Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "encontraría" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra encontraría para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Creo que encontraría una fórmula nueva.
- Pues cada día le encontraría más gracia.
- Seguramente los encontraría en casa de Copa.
- En el cajón de la mesita encontraría el dinero.
- Al pequeñín lo encontraría muerto al volver á su barraca.
- La persona más severa y amiga de censurar no encontraría qué.
- Y la falda, ¡qué elegante! ¿Dónde se encontraría aquella tela?
- ¿Pero qué gracia le encontraría su mujer a la soledad de Vetusta?
- Con esto y tres sardinas que encontraría en el vasar tenía bastante.
- Allí, en su celda, se encontraría muy bien, muy tranquilo y a gusto.
- A mí me llamaban feúcha y bizca, y me aseguraban que no encontraría marido.
- Tal vez él como hombre experto en los negocios, encontraría el medio de salir a flote.
- Pero Yurrumendi aseguraba que, aunque fuera de cien millas, no se encontraría el fondo.
- Si la señorita necesitaba un amigo, un defensor, ¿en quién lo encontraría más que en él?
- Estoy seguro de que Hortensia le encontraría el defecto de que no estaba muy enterado de marinería.
- Pues bien, ya podía anunciar a su amada con indecible gozo que cuando entrara en la nueva casa, encontraría en ella las prendas de vestir y de adorno que la infeliz había arrojado al mar el día de su naufragio.
- Iii Comió Rubín aquella noche sosegadamente con su tía, contándole algo de lo que había visto y oído en el café, a lo que respondió la gran señora expresándole su deseo de que no fuese más a aquel establecimiento, por estar muy lejos, y porque en él siempre encontraría una sociedad inculta y ordinaria.
- III La revolución vencida i Quien supiera o pudiera apartar el ramaje vistoso de ideas más o menos contrahechas y de palabras relumbrantes, que el señorito de Santa Cruz puso ante los ojos de su mujer en la noche aquella, encontraría la seca desnudez de su pensamiento y de su deseo, los cuales no eran otra cosa que un profundísimo hastío de Fortunata y las ganas de perderla de vista lo más pronto posible.
- Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su parva o desayuno, el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país mataburrillo, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre bromas y risotadas! ¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en la sala de la rectoral?