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Ejemplos de oraciones con la palabra educación

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra educación en el contexto de una oración.

Término educación: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "educación" aquí tienes una selección de 69 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra educación para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No tiene educación.
  • Puro estudio y educación pura.
  • Fortunata no tenía educación.
  • Era aquella una educación neutra.
  • Es una falta de educación entre la clase.
  • No basta la educación contra la naturaleza.
  • Y que sin duda empieza por pegarte su mala educación.
  • Era un egoísta, un grosero, un hombre sin educación.
  • Francamente, habría sido falta de educación desairar.
  • Había recibido una educación cristiana, según decía.
  • Es un axioma que en el juego se conoce la buena educación.
  • Dígase lo que se quiera, hija, aquella educación no era buena.
  • Su éxito fue grande, y su falta de educación ayudaba a cegarla.
  • No tienen educación, son como máquinas, y se vuelven tan tontas.
  • Solían tener los camareros muy mala educación, también heredada.
  • Yo le pensiono, para que se le dé educación y una crianza conveniente.
  • Afortunadamente allí estaba él para corregir aquella educación viciosa.
  • A las mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica.
  • La falta de educación es para el pobre una desventaja mayor que la pobreza.
  • Temía no comer con bastante finura y revelar demasiado su escasa educación.
  • Ahí tenéis unas personas sin educación, pero que saben hacer bien las cosas.
  • Pues digo que Fortunata no es de esas, no posee más educación que la cara bonita.
  • Se tienen hijos sanos a quienes se les da un hogar, protección, educación, cuidados.
  • Para viajar se necesita educación, y viajando con españoles no se habla mal de España.
  • En honor de la verdad, nada había que decir contra su educación ni contra su carácter.
  • La educación del hogar confundíase con las costumbres de una vida de estúpidas aventuras.
  • Más íntimo, de más fácil comunión por razón de la edad, de la educación, de los gustos.
  • El hombre abandonado a sus instintos es naturalmente inmoral, y como el pueblo no tiene educación.
  • Vestía con elegancia y tenía tan buena educación, que se le perdonaba fácilmente el hablar demasiado.
  • Poseía el arte de la buena educación en su forma más exquisita, y una soltura de modales que cautivaba.
  • El cabildo, que fingía oír por educación, nada más, al Arcipreste, se interesaba de veras con la crónica.
  • Temía que se burlasen de ella, por su falta de educación, y que la estimaran en poco, sabedoras de su pasado.
  • Le engañó como engañaba a ciertas mujeres que tenían educación y sentimientos semejantes a los del Marquesito.
  • Y con multitud de citas explicaba y recomendaba Ozores la educación omnilateral y armónica, como la entendía él.
  • Don Ciriaco quiso completar mi educación, y varias veces me preguntó si no tenía afición a la poesía o al baile.
  • Las diferencias de educación y de clase establecen siempre una gran diferencia de procederes en las relaciones humanas.
  • Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la culpa.
  • Mientras más pobreza de educación revelaba la alumna, más gozaba la maestra con las perspectivas e ilusiones de su plan.
  • Pronunciar mal una palabra no es vergüenza para nadie, y la que no ha recibido una educación esmerada no tiene la culpa de ello.
  • Yo quiero volver a ser una niña, empezar mi educación, ser algo de una vez, seguir siempre un impulso, no ir y venir como ahora.
  • Pero en buena reciprocidad, todo lo que comprendía que le gustaba al muchacho o servía para su educación, lo hacía si estaba en su mano.
  • ¡Oh, si no fuera porque su marido todo lo consideraba inconveniencia y falta de educación! ¡Si no fuera porque estaban en la casa de Dios!
  • El aya afirmaba en todas partes, entre interjecciones aspiradas, que la educación de aquella señorita de cuatro años exigía cuidados muy especiales.
  • A esto no llegó ni podía llegar la de Jáuregui, porque tenía ciertas delicadezas de índole y de educación que se sobreponían a sus enconos de usurera.
  • No era falta de educación, sino que los párrafos de Bermúdez eran tan complicados, constaban de tantos incisos y colones, que oírle uno entero sería obra de regla.
  • Su educación pagana, dislocada, confusa, daba extrañas formas a la piedad sincera, asomaba con todos sus resabios de incoherencia y ligereza después de tantos años.
  • ¡Como que estas historias ayudan bastante a la educación matrimonial! Sabiéndolas de memoria, las mujeres viven más avisadas, y a poquito que los maridos se deslicen.
  • Don Baldomero no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal, ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le formaron a él.
  • Trampeta miró al funcionario con la mezcla de asombro y de gozosa ironía que las personas de educación inferior muestran cuando oyen a las más elevadas decir una simpleza gorda.
  • Las niñas más recatadas, y hasta las más parecidas a muñecas de resorte, hacían pensar en la mujer que traían debajo de aquellos vestidos vulgares y de aquella educación falsa y desabrida.
  • ¡Malo, malo! Juanito temblaba viendo aproximarse la afligida demanda, el sablazo maternal, acompañado con lágrimas y conmovedoras lamentaciones sobre lo mucho que cuesta la educación de los hijos.
  • No hay más diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena o mala educación, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del espíritu, eternas como los atributos del espíritu mismo.
  • ¡Vaya un negocio ruin el de la tienda! Trabajar rudamente, exponerse a pérdidas, sufrir la mala educación de los compradores, todo para juntar, céntimo tras céntimo, unos cuantos miles de reales a fin de año.
  • La educación del hombre de nuestros días no puede ser completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las pasiones todas.
  • La difunta señora, una condesa anciana, había sido su madrina, costeando su educación en un colegio modesto, y todavía Antonia iba a visitar algunas veces a las señoritas, las hijas de su protectora, que se habían casado.
  • Te la has figurado como un monstruo de seducciones, como una de esas que, sin tener pizca de educación ni ningún atractivo moral, poseen un sin fin de artimañas para enloquecer a los hombres y esclavizarles volviéndoles estúpidos.
  • El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y educación empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche una mala costumbre que combatían con ahínco, como cosa igualmente nociva para el alma y para el cuerpo.
  • Pero siempre le encargaba que no la descubriese allí, pues ya que Aurora no había ido a verla, lo que propiamente era una falta de educación, y hablando mal y pronto, una cochinada, no quería ella tampoco aparentar que solicitaba su amistad.
  • Las lecciones que Maximiliano le daba referentes a cosas de urbanidad y a conocimientos rudimentarios de los que exige la buena educación eran tan provechosas, que le bastaban a veces indicaciones leves para asimilarse una idea o un conjunto de ideas.
  • Pero siempre que venga a Madrid, he de ir a tomarle el pulso y a ver cómo anda esa educación, sin perjuicio de que antes de entrar en el convento, le he de dar a usted un buen recorrido de doctrina cristiana para que no se nos vaya allá enteramente cerril.
  • Ya había completado la hija de Arnaiz su educación (que era harto sencilla en aquellos tiempos y consistía en leer sin acento, escribir sin ortografía, contar haciendo trompetitas con la boca, y bordar con punto de marca el dechado), cuando perdió a su padre.
  • Así como en las mujeres de su edad se anuncian por asomos de contornos turgentes las elegantes líneas del sexo, en el acólito sin órdenes se podía adivinar futura y próxima perversión de instintos naturales provocada ya por aberraciones de una educación torcida.
  • Insensiblemente, con la ayuda de la burocracia, de la pobreza y de la educación académica que todos los españoles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que amarra y solidifica la masa nacional.
  • Don Manuel era superior a su sobrino por el barniz de educación adquirido en dilatados años de existencia ciudadana y el consiguiente trato de gentes, así como por aquel bien entendido orgullo de su nacimiento y apellido, que le salvaba de adocenarse (era su expresión predilecta).
  • Era una de esas personas que, no habiendo recibido educación, parece que la han tenido cumplidísima, por lo bien que se expresan, por la firmeza con que se imponen un carácter y lo sostienen, y por lo bien que disfrazan con las retóricas sociales las brutalidades del egoísmo humano.
  • El juez de primera instancia, que se dividía a sí mismo en dos entidades, 1.º el juez, incorruptible, intratable, puerco espín sin pizca de educación, y 2.º el hombre de sociedad, perseguidor de casadas de mala fama, consuelo de todas las que lloraban desengaños de amores desgraciados.
  • El ruido del agua, la luz de los relámpagos, los truenos lejanos, la obscuridad ambiente, los vapores de la comida, la estrechez del corredor, todo los animaba, los arrojaba a la alegría aldeana, a los juegos brutales de la lascivia subrepticia, moderados en ellos por instintos de la educación.
  • Afeitado también, aunque sin detrimento de su barba, que brillaba suavizada por el aceite de olor, trascendiendo a jabón y a ropa limpia, vestido con traje de mezclilla, chaleco de piqué blanco, hongo azul, y al brazo un abrigo, parecía el señor de Ulloa otro hombre nuevo y diferente, con veinte grados más de educación y cultura que el anterior.
  • XIX FUERA de este cuidado maternal por la pobre criaturita de la muerte de Manuela, cuidado que celaba una expiación y un culto místicos, y sin desatender a los otros y esforzándose por no mostrar preferencias a favor de los de su sangre, Gertrudis se preocupaba muy en especial de Ramirín y seguía su educación paso a paso, vigilando todo lo que en él pudiese recordar rasgos de su padre, a quien físicamente se parecía mucho.