Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "enfermedad" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra enfermedad para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Eran una enfermedad.
- Pero no era enfermedad.
- ¡Vaya una enfermedad! Sí.
- Su enfermedad era melancólica.
- Así era la enfermedad de Anita.
- Una tisis, la enfermedad de moda.
- Es una enfermedad, es una manía.
- Sé que me costará una enfermedad.
- El dolor, la enfermedad, la muerte.
- La enfermedad de Ramiro se agravaba.
- No se trataba de una enfermedad aguda.
- Todo ello es enfermedad, es flato, nervios.
- Él debe conocer la marcha de la enfermedad.
- Si fuera una enfermedad grave, ¿qué harías?
- La encuentro peor de la enfermedad del cuerpo.
- Aquella idea de la enfermedad de Luisito le turbaba.
- Ya sabes cómo soy, parece que me amaga una enfermedad.
- Es que usted no está curada de su enfermedad del ánimo.
- Como que no es enfermedad lo que tiene, sino impaciencia.
- Aquella sumisión absoluta podía ser efecto de la enfermedad.
- El remedio ha sido peor que la enfermedad pensaba don Fermín.
- A usted no le ha de matar la enfermedad, sino la conversación.
- Yo averiguaré la enfermedad y si no es urgente bajará al cepo.
- Es una enfermedad que no tiene tratamiento específico aseguraba.
- Y puesto que ella los come, la causa del no salir, no es enfermedad.
- En resumen, una enfermedad que iba á costarle doce ó quince duros.
- Jamás había tenido enfermedad que le impidiera salir durante el día.
- No me causa espanto ninguna enfermedad, como no sea el mal de miserere.
- ¿Y de qué medios disponía él para conjurar la enfermedad y la muerte?
- Por la primera vez, después de su enfermedad, sintió la rebelión en el alma.
- La enfermedad había coincidido con ciertas transformaciones propias de la edad.
- Casi adquirieron la certeza de que el pobre caballo no saldría de la enfermedad.
- Y lo que él temía no era la enfermedad por la enfermedad, la vejez por la vejez.
- Declaró que la enfermedad no era grave, pero sí larga, y de convalecencia penosa.
- Pero si la enfermedad se agravaba, se inhibía, mandaba llamar a otro y no se ofendía.
- La enfermedad se agravó con las fuertes heladas con que terminó aquel año noviembre.
- No, guardaría el recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte.
- Hablaban de la guerra carlista, que seguía como una enfermedad crónica sin resolverse.
- Cuando recibió la carta de su hermana, pudo seguir la marcha de la enfermedad de Luisito.
- Aquello de Ana también era una enfermedad, y grave, sólo que él no sabía clasificarla.
- Yo le he dicho secretos de mi vida interior como quien revela síntomas de una enfermedad.
- En otras circunstancias, una enfermedad hubiese atraído inmediatamente innumerables visitas.
- Brillante se moría de una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar.
- Después de su enfermedad, desde que estuvo si la entrega o no la entrega, su vida es ejemplar.
- En cuanto se cercioraba de la miseria y de la enfermedad del pobre anciano, ya tenía bastante.
- IX EL DEVOCIONARIO DE ALLEN La enfermedad de mi tío Aguirre seguía aproximándose al desenlace.
- Ellas, que debían ser bien instituídas, como le sintieron la enfermedad, dejáronle para el que era.
- En una enfermedad del ama, el párroco pidió a Raíces su hija para reemplazar a Rita en su servicio.
- Jacinta no se convencía, y en cuanto a la enfermedad, su opinión era muy distinta de la de su suegra.
- Éste, en el curso de la enfermedad, quedó asombrado de la resistencia y de la energía de su hermana.
- Para librarse de la obsesión de la enfermedad del niño, se puso a estudiar como nunca lo había hecho.
- Aquella enfermedad misteriosa de Ana porque era una enfermedad, estaba seguro le preocupaba y le molestaba.
- Pero podría ser el remedio peor que la enfermedad, y al fin tendría usted que llorar para que me marchase.
- En aquel rostro consumido por la larga enfermedad, y bajo cuya piel fina se traslucía la ramificación venosa.
- Un enfermo que tomaba un poco de jarabe simple, y se encontraba curado de una enfermedad crónica del estómago.
- Vinieron los acólitos y ya yo estaba con un tocador en la cabeza por disimular la corona y fingir la enfermedad.
- Y al fin, un año después de abandonar la tienda, murió sin que los médicos supieran con certeza su enfermedad.
- Una vez en mangas de camisa ante su lecho, consideró que era un contratiempo serio la enfermedad de su queridísima Ana.
- Doña Lupe conocía tan bien la enfermedad, que no tenía más que verle para comprender el periodo de ella en que estaba.
- Pero el aburrimiento de su enfermedad le hizo desear la compañía de alguno de estos habladores mudos que llamamos libros.
- No habrían transcurrido muchos meses de nuestro matrimonio, cuando mi mujer murió, tras una larga y penosísima enfermedad.
- Después, ¡qué recuerdos tan penosos! A las tres las obsesionaba la enfermedad del caballo, como si éste fuese de la familia.
- Esto es una enfermedad del hígado, crónica, grave contestó Andrés, retirándose de la cama para que la muchacha no le oyera.
- Me comprometo a curarle a usted esa enfermedad de la imaginación que consiste en tener cariño al hombre indigno que la perdió.
- Bebía los vientos el desgraciado chico por hacerse querer, inventando cuantas sutilezas da de sí la manía o enfermedad de amor.
- En fin, habías de declarar todos, toditos los síntomas de esa maldita enfermedad, y darme palabra de hacer cuanto yo te mandare.
- El niño quedó abandonado en el camón del estudi, revolviéndose con los ojos empañados por la enfermedad, y balando débilmente.
- Empezó, pues, el primogénito de Rubín por prestarle en aquel delicado asunto de la enfermedad de Maxi la oficiosa ayuda que se ha visto.
- Le dijo a Andrés que al poco tiempo de llegar al hospital, la trasladaron a una sala de tíficos, y allí adquirió la enfermedad y murió.
- Cuando la enfermedad era clara, una viruela o una pulmonía, entonces la conocía él y la conocían las comadres de la vecindad, y cualquiera.
- Creyó que volvía a caer de repente en aquellos pozos negros del delirio en que se sentía sumergida en las noches lúgubres de su enfermedad.
- Una noche, aún no convaleciente de su enfermedad, producida por el despecho y la cólera, se levantó de la cama, en donde no podía dormir, y bajó al comedor.
- Allí estaba, sola, abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el dolor.
- VIII GERTRUDIS, que se había instalado en casa de su hermana desde que ésta dió por última vez a luz y durante su enfermedad última, le dijo un día a su cuñado.
- ¡Pillos! Hasta los había que se empeñaban en entrar después de haber sido de la riña en la que el pobre Pascualet cayó en la acequia, pillando su enfermedad mortal.
- Durante la enfermedad de su amiga, don Tomás Crespo, desconfiando del celo de Anselmo y de Servanda, y sin pedir permiso a nadie, se instaló en el caserón de los Ozores.
- Mas para que el triunfo fuese completo era menester que a Maxi le entrase una enfermedad asquerosa, repugnante y pestífera, de esas que ahuyentan hasta a los más allegados.
- Yo no niego que el alcoholismo crónico tenga parte en la enfermedad de Barinaga, pero sus efectos, sin duda, hubieran podido cohonestarse (así decía) con una buena alimentación.
- Los escalofríos que le hicieron temblar en el cementerio y se repitieron, cada vez más fuertes, durante la enfermedad que siguió a la gran mojadura, volvían de cuando en cuando.
- Pero la desesperación taciturna de su Fermo, complicada con una enfermedad misteriosa, de mal aspecto, que podía parar en locura, asustó a la madre que adoraba a su modo al hijo.
- Después de lo que sabes de la enfermedad de Ana, secreto que Benítez me impuso y que rompo por lo apurado del caso, después de saber que puede sucumbir ante una revelación semejante.
- ¡Es tan lógico, tan natural en el hombre huir del dolor, de la enfermedad, de la tristeza! Y, sin embargo, para él, el sufrimiento, la pena, la suciedad, debían de ser cosas atrayentes.
- En el delirio de la enfermedad grave y larga que Benítez combatió desesperado, lo que atormentaba el cerebro de Ana era el remordimiento mezclado con los disparates plásticos de la fiebre.
- El impulso que la había arrojado dentro de la capilla ¿era voz de lo alto o capricho del histerismo, de aquella maldita enfermedad que a veces era lo más íntimo de su deseo y de su pensamiento, ella misma?
- Pero así como el enfermo que no toma la medicina o que oculta su enfermedad, y el sano que no sigue el régimen que se le indica para conservar la salud, a sí mismos se hacen daño, a sí propios se engañan.
- Después de decirle que su enfermedad no había sido nada, la chulita se sentó junto a él, haciendo propósito de contarle la verdadera dolencia que sufría, que era puramente moral, y con los más graves caracteres.
- A pesar de que Andrés pretendía representarse el aspecto de Luisito enfermo, no se lo figuraba nunca atacado con la terrible enfermedad, sino alegre y sonriente como le había visto la última vez el día de la marcha.
- A Andrés le asombraba una filosofía tan extraña, por la cual el que posee salud, fuerza, belleza y privilegios tiene más derecho a otras ventajas que el que no conoce más que la enfermedad, la debilidad, lo feo y lo sucio.
- Ambas cosas le produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su inferioridad.
- La enfermedad había sido una lección, una lección olvidada, y aquella mañana, al sentir en el lecho la misma flaqueza, aquel desgajarse de las entrañas, que parecían pulverizarse allá dentro, aquel desvanecerse la vida en el delirio.
- Pero ¡Dios mío! ¡él no quería quebraderos de cabeza! Ya, cuando lo de la jubilación, fundada en una enfermedad que no tenía, le había costado gran trabajo arreglar sus papeles y pedir recomendaciones, y la jubilación era cosa temporal.
- Con el ajetreo que traía aquellos días, en los cuales hizo dos visitas a doña Lupe, celebró muchas conferencias con Juan Pablo y otra muy sustanciosa con Nicolás Rubín, que andaba desalado detrás de una canonjía, tuvo el buen señor una recaída en su enfermedad.
- Además, veía a su amiga demasiado inclinada a las especulaciones místicas, temía que cayera en el éxtasis, que tenía siempre complicaciones nerviosas, y era preciso evitar que pudiesen culparle a él de otra enfermedad probable, si Ana seguía aquel camino peligroso.
- ¡Bendito seáis vos, Señor quedé yo diciendo, que dais la enfermedad y ponéis el remedio! ¿Quién encontrara a aquel mi señor que no piense, según el contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama, y aun agora es de mañana, no le cuenten por muy bien almorzado?
- Pero sin incurrir en un fanatismo que pugnaba con todas sus convicciones de hombre de ciencia, como tenía dicho, podía admitir y admitía, aleccionado por la experiencia, que lo psíquico influye en lo físico y viceversa, y que la conversión repentina de don Pompeyo podría haber determinado una variación en el curso natural de su enfermedad.
- Misas a centenares, funerales a toda orquesta, limosnas a porrillo, y lágrimas y lamentos que afortunadamente tenía el poder de evitar con sus frases chistosas el doctor don Rafael Pajares, quien, como médico de alguna fama, había sido llamado en los últimos días de la enfermedad del marido, lo que aumentó la languidez de éste y su desesperado desaliento.
- Primero la ruina del protector que sostenía el prestigio de la casa y la de su hijo, con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios, e inmediatamente aquella enfermedad extraña, rápida como el rayo, que mataba por anticipado al pobre joven, pues le tenía inmóvil e insensible como un cadáver, sin otra vida que aquella respiración angustiosa que parecía asfixiar a los demás.
- Bailarinas de desecho, cantatrices inválidas, matronas del género serio demasiado sentimentales en su juventud pretérita, eran perseguidas, obsequiadas, regaladas y hasta aburridas por aquellos seductores de campanario, incapaces los más de intentar una aventura sin el amparo de su bolsillo o sin contar con los humores herpéticos de la dama perseguida, o cualquier otra enfermedad física o moral que la hiciesen fácil, traída y llevada.
- Híceme cargo de todo lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad, matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho siempre.
- La botica, los jaropes que él aborrecía, el miedo a equivocar las dosis, el pavor que le inspiraban las medicinas verdosas, creyendo que podían ser veneno (para don Víctor el veneno, a pesar de sus estudios físico químicos, siempre era verde o amarillo), las equivocaciones y torpezas de las criadas, las horas de hastío y silencio al pie del lecho de la enferma, las inquietudes naturales, el estar pendiente de las palabras de Somoza, el hablar con todos los que quisieran enterarse de la misma cosa, de los grados de la enfermedad.