Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "esos" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra esos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No, esos no.
- Por esos extremos.
- Cierra esos ojitos.
- ¿A qué esos miedos.
- Nada de esos noviazgos.
- ¿Qué hacen esos bestias?
- Esos son juguetes de chicos.
- Soy viejo ya para esos trotes.
- Este viejo es de esos hombres.
- Amigo Platón, vengan esos cinco.
- Abra esos ojos, por amor de Dios.
- ¿A qué esos escondites conmigo?
- ¿Dónde están esos precursores?
- Sí, esos Ohandos es gente palsa.
- Por esos estímulos que necesita.
- No leas esos metafísicos alemanes.
- Pero, ¿dónde están esos hombres?
- Y esos manchegos ¿son buena gente?
- ¿Qué pueden decir esos miserables?
- ¿Sabes de quién parecen esos ojos?
- La debilidad hace sola esos milagros.
- Todo menos esos morteruelos gustosos.
- Este viejo es uno de esos personajes.
- Pero esos desvelos horribles me matan.
- Y no sé de dónde ha sacado esos ojos.
- Deme la medicina, esos polvos amarillos.
- Hijo, por amor de Dios, mete esos brazos.
- Pepe, ¿me hace usted esos gatillos o no?
- Que en esos burdeles hacen bestialidades.
- Espere usted, señor cura, a ver si esos.
- Esos también son míos pensaba Gertrudis.
- No sé qué tienes en esos condenados ojos.
- Esos temores deben quedar para los hombres.
- ¿Esos vividores que hablan en los mítines?
- Le entran esos toques, y no sabe lo que dice.
- Que te curara esos esplines, te los curaría.
- Que machaquen duro sobre esos perros ingleses.
- Esos hallazgos de hijos parecen cosa de novela.
- ¿Quieres saber que hay de esos tres mil duros?
- Pero no se lo digáis a esos, que se fastidien.
- ¿De esos que hablan con las patas de las mesas?
- Porque se les antoja a esos zánganos de Madrid.
- Muchos hay de esos dijo, y muchos de estos otros.
- Y esos patos son de un buen hombre que es obispo.
- Esos hijos así, nacidos por detrás de la Iglesia.
- ¡Pana azul!, ¿y quién te mete a ti en esos lujos?
- ¿Le repugna a usted la memoria de esos escándalos?
- Me repugnaría, puedes creerlo, manejar esos fondos.
- Pero esos son unos salvajes replicó doña Celestina.
- Ni a romperme un vidrio se atreverán esos bocalanes.
- Tarde o temprano, Manolo me habría dado esos cuartos.
- Esos puercachones me querían pintar, pero no me dejé.
- Sí, buena moza, no se espante ni me ponga esos ojazos.
- Yo tampoco les tengo afición a esos bichos asquerosos.
- Me temo que con esos arrebatos se quede usted sin leche.
- Ésos no son Judas, no sea inocente, señor arcipreste.
- ¿A qué vienen esos odios y esas venganzas de melodrama?
- No se asombre usted ni ponga esos ojazos prosiguió esta.
- Esos mamarrachos que hay pintados en el biombo se mueven.
- ¡Sí, eso sí! Y luego esos ojos que tiene, que parecen.
- Uno de esos hombres águilas que se adelantan a su tiempo.
- Señores, porque esos locos son capaces de quemar la casa.
- ¿Robo yo en esos montes de Toledo que se llaman Palacio ?
- ¿Para que se críe en esos patios malsanos entre pilletes?
- Aunque bien empleado les está, por andarse en esos juegos.
- Eran de esos hombres que casi nunca han hablado con mujeres.
- ¡Ay, señora! si ha roto usted tres de esos tiestos nuevos.
- Fue uno de esos sueños que se parecen al morir instantáneo.
- Por de pronto vengan esos maderos que no te sirven para nada.
- Bastante has trabajado hoy con esos cálculos tan difíciles.
- Esos dos habían salvado al cabecilla Monserrat de la muerte.
- ¡Esos miserables tienen ahí toda la moneda de la diócesis!
- Dame esos paquetes, y métete este armatoste debajo de la capa.
- ¡Jesús, qué barbaridad! ¿De dónde has sacado esos desatinos?
- La ciencia arrolla esos obstáculos y arrolla también al hombre.
- ¿Vamos a quitarle al hombre esos instintos fieros que te repugnan?
- Ahí tienes el caso de esos grandes apóstoles religiosos y laicos.
- Tome usted esos melindres, que me han traído expresamente de Yepes.
- ¡Morirme yo aquí, para que me lleven en esos carros tan cursis! No.
- ¡Atrás, que vienen esos brutos! Los brutos eran los de la degòlla.
- Bien sabía lo que costaban esos productos de la confitería rústica.
- Sí, no se lo digáis a esos, pero yo he visto las colas en la cocina.
- Figúrese usted que nuestra nación tuviera dos o tres barcos de esos.
- ¡Bah! No abundan tanto los crímenes por esos mundos, a Dios gracias.
- ¡Idiotas! ¡Qué poco sentido práctico tienen esos falsos católicos!
- Y, añadía, por supuesto, cobrar esos cuatro cuartos no es vergonzoso.
- Llegó el 70, y al pobrecito Fenelón le mataron esos infames prusianos.
- Ahí tienes para qué les sirve el dinero a esos celibatarios egoístas.
- Pero Abad, mándales el vino a esos casacones para que nos dejen en paz.
- Le asaltaba entonces un escrúpulo, de ésos que se quiebran de sutiles.
- Tú entrando en casa tan tarde y con esos modos de traidora de melodrama.
- ¿Qué es el agua que cae sobre esas colinas, esos prados y esos bosques?
- Esos cantos no son para el muerto que pasan por la calle, sino para ella.
- En esos conventos con las celosías de madera ennegrecidas por los años.
- ¡Oh, esos malvados no quieren salvarte, Marcial! exclamé con vivo dolor.
- Es siquiera una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.
- He leído en uno de esos libros tuyos lo que son las abejas, lo he leído.
- Van feas como demonios con esos colores de enterrador, apagados, sombríos.
- En esos días de noviembre, cuando vuelve la humedad y el dominio del gris.
- Cuando digo que voy a quemar todos esos papelotes añadió Doña Francisca.