Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "enfado" aquí tienes una selección de 21 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra enfado para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No me enfado.
- Si no me enfado.
- No, si no me enfado.
- Hasta cuando me enfado es bonito.
- Se enfadó tanto, que concluimos mal.
- ¿A ver cómo me pongo cuando me enfado?
- Es usted un poco materialista, pero yo no me enfado.
- Mi tía se enfadó porque deseaba para mí el dinero contante.
- En sus miradas se expresaba alternativamente la timidez, la audacia y el enfado.
- Ella hablaba mientras tanto, desahogando el enfado que le causaban sus parroquianas.
- Vosotros que le azuzáis díjoles la tiita, que en alguien tenía que descargar su enfado.
- Luego se arreglaba la mantilla con tirones de enfado, no encontrándola nunca de su gusto.
- ¡Estoy harta de tener calma! exclamó con enfado Nucha, como el que oye una gran simpleza.
- A Mary no le hizo mucha gracia el abrazo que di a su amiga, pero se le pasó pronto el enfado.
- Lo que yo quería, Eugenio, era pedirle que me dispensase el enfado que tomé allá en la mesa.
- En fin, dijeron que se querían ir al Prado a bureo un poco, y yo, que si no lo tenían a enfado, que los acompañaría.
- Si no me enfado, si te quiero más que a mi vida, si por verte contenta, firmaba yo ahora un contrato de catarro vitalicio.
- La mujer, recelando alguna gran pesadumbre, se llegó a él, y le enfadó tanto con las acostumbradas importunidades, que dijo.
- Ballester, que no comprende esto, ni lo comprenderá nunca, se enfadó conmigo y no me quería dar papel y tinta para escribir la fórmula y dejarla consignada.
- Batiste se enfadó al saber que dejaba abandonado el caballo en medio del campo, y el muchacho, enjugándose las lágrimas, salió corriendo para traer la bestia al establo.
- Pero había que repetir la frase sacramental, las excusas de rúbrica, y mientras todos aseguraban que no tenían sed y preguntaban con enfado a los dueños de la casa por qué se molestaban, la lengua, seca por el calor, parecía pegarse al paladar, y los ojos se iban tras las tazas de filete dorado que contenían el humeante chocolate, las anchas copas azules, sobre las cuales erguían los sorbetes sus torcidas monteras rojas o amarillas, y las maqueadas bandejas cubiertas de dulces.