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Ejemplos de oraciones con la palabra enamorado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra enamorado en el contexto de una oración.

Término enamorado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "enamorado" aquí tienes una selección de 78 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra enamorado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Era un enamorado.
  • Yo estaba enamorado.
  • Y está enamorado como un tonto.
  • Comprendía que estaba enamorado.
  • Nadie se había enamorado de ella.
  • Vamos, se le tomaría por enamorado.
  • ¿Pero no está usted enamorado de ella?
  • Don Víctor estaba enamorado de Perales.
  • ¡Curiosón! ¡el que no está enamorado!
  • Sí, Ana, está enamorado de usted, loco, loco.
  • ¡Aquel señor canónigo estaba enamorado de ella!
  • ¿No podía aquel señor haberse enamorado de ella.
  • Se había enamorado de Perales, que la había robado.
  • ¡Dice que no está enamorado y la compara con la Virgen!
  • Sentía desvanecida su autoridad sobre el enamorado joven.
  • Ese hombre está enamorado de otra mujer, y tú la conoces.
  • Pero Juanito, como enamorado, tardó en cumplir sus promesas.
  • La Regenta no sabía que aquel chico estaba enamorado de ella.
  • Su primo Antonio, el molinero, estaba enamorado de la doncella.
  • En los libros aquello se llamaba estar enamorado platónicamente.
  • En la vida lo anómalo era encontrar un hombre enamorado de verdad.
  • Bah, la que sujeta a Mesía, la mujer que le tiene enamorado de veras.
  • Todavía no había salido la luna y esto salvó al salteador enamorado.
  • Que tenía fama entre ciertas gentes mal pensadas de enamorado y atrevido.
  • Pensó en Mesía, el tentador, y pensó en el Magistral enamorado, celoso.
  • El enamorado oía con júbilo estas palabras, que eran para él un gran consuelo.
  • El enamorado Albizu era hombre de mucha fuerza y muy nervioso, flaco, alto, seco.
  • A Ramiro, tío, se le ha metido Rosa por los ojos y cree estar enamorado de ella.
  • Enamorado cada vez más de Tónica, le halagaba la idea de casarse inmediatamente.
  • Y desde aquel día, el enamorado, sin abusar de la tolerancia, continuó sus visitas.
  • Dijo el enamorado que tenía mucha hambre, y ella le recomendó una chispita de paciencia.
  • Realmente yo no estaba enamorado, porque discurría fríamente, con tranquilidad completa.
  • Cuando el enamorado se iba a su casa, llevaba en sí la impresión de Fortunata transfigurada.
  • Se casó, creyendo que un hombre grave, que tan enamorado se mostraba, no podía serle infiel.
  • Era el león enamorado de una doncella, decía elegantemente Glocester, una fiera sin dientes.
  • Yo no le había dicho claramente que estaba enamorado de ella y que aspiraba a hacerla mi mujer.
  • En aquellos momentos se creía enamorado de veras, y se creía y se sentía de veras interesante.
  • ¿Por qué don Álvaro no había de estar tan enamorado como la historia de Visita daba a entender?
  • Sí, enamorado como un hombre, no con el amor místico, ideal, seráfico que ella se había figurado.
  • Sí, él era como un eunuco enamorado, un objeto digno de risa, una cosa repugnante de puro ridícula.
  • Que don Álvaro estaba enamorado de la Regenta, o por lo menos quería enamorarla, como a tantas otras.
  • Por su parte se confesaba todo lo enamorado que él podía estarlo de quien no fuese don Álvaro Mesía.
  • Podía él estar todo lo enamorado que quisiera, pero ella jamás le otorgaría el favor más insignificante.
  • Cacochipi se convenció de que, como le había dicho Arizmendi, era un estúpido y de que además estaba enamorado.
  • Realmente no sé si estaba enamorado, pero sí que pensaba en Dolorcitas a todas horas, con una mezcla de angustia y de cólera.
  • La verdadera piedad consistía en hacer feliz a tan cumplido y enamorado caballero como el señor Quintanar, su paisano y amigo.
  • Ana sorprendió alguna de aquellas miradas rápidas y compadeció al enamorado galán, sin tomar a mal su curiosidad indiscreta.
  • Pero que estaba enamorado hasta las gachas, reduciéndose a declararlo con delicadezas, complacencias y puntualidades muy expresivas.
  • Importaba mucho al jefe del partido liberal dinástico de Vetusta que Paquito le creyera enamorado de aquella manera sutil y alambicada.
  • Cuando el motor daba sus vueltas con celeridad, el enamorado, sin saber por qué y obedeciendo a un impulso de su sangre, avivaba el paso.
  • Y ¡mayor vergüenza todavía! otros dos años había empleado en merecer el poeta Trifón Cármenes, enamorado líricamente de la Regenta.
  • Quintanar, en cambio, le abría los brazos y le estrechaba con efusión, cada día más enamorado, como él decía, de aquel hermoso figurín.
  • De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redención de su querida, nada le parecía tan urgente como enseñarla a escribir y a leer bien.
  • Pero cuando se cerró otra vez, pareciole al enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el vastísimo reino de las puertas.
  • Queríala más ahora que nunca, pero claramente sentía que no era aquel amor de amante, amor de esposo enamorado, sino como de amigo tierno, y de padre.
  • A Quintanar se le dijo que se convidaba a De Pas para ver a Obdulia coquetear con el clérigo, y al pobre Bermúdez, enamorado de la viuda, rabiar en silencio.
  • Estos ataques de la lujuria animal solían ser a las altas horas de la noche, cuando el enamorado salvaje se eternizaba sobre su banco, para esperar la soledad.
  • Hasta Conchita, a pesar de su carácter iracundo y malhumorado, considerábase dichosa al ver que Roberto volvía al redil, mostrándose más enamorado que antes.
  • Al volver de Plencia ya comprometido a casarse y enamorado de su novia, quiso saber qué vuelta llevó Fortunata, de quien no había tenido noticias en tanto tiempo.
  • Pues entonces nada debía negar a su mujer, de la que cada vez se sentía más enamorado, sin duda porque ella correspondía a sus caricias con una frialdad complaciente.
  • El secreto de Lamela era que estaba enamorado, pero enamorado de verdad, de una mujer de la aristocracia, una mujer de título, que andaba en coche e iba a palco al Real.
  • ¡qué amarga era la ironía de la suerte! ¡Él, él iba a disparar sobre aquel guapo mozo que hubiera hecho feliz a Anita, si diez años antes la hubiera enamorado! ¡Y él.
  • Buena prueba era él mismo, que a pesar de sentirse enamorado por modo angélico, caía una y otra vez en groseras aventuras, y satisfacía como un miserable los apetitos más bajos.
  • Si este hombre, pensó, enamorado de la Regenta, desairado por ella, se volviera loco de repente al verme, creyéndome su rival y se echara sobre mí a puñetazo limpio aquí, a solas.
  • Y a la salida del túnel, el enamorado esposo, después de estrujarla con un abrazo algo teatral y de haber mezclado el restallido de sus besos al mugir de la máquina humeante, gritaba.
  • Soñaba con la gruta fresca y sombría del Cíclope enamorado, y gozaba mucho, con cierta melancolía, trasladándose con sus ilusiones a aquella Sicilia ardiente que ella se figuraba como un nido de amores.
  • El Magistral gozaba encontrando dentro de sí semejante hombre, más fuerte que nunca, decidido a todo, enamorado de la vida que tiene guardados para sus predilectos estos sentimientos intensos, avasalladores.
  • ¡Oh! si la veía, la hablaba, le decía que sin ella ya no podía vivir, que venía a rondar su casa como un enamorado de veinte años platónico y romántico, que se contentaba con ver por fuera aquel paraíso.
  • El sobrino del cura de Boán, estudiante de derecho, muy enamorado de condición, hablaba de mujeres, ponderaba la gracia de las señoritas de Molende y la lozanía de una panadera de Cebre, muy nombrada en el país.
  • El círculo de la nobleza se abrió para acoger en su seno a la Hija pródiga de la Sociedad, como acertó a decir el barón de la Barcaza, que in illo tempore había estado muy enamorado de Anita, a pesar de la señora baronesa e hijas.
  • Habíase enamorado de la hija del Fraile, no repentinamente y a la primera mirada, como los protagonistas de aquellas novelas que con tanta fruición leía, su pasión se había formado lentamente, por escalones que poco a poco había ido subiendo.
  • ¿Qué cosa mejor que aquella pasión ideal, aquel afán por una buena obra, aquella abnegación, a que se proponía entregarse, para combatir la tentación cada vez más temible del recuerdo de Mesía, que estaba en Palomares enamorado de la ministra?
  • Las ideas tristes habían volado como pájaros de invierno, Ana se había visto en el paseo de San Blas rodeada del mundo, agasajada, y a su lado iba don Álvaro Mesía, enamorado, triste de tanto amor, resignado, cariñoso sin interés, suave y tierno, sin esperanza.
  • Tenía arranques de lirismo casero, se enternecía reuniendo toda la familia en la mesa, y él, por no contrariarla, permanecía en Burjasot, víctima de las contradicciones de su carácter, tan pronto atraído por la querencia a la cocina, como pensando en Tónica con la dulce nostalgia del enamorado.
  • Era la impura lascivia, se había enamorado de la carne fofa, y de menos todavía, de la ropa del sastre, de los primores de la planchadora, de la habilidad del zapatero, de la estampa del caballo, de las necedades de la fama, de los escándalos del libertino, del capricho, de la ociosidad, del polvo, del aire.
  • Puedes hacerte cargo de mi tormento, y de lo que yo sufriría teniendo que considerar y proteger, por escrúpulo de conciencia, a una mujer que no me inspira ningún afecto, ninguno, y que últimamente me inspiraba antipatía, porque Fortunata, créelo como el Evangelio, es de tal condición, que el hombre más enamorado no la resiste un mes.
  • Cuando se convenció de que don Fermín, por mucho que disimulase, estaba enamorado como un loco de la Regenta, furioso de celos, y de que no había sido su amante ni con cien leguas, y de que a ella, a Petra, sólo la había querido por instrumento, la ira, la envidia, la soberbia, la lujuria se sublevaron dentro de ella saltando como sierpes.
  • ¡Vergüenza le daba confesárselo a sí propio! ¡Dos años hacía que ella debía creerle enamorado de sus prendas! Sí, dos años llevaba de prudente sigiloso culto externo, casi siempre mudo, sin más elocuencia que la de los ojos, ciertas idas y venidas y determinadas actitudes ora de tristeza, ora de impaciencia, tal vez de desesperación.