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Ejemplos de oraciones con la palabra escuela

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra escuela en el contexto de una oración.

Término escuela: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "escuela" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra escuela para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La escuela estaba cerrada.
  • Fui, señora, a la escuela.
  • La escuela de los hidalgos.
  • Eso es, la escuela de los hidalgos.
  • Podrías tener una escuela de párvulos.
  • ¡Yo! ¡A la escuela! exclamaba Martín.
  • El maestro de escuela, suplicante, imploró.
  • Libros, apenas si se veían tres en la escuela.
  • Usted es de la escuela de mi hermano Juan Pablo.
  • O le haremos ir a la escuela, que será lo mejor.
  • ¡Más te valía ir a la escuela! le decía Catalina.
  • Las más pequeñas y los varoncitos iban a la escuela.
  • De cómo fue a la escuela y lo que en ella le sucedió.
  • ¡Qué dirían de su escuela, templo de la buena crianza!
  • El entierro de Cristo era la venganza de toda la escuela.
  • Al primer golpe, el maestro de escuela perdió el sentido.
  • V LA TÍA ÚRSULA Tardé bastante tiempo en ir a la escuela.
  • Muchas veces dejaba de ir a la escuela con Zelayeta y Recalde.
  • Más valdría que sus padres lo hubiesen mandado a la escuela.
  • Así habló un maestro de escuela perseguido por su liberalismo.
  • Tráiganme lo que quieran, que tengo más hambre que un maestro de escuela.
  • Esto no es una manifestación anti católica observó el maestro de escuela.
  • En cambio, educaba a nuestro perro y a la mona Mari Zancos, a la alta escuela.
  • Después la vida le había hecho hombre, había seguido la escuela de su madre.
  • Aquella tarde, con motivo del infausto suceso palabras de él, no había escuela.
  • Ir a buscarla al salir de la escuela para acompañarla a casa, era mi sueno de oro.
  • ¡Que forme toda la escuela! La gente del camino se había aproximado á la barraca.
  • El uno era un maestro de escuela y el otro un expartidario de la guerrilla del Cura.
  • Ni un sábado había dejado de entregar á sus hijos los dos cuartos para la escuela.
  • Los viernes, al salir de la escuela, oían invariablemente todos ellos el mismo discurso.
  • X LAS INDIGNACIONES DE SHACU Recalde, Zelayeta y yo ingresamos en la Escuela de Náutica.
  • Algunas tardes oíase un melancólico son de esquilas, y toda la escuela se agitaba de contento.
  • A pesar de sus advertencias, al salir de la escuela echaba a correr hasta las escaleras del muelle.
  • Hay muchos que pertenecen todavía a la escuela de Estupiñá, que reñía a los que iban a comprar.
  • Los dos pequeños ya no iban á la escuela, por miedo á las peleas que debían sostener al regreso.
  • En el patio de la Escuela de Arquitectura, grupos de estudiantes esperaban a que se abriera la clase.
  • Quizá por esto me crié enfermizo, y el médico aconsejó a mi madre que no me llevara a la escuela.
  • Nadie se ocupaba de él, no compartía con los demás chicos la escuela y huroneaba por todas partes.
  • Victorio, el sobrino del prestamista, prometía ser un gerifalte como el tío, aunque de otra escuela.
  • ¡Muerto de hambre y enterrado como un perro! exclamó el maestro de escuela perseguido por sus ideas.
  • Algunas se iban a sus dormitorios, y otras tendíanse en el suelo de la sala de labores o de la escuela.
  • Estaba el que va para la escuela con su cartera de estudio, y el pillete descalzo que no hace más que vagar.
  • El Magistral reanimó también el espíritu de la escuela con chascarrillos morales y apólogos joco místicos.
  • En esos niños que se dirigen con sus carteras a la escuela y se entretienen un momento jugando en una esquina.
  • Decía con tristeza que no aprendería jamás, y se lamentaba de que en su niñez no la hubieran puesto a la escuela.
  • Después de muchas súplicas y reclamaciones, conseguí libertad para ir y venir a la escuela sin rodrigón vigilante.
  • Su espíritu se había empapado allí de la pasión de escuela, que suple muchas veces al entusiasmo de la verdadera fe.
  • En aquel momento los chicos de la escuela volvían de rezar de la ermita por nosotros y nos contemplaban con admiración.
  • A los pocos días de entrar en la escuela entablé amistad con dos chicos que han seguido siendo amigos míos hasta ahora.
  • En esta época, los chicos no iban tanto a la escuela como ahora, y Martín pasó mucho tiempo sin sentarse en sus bancos.
  • Doña Pepa dijo á su mujer, llévese usted al señor de Borrull, que está indispuesto, y límpielo detrás de la escuela.
  • Los pequeños ya no asistieron á la escuela, Roseta dejó de ir á la fábrica y Batistet no daba un paso más allá de sus campos.
  • Recuérdenlo ustedes á sus señoras madres y háganlas saber que el que mañana no traiga los dos cuartos no entrará en la escuela.
  • En la sala de escuela había dos o tres grupos de mujeres sentadas en los bancos, con la cabeza y el busto descansando sobre las mesas.
  • ¿y qué mejor que casarse con una mujer hacendosa, aleccionada en la escuela del trabajo y la economía, y que supiera ser ama de su casa?
  • VIII CORRERÍAS DE CHICO Tanto me habían hablado de la maldad de los chicos, que fuí a la escuela como un borrego que llevan al matadero.
  • Esta casta de perdidas que en Francia tanto abunda, como si hubiera allí escuela para formarlas, apenas existe en España, donde son contadas.
  • Pues lo primero que tienen ustedes que hacer indicó la Pacheco, es poner una escuela a esos dos tagarotes y a la berganta de su niña pequeña.
  • Cuando tuvo edad para ello, fue a la escuela de una tal doña Calixta, sita en la calle Imperial, en la misma casa donde estaba el Fiel Contraste.
  • El señor Ripamilán, canónigo, dijo que los versos eran regulares, acaso buenos, pero de una escuela romántico religiosa que a él le empalagaba.
  • Maximiliano veía desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de Serrano.
  • Ayudábala a comprar bien un antiguo catedrático de psicología, lógica y ética, gran partidario de la escuela escocesa y de los embutidos caseros.
  • El capitán me presentó en la escuela de San Fernando y me llevó a casa de una señora conocida suya en esta ciudad, para que me tuvieran de huésped.
  • El ruido lento y monótono que surgía entre los árboles era el de la escuela de don Joaquín, establecida en una barraca oculta por la fila de álamos.
  • Interrumpiendo su ristra de lugares comunes, dichos campanudamente, como si estuviera en la escuela, añadió en voz baja, guiñando maliciosamente los ojos.
  • A Martín Zalacaín le había odiado desde pequeño cuando Martín le calentó las costillas al salir de la escuela, el odio de Carlos se convirtió en furor.
  • Pero si se intenta volver con la imaginación a la época, se comprende que los primeros días de la escuela han sido de los más sombríos y lamentables de la vida.
  • Había habido un soplo, cosa de envidiosos, y el Provisor sabía que Contracayes (el cura) tenía la debilidad de convertir el confesonario en escuela de seducción.
  • El chico era dócil, modesto, había bebido en buenas fuentes, era de nuestra escuela, y toda su ilusión consistía en conquistarse una posición sin perder la honra.
  • Un día, al salir de la escuela, Carlos Ohando, el hijo de la familia rica que dejaba por limosna el caserío a la madre de Martín, señalándole con el dedo, gritó.
  • Cualquiera que sea la secta o escuela que le sorbe el seso a tu marido, tenemos ya noventa y seis probabilidades contra cuatro de que te reciba con los brazos abiertos.
  • Martín frecuentó la escuela durante algunos meses, pero le tuvo que sacar Tellagorri antes del año porque se pegaba con todos los chicos y hasta quiso zurrar al pasante.
  • Siendo niña, Estupiñá la llevaba a la escuela de la rinconada de la calle Imperial, y por Navidad iba con él a ver los nacimientos y los puestos de la plaza de Santa Cruz.
  • Pues como viera los alumnos de la Escuela Pía, con su uniforme galonado y sus guantes, tan limpios y bien puestos que parecían caballeros chiquitos, se los comía con los ojos.
  • Don José se asomó a la puerta, echando a la pareja una mirada de maestro de escuela que inspecciona el aula en que estudian sus alumnos, y vuelta a pasearse sin hacer caso de nada.
  • Estas bajaban a la cocina, aquellas subían a la escuela y salón de costura, y otras, quitándose las tocas y poniéndose la falda de mecánica, se dedicaban a la limpieza de la casa.
  • En fin, si vinieran más chicos á mi templo, digo, á mi escuela, y si los padres, en vez de emborracharse, pagasen puntualmente como usted, señor Bautista, de otro modo andaría esto.
  • De la escuela de San Fernando saldría piloto primero, después haría un par de viajes y luego don Ciriaco se retiraría, dejándome que le substituyera en el mando de la Bella Vizcaína.
  • Castita Moreno, aquella presumida amiga de Barbarita en la escuela de la calle Imperial, había nacido en los Morenos ricos y fue a parar, con los vaivenes de la vida, a los Morenos pobres.
  • Y pensando en esto, recordaba confusamente la poca geografía aprendida en la escuela, las innumerables consejas que había oído relatar sobre la influencia de los astros sobre los hombres.
  • Sucedió, pues, uno de los primeros que hubo escuela por Navidad, que viniendo por la calle un hombre que se llamaba Poncio de Aguirre, el cual tenía fama de confeso, que el don Dieguito me dijo.
  • Y algo se asemejaba Barbacana al tipo de los san Jerónimos de escuela española, amojamados y huesudos, caracterizados por la luenga y enmarañada barba y el sombrío fuego de las pupilas negras.
  • Pero Fortunata se las componía para volver a lo mismo, a que ella y la Delfina iban a ser uña y carne, y a que su conducta en lo sucesivo había de ser como de quien está en escuela de serafines.
  • Por una de estas anomalías clásicas de España, aquellos estudiantes que esperaban en el patio de la Escuela de Arquitectura, no eran arquitectos del porvenir, sino futuros médicos y farmacéuticos.
  • Muchos periódicos de Madrid y provincias, pero en particular La Gaceta Económica, que era el órgano más autorizado de la escuela economista, reprodujeron dichos trabajos, elogiándolos calurosamente.
  • Ya no corrimos más por el patio, ni hice más viajes a la escuela, para traerla a casa, tan orgulloso de mi comisión que la hubiera defendido contra un ejército, si éste hubiera intentado quitármela.
  • Metílos en paz diciendo que yo quería aprender virtud resueltamente y ir con mis buenos pensamientos adelante, y que para esto me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir no se podía hacer nada.
  • Los había de ellos que llevaban dos meses en la escuela y abrían desmesuradamente los ojos y se rascaban el cogote sin entender lo que el maestro quería decirles con unas palabras jamás oídas en su barraca.
  • Procuraba satisfacerlos, y, viendo que no bastaba, salíme de su casa y fuime a ver a mi amigo don Diego, al cual hallé en la suya descalabrado, y a sus padres resueltos por ello de no enviarle más a la escuela.
  • Los primeros meses de escuela mi madre me enviaba a la Iñure, a la salida, y aunque la buena vieja no era muy severa conmigo, tenía que marchar a su lado, mientras mis camaradas campaban solos por donde querían.
  • Primero llegaban las ovejas á la puerta de la escuela, metían la cabeza, husmeaban curiosas é iban retirándose con cierto desprecio, convencidas de que allí no había más pasto que el intelectual y valía poco.
  • Cuando pensaba así, oyó el Magistral a su espalda, detrás del árbol en que se apoyaba, al otro lado del seto, una voz de niño que recitaba con canturia de escuela Veritas in re est res ipsa, veritas in intellectu.
  • Esta impresión de la escuela, fría y húmeda, donde se entumecen los pies, donde recibe uno, sin saber casi por qué, frases duras, malos tratos y castigos, esa impresión es de las más feas y antipáticas de la vida.
  • Disimulé, fue mi padre, curó al muchacho, apaciguólo y volvióme a la escuela, adonde el maestro me recibió con ira hasta que, oyendo la causa de la riña, se le aplacó el enojo considerando la razón que había tenido.
  • Sentábase en el banco de ladrillos inmediato á la puerta, y el maestro y el pastor hablaban, admirados en silencio por doña Josefa y los más grandecitos de la escuela, que lentamente se iban aproximando para formar corro.
  • Ilustración Ilustración XI EL NAUFRAGIO DEL STELLA MARIS Una mañana de otoño, tendría yo entonces catorce o quince años, vino Recalde, antes de entrar en clase en la Escuela de Náutica, y nos llamó a Zelayeta y a mí.
  • La clase de Química general del año preparatorio de Medicina y Farmacia se daba en esta época en una antigua capilla del Instituto de San Isidro convertida en clase, y ésta tenía su entrada por la Escuela de Arquitectura.
  • Unos cuantos bancos, tres carteles de abecedario mugrientos, rotos por las puntas, pegados al muro con pan mascado, y en el cuarto inmediato á la escuela unos muebles, pocos y viejos, que parecían haber corrido media España.
  • Hombre era, y muy hombre, el maestro de escuela Vinagre, don Belisario, que se disfrazaba de Nazareno en tan solemne día, según costumbre inveterada y era el más terrible Herodes de primeras letras los demás días del año.
  • Uno de los más chiflados de la escuela se esforzaba en convencer a Rubín, tomando ese tonillo de unción y ese amaneramiento de cuello torcido y ojos bajos en que cae todo propagandista de doctrina religiosa, cualquiera que sea.