Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "educado" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra educado para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Valiente mono mal educado está él.
- Se había educado en el célebre colegio de Eton.
- Jactábase doña Casta de haber educado muy bien a sus dos hijas.
- Éste tenía aspecto de militar, de hombre amable y bien educado.
- ¡Este vejete chocho y mal educado me las ha de pagar todas juntas!
- Teresina entraba y salía sin hacer ruido, como un gato bien educado.
- Además, de su matrimonio ha tenido dos hijos y una hija, y todos los ha educado cristianamente.
- Algunas veces discutía con Frígilis, en quien reconocía la madera de un libre pensador, pero mal educado.
- Don Cleto Meana era el filósofo de la casa, era un hombre bien educado y culto, que había caído en la miseria.
- ¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por Don Baldomero I, era todo blanduras con su hijo?
- LIBRO SÉPTIMO EL MANUSCRITO DE JUAN DE AGUIRRE I RESOLUCIÓN DESESPERADA He sido educado con una gran severidad de principios.
- No tuerzas el gesto, que no intento defender a ese muchacho, aunque me extraña mucho que un joven distinguido y bien educado haya podido decir tales infamias.
- En Vetusta el buen humor consiste en soltarse pullas y frescas todo el año, como en perpetuo Carnaval, y el que se enfada desentona y se le tiene por mal educado.
- La gente de leva se había educado en el heroísmo, sin más que dos horas de aprendizaje, y nuestro navío, por su defensa gloriosa, no sólo era el terror, sino el asombro de los ingleses.
- Sus modales eran suaves y más parecía un iluminado antiguo, cuya demencia se elaboraba en la soledad claustral, que el insensato de estos tiempos, educado para el manicomio en los febriles apetitos de la sociedad presente.
- El primo Rafael, amante rabioso de los placeres y obligado a reprimir sus deseos en la atmósfera de sórdida avaricia en que se había educado, lanzóse sin temor a saciar sus apetitos al verse dueño de la fortuna de su esposa.
- Pronto volvía la fe, que se afanaba en conservar y hasta fortificar con el terror de quedarse a obscuras y abandonada si la perdía volvía a desmoronar aquella torrecilla del orgulloso racionalismo, retoño impuro que renacía mil veces en aquel espíritu educado lejos de una saludable disciplina religiosa.