Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "egoísta" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra egoísta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y es egoísta!
- él no era egoísta.
- Es un egoísta y un canallita.
- Pero para ser egoísta hay que saber.
- Pero este egoísta no ve nada de eso.
- ¡Egoísta, pensó don Víctor al quedarse solo.
- Ni es orgulloso, ni es egoísta, ni es distraído.
- Era un egoísta, un grosero, un hombre sin educación.
- Complacíase en acusar a éste, a Ramiro, de egoísta.
- En el fondo, el capitán era más egoísta y avaro que cruel.
- Era una muchacha decidida, un poco seca, dominadora y egoísta.
- Que si es un orgulloso, que si un egoísta, que si un distraído.
- Ahora no era más que un egoísta, no vivía más que para su pasión.
- ¿Es que supones que el hombre de hoy es menos egoísta y cruel que el de ayer?
- Una pobre como ella, voluble, egoísta o adúltera le parecía una cosa monstruosa.
- En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta.
- Iturrioz le pareció un hombre seco y egoísta, que lo tomaba todo con indiferencia.
- No le podía soportar, le encontraba petulante, egoísta, necio, pagado de sí mismo.
- Se creía en sus momentos de fe egoísta, admirada por el Ojo invisible de la Providencia.
- Era un egoísta, no pensaba en su pobrecita mujer, sino en su comodidad, en sus caprichos.
- Realmente, la naturaleza es pródiga con el hombre egoísta y con la mujer voluble e insensible.
- Estaban de acuerdo en considerarle egoísta, mezquino, sórdido, incapaz de hacer nada por nadie.
- Ana vivía a merced de los caprichos de su padre, viejo loco y egoísta, que no la dejaba hablar con nadie.
- Su hablar era más áspero, su genio, más egoísta e impaciente, sus deseos y órdenes se expresaban en forma más dura.
- A pesar de este deseo de incomunicación, el viejo egoísta se aburría y quería que fuera gente, pero sólo a distraerle a él.
- Egoísta hasta la brutalidad, era derrochador para sus placeres y tacaño feroz cuando se trataba de las necesidades de los demás.
- ¿Es usted un hombre egoísta, un poco cruel, fuerte, sano, resistente para el dolor propio e incomprensivo para los padecimientos ajenos?
- Y este mismo placer, esta complacencia egoísta, que ella no podía evitar, que la sentía aun repugnándole sentirla, era nuevo remordimiento.
- Pero cuando iba más determinado a hacerlo, tropezaba en la egoísta tranquilidad del señorito y en la resistencia pasiva, incontrastable del mayordomo.
- Más inútil y egoísta aún, nunca quiso hacer nada, ni estudiar ni trabajar, y le habían colocado en una oficina del Estado, adonde iba solamente a cobrar el sueldo.
- Todo era falso, frío, necio, en aquel papel escrito por un egoísta incapaz de amar de veras a los demás, y no menos inepto para saber ser digno en las circunstancias en que la suerte y sus crímenes le habían puesto.
- Parecía que la leñosa corteza se le iba cayendo, poco a poco, al marqués, y que su corazón bravío y egoísta se inmutaba, dejando asomar, como entre las grietas de la pared, florecillas parásitas, blandos afectos de esposo y padre.
- Eso es malo, eso es despreciar los caminos naturales de la piedad, es despreciar con orgullo egoísta la sana moral, pretendiendo, por abismos y cieno y toda clase de podredumbre, llegar a donde los justos llegan por muy diferentes pasos.
- ¡por un don Juan de similor, por un elegantón de aldea, por un parisién de temporada, por un busto hermoso, por un Narciso estúpido, por un egoísta de yeso, por un alma que ni en el infierno la querrían de puro insustancial, sosa y hueca!
- Si algo en ella temía el engaño, veía el sofisma debajo de aquella gárrula turba de ideas sublevadas, que reclamaban supuestos derechos, Ana procuraba ahogarlo, y como engañándose a sí misma, la voluntad tomaba la resolución cobarde, egoísta, de dejarse ir.
- Señores, decía a gritos después de tomar café, cerca del gabinete del tresillo, si aquí se habla de las graves cuestiones de la inmortalidad del alma, que yo niego por supuesto, de la Providencia, que yo niego también, o toman ustedes la cosa a broma, a guasa, como dicen ustedes, o sólo se preocupan con el aspecto utilitario, egoísta, de la cuestión.