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Ejemplos de oraciones con la palabra encogía

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra encogía en el contexto de una oración.

Término encogía: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "encogía" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra encogía para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y encogía los hombros.
  • Visita encogía los hombros.
  • La Marquesa encogía los hombros.
  • El marqués se encogía de hombros.
  • La marquesa se encogía de hombros.
  • Doña Rufina se encogía de hombros.
  • Ni el verano le sofocaba, ni el invierno le encogía.
  • Jesús se encogía, todo el cuerpo tendía a encaramarse, pero los verdugos forcejeaban.
  • Y como viera que su marido se encogía de hombros indicando que la cosa era sumamente grave, exclamó.
  • Doña Paula encogía los hombros y Froilán reía pasando la mano por las barbas de puerco espín que tenía debajo del mentón afeitado.
  • Pero al mirar desde la borda aquella agua espumosa y gris, al pensar que era indispensable lanzarse a ella, me daba el vértigo y se me encogía el corazón.
  • Doña Paula miraba a su hijo y a Teresina alternativamente, encogía los hombros cuando no la veían ni la doncella, que iba y venía con platos y fuentes, ni su hijo que miraba al mantel distraído, comiendo por máquina y muy poco.
  • Mesía al decir esto encogía los hombros con un gesto de desesperación humorística que a él y a sus adoratrices se les antojaba muy interesante, byroniano (si las adoratrices sabían de Byron.) Y ella es hermosa, Alvarín, hermosa, hermosa.
  • A don Tomás le llamaban Frígilis, porque si se le refería un desliz de los que suelen castigar los pueblos con hipócritas aspavientos de moralidad asustadiza, él se encogía de hombros, no por indiferencia, sino por filosofía, y exclamaba sonriendo.
  • Dejaba los ademanes acompasados, suaves, académicos, y encogía las piernas, se bajaba como un cazador en acecho, para disparar sobre el argumento contrario, daba palmadas rápidas, sin medida sobre el púlpito, se arrugaba su frente, se erizaban las puntas de acero que tenía en los ojos, y la voz se transformaba en trompeta desapacible y algo ronca.