Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra enamorarse

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra enamorarse en el contexto de una oración.

Término enamorarse: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "enamorarse" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra enamorarse para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Tú no crees en la posibilidad de enamorarse?
  • Era pecado enamorarse de él, porque era clérigo.
  • Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo.
  • Aquel hombre fallido enamorarse así, ¡y de quién!, ¡de una mujer perdida.
  • Es como enamorarse de un tordo en jaula, si habla, y si calla, de un retrato.
  • Pero Olvido tuvo la mala ocurrencia de enamorarse místicamente (así se decía ella) del Magistral.
  • Sus lindos ojos estaban ya declarando la sazón de su alma o el punto en que tocan a enamorarse y enamorar.
  • El verdadero amor es el espiritual, y la única manera de amar es enamorarse de la persona por las prendas del alma.
  • Una cosa es enamorarse de la muerte, y otra cumplir nuestras obligaciones mientras no llega el momento dijo doña Lupe con naturalidad.
  • Los calaveras cincuentones resultan terribles por su candidez, y aunque los aíslen, son capaces de enamorarse de la criada de la casa.
  • Cuando volvió a su memoria se encontró con que no era don Fermín un malvado, sino un desgraciado, pero de todas suertes le parecía absurdo enamorarse siendo canónigo.
  • No pensaba, Dios la librara, que Ana fuera capaz de enamorarse de un cura como la escandalosa Obdulia o la de Páez, tonta y maniática que despreciaba las buenas proporciones y cuando chica comía tierra.
  • Pero una vez que el siglo estaba metalizado y las muchachas no sabían enamorarse, ella quería utilizar, si era posible, la hermosura de Ana, que si se alimentaba bien sería guapa como su padre y todos los Ozores, pues lo traían de raza.
  • Tenía un presentimiento vago de no volverla a ver, no porque ella se muriese, sino porque dentro del convento y contagiada de la piedad de las monjas, podía chiflarse demasiado con las cosas divinas y enamorarse de la vida espiritual hasta el punto de no querer ya marido de carne y hueso, sino a Jesucristo, que es el esposo que a las monjas de verdadera santidad les hace tilín.
  • Como en uno de los sucesivos jueves dijera algo acerca de lo que le había gustado la fiesta de Pentecostés, la principal del año en la comunidad, y después recayera la conversación sobre temas de iglesia y de culto, expresándose la neófita con bastante calor, Maximiliano volvió a sentirse atormentado por la idea aquella de que su querida se iba a volver mística y a enamorarse perdidamente de un rival tan temible como Jesucristo.