar de frente, con las manos apoyadas en los hombros del contrario.
- Sonreían a la Marquesa, asestaban los gemelos a Edelmira y hacían señas al Marqués, y a Paco, que solían visitar aquel rincón comm il faut.
- Si quería decir algo a la Regenta, a Visitación o a Edelmira, le dejaban las damas con la palabra en la boca, sin poder remediarlo, distraídas.
- Jugábamos al cachipote, pero Paco y Edelmira están allá en la esquina del otro frente disputando sobre quién tiene más fuerza, si ella o él.
- Entró a las ocho y cuarto (la función comenzaba a las ocho) en el palco de los Vegallana en compañía de la Marquesa, Edelmira, Paco y Quintanar.
- La inocencia de Edelmira era tan poco espantadiza que Paco hubiera podido propasarse a pisarle un pie sin que ella protestase a no sentirse lastimada.
- Por fortuna para él, Mesía no encontró, entre la hojarasca de las enaguas, ningún pie de Anita, que acababa de apoyar los dos en la silla de Edelmira.
- Hola, hola dijo don Víctor que entraba dando el brazo a la robusta y colorada Edelmira mujercita mía, ¿con que se está usted de palique con ese caballero?
- Le saludó amable, bulliciosa, y volvió con Obdulia, con Visita y con Edelmira a correr por la huerta, seguidas de Paco, Joaquín, don Álvaro y don Víctor.
- Paco tenía otra vez en Vetusta a su prima Edelmira y le hacía el amor por todo lo alto, aunque a su madre no le gustaba, porque era feo engañar a una prima.
- El Magistral se encontró en la escalera con Visitación y Quintanar que buscaban por los rincones la petaca del ex regente que Edelmira y Paco habían escondido.
- Edelmira había interrumpido el diálogo y sin más se convino en rogar a la Marquesa que convidase, con reiteradas súplicas, si era preciso, al señor Magistral.
- Fatigados con tanto movimiento y alardes de fuerza, choques y excitaciones vanas, Paco y Joaquín, antes que Edelmira, Obdulia y Visita, dejaron de correr y enredar.
- Mientras abajo se trataban a gritos y con idas y venidas tan arduas materias, Edelmira, Obdulia, Visita, Paco y Joaquín corrían como locos por el corredor del primer piso.
- Paco le había saludado de lejos, deprisa y mal, porque en aquel momento huía con la petaca de Quintanar a esconderla en la huerta, seguido de Edelmira, su más rolliza y vivaracha y colorada prima.
- El rumor de los surtidores del patio y las carcajadas y gritos de su marido, de Visita, de Edelmira y de Paco, que iban y venían por las escaleras, por los corredores, por la huerta, por toda la casa.
- Los dijes del primo, la camisa de color, la corbata, las sortijas ricas y vistosas, las manos que parecían de señorita, todo esto encantaba a Edelmira que era también muy amiga de la limpieza y de la salud.
- Ana veía a Edelmira y a Obdulia, que se había declarado maestra de la niña colorada y fuerte, correr como locas por el bosque de robles seculares perseguidas por Paco Vegallana, Joaquín Orgaz y otros íntimos.
- El Marquesito vestía aquella tarde un traje de alpaca fina, de color de garbanzo, chaleco del mismo color de piqué y calzaba unas babuchas de verano que Edelmira consideraba el colmo de la elegancia, aunque parecía cosa de turcos.
- Además ¡olía tan bien el primo y a cosas tan frescas y al mismo tiempo tan delicadas y elegantes! Allá, en su pueblo Edelmira había pensado mucho en el Marquesito, a quien había visto dos o tres veces siendo ella muy niña y él un adolescente.
- Visitación, Obdulia y Edelmira también, eran las que conocían mejor los lugares más escondidos, dónde había puertas de escape, y todo lo que exigían aquellos juegos infantiles a que se entregaban, sin pensar en los muchos años que tenían varias de aquellas personas tan alegres.
- ¡Bien, bien! gritaron don Víctor y Edelmira, que cogidos del brazo y a los acordes de la marcha real (decía el ex regente), que tocaba allá dentro Visitación en un piano desafinado, se dirigieron los primeros a la huerta, seguidos de Paco, empeñado en ceñir las canas de don Víctor con una corona de azahar.
- Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.
- Mientras en el salón y en el gabinete se discutía así y de otras muchas maneras, por las habitaciones interiores del primer piso, por el comedor, por los pasillos, por la escalera que conducía al patio y a la huerta, corrían alegres, revoltosos, Paco Vegallana, que celebraba sus días, Visitación, Edelmira, sobrina de la Marquesa (una niña de quince años que parecía de veinte), don Saturnino Bermúdez y el señor de Quintanar.