Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra encantado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra encantado en el contexto de una oración.

Término encantado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "encantado" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra encantado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Él está encantado.
  • Lo que abarcaba la vista le dejó encantado.
  • No se atrevía el rapaz ni a volver la cabeza, de puro encantado.
  • Quintanar está encantado, y se me figura que tiene un poco de envidia.
  • Andrés estaba cada vez más encantado de su mujer, de su vida y de su casa.
  • Yo creo que hubiese encantado al autor de La Voluntad de la Naturaleza, o sea, Schopenhaüer.
  • Dejó caer sobre la alfombra La Etelvina, novela que había encantado su juventud, y exclamó.
  • De Pas visitaba a menudo a la Regenta, y estaba encantado de los progresos que la piedad más pura hacía en aquel espíritu.
  • Maximiliano estaba encantado, y no atreviéndose a desplegar los labios, daba su asentimiento con una sonrisa, sin quitar los extáticos ojos de aquel semblante que le parecía angelical.
  • Esto sí que tiene carácter pensaba Moreno oyéndola, y durante un rato tuviéronle encantado las cadencias graciosas, aquel amoroso gorjeo que no saben imitar las celebridades del teatro.
  • Sus padres habían muerto, y el fabricante de sedas, en vista de su ingenio despierto, encantado por sus agudezas y recordando que lo sostuvo en la pila bautismal, hizo el inaudito sacrificio de recogerlo y darle carrera.
  • Al pasar ella por segunda vez, quedó como encantado, con una pierna de cordero en la diestra sin dársela á su panzudo patrón, que en vano la esperaba, y el cual, soltando un taco redondo, llegó á amenazarle con su cuchilla.
  • Y mientras tanto, escuchaba a Tónica, cuidando de ladear el paraguas para que la cubriera bien, y mirando al suelo, como encantado por el trozo de enagua blanca al descubierto y las pequeñas botinas que saltaban los charcos con una graciosa ligereza de pájaro.
  • Y cuando el cerril retoño estaba más encantado en la contemplación de una maravilla nunca vista en el lugar, el autor de sus días se escurría entre el gentío, y al volver el muchacho en sí, ya el padre salía montado en el macho por la Puerta de Serranos, con la conciencia satisfecha de haber puesto al chico en el camino de la fortuna.