Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra espalda

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra espalda en el contexto de una oración.

Término espalda: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "espalda" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra espalda para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Cuando sentí a mi espalda.
  • Seis escalones a la espalda.
  • Yo lo he visto por la espalda.
  • Y le volvió la espalda desdeñosamente.
  • Suelto el cabello, cayó sobre la espalda.
  • Y daba palmaditas en la espalda de Mesía.
  • Prosiguió Nucha me dio frío en la espalda.
  • Preguntó el Magistral, volviendo la espalda.
  • A su espalda, a veinte pasos tenía la tapia fúnebre.
  • ¿Sabes tú pegar puñaladas por la espalda, en la honra?
  • ¿Estar recibiendo constantemente la lluvia en la espalda?
  • Sintió que la hebilla del chaleco estallaba en su espalda.
  • Alguien intentaba sorprenderle traidoramente por la espalda.
  • Su oído sutil de campesino percibió un ruido á su espalda.
  • Y volviendo la espalda al señorito, se fue hacia el comedor.
  • La terrible tentación le volvía la espalda, huía derrotada.
  • Comencé a frotarme con aquello, y él me embadurnó la espalda.
  • En nuestra espalda podían leerse aún los números del pontón.
  • Ella volvió la espalda a su marido, insensible a los suspiros que daba.
  • Es un cobarde y un traidor, que vendiendo amistad, hiere por la espalda.
  • Le volvían la espalda las que antes se le disputaban, y todo ¿por qué?
  • ¡Tanto tiempo sin vernos! exclamó Juan pasándole el brazo por la espalda.
  • El Magistral se volvió de pronto, como si le hubiesen mordido en la espalda.
  • Pasan labriegos con sus largas cabazas amarillentas, de cogulla a la espalda.
  • Y la peinadora va esparciendo sobre la espalda las blondas y ondulantes matas.
  • A otras les cortaba el pelo o lo untaba de brea y luego se lo pegaba a la espalda.
  • Probarle que era la de siempre, que ella no le volvía la espalda como tantas otras?
  • Entre dientes le cantaba una canción de adormidera, dándole palmadas en la espalda.
  • Juan Pablo no decía nada, y siguió vistiéndose, volviendo la espalda a su hermano.
  • Cuando camina agachado sobre su palo lleva la mano izquierda puesta sobre la espalda.
  • En esas viejas que os detienen para quitaros un hilo blanco que lleváis a la espalda.
  • Dicho esto, la coja le ponía suavemente la mano en la espalda, empujándola hacia adelante.
  • Ella fingió un rubor que estaba muy lejos de su ánimo y volvió la espalda no muy cubierta.
  • Sí, sí, le volvían la espalda a él, el santo, el hombre de genio, el mártir de la piedad.
  • Estaba en las Alamedas de Serranos, y marchaba con la cabeza inclinada, los brazos a la espalda.
  • Algunos, más resueltos, las manos a la espalda, miraron a las dos damas del modo más insolente.
  • La mamá las contemplaba por la espalda, experimentando la satisfacción orgullosa de un artista.
  • Pero en cuanto volvían la espalda, dejaba oír gruñidos, masticando entre ellos palabras soeces.
  • Un violento golpe de mar sacudió la proa del navío, y sentí el azote del agua sobre mi espalda.
  • Esperó paseando por la sala, con las manos a la espalda unas veces, otras cruzadas sobre el vientre.
  • Y abrazaba y daba palmadas en la espalda también a su Frígilis para que no tuviera celos de Mesía.
  • Se oyó una detonación, y Martín, herido en la espalda, vaciló, soltó a Ohando y cayó en la tierra.
  • Parecía que los arrojaba de Vetusta, silbándoles con las fauces del viento que soplaba por la espalda.
  • Procuró ceñir con los brazos la espalda y el pecho del amigo, y exclamó con voz solemne y de sollozo.
  • Luego, pasando ante el matón, continuó su camino, volviéndole la espalda con una confianza despectiva.
  • Ii Quedose Jacinta como una estatua, y al fin, volviendo la espalda a su marido, hizo un ademán de salir.
  • Y volvió la espalda a San Juan, que llevaba sobre sus hombros al pordiosero enfermo, entre las tinieblas.
  • Y el viejo le volvía la espalda, con la confianza de que los hechos vendrían en apoyo de sus pronósticos.
  • Y fingiendo indignación, volvió el gitano la espalda al comprador como si diese por fracasado todo arreglo.
  • El Magistral se paseaba a grandes pasos, con las manos a la espalda, en la cámara roja, cubierta de damasco.
  • Siguió adelante la ofendida señora, pero a los pocos pasos la detuvo el escándalo que estalló a su espalda.
  • A algunas solía desnudarlas de medio cuerpo arriba, les untaba con miel el pecho y la espalda y las emplumaba.
  • Obedecí y me dieron unos pantalones raídos, un chaleco viejo y una chaqueta con un número grande en la espalda.
  • Le volvían la espalda con desprecio, se inclinaban sobre la tierra y trabajaban febrilmente hasta perderle de vista.
  • Edelmira y Paco espalda con espalda, como se baila a veces la muñeira, sobre todo en el teatro, medían sus fuerzas.
  • Acababa de hacer su compra doña Manuela, cuando hubo de volver la cabeza sintiendo en la espalda una amistosa palmada.
  • Y solícito, cariñoso le ceñía el embozo de las sábanas a la espalda sonrosada, de raso, que él no miraba siquiera.
  • Doña Paula se había arrancado los parches, las trenzas espesas de su pelo blanco cayeron sobre los hombros y la espalda.
  • Sentía en la espalda como si tuviera una plancha que le sujetara los nervios y tenía temor de tocar con los pies el suelo.
  • La ola dió un golpe en la espalda de los dos primeros remeros, les hizo torcerse violentamente y pasó por encima de nosotros.
  • Pero me parecía que allí dentro debía de estar agazapado el tío Juan con sus cadenas y sus letras ignominiosas en la espalda.
  • Tembló de frío y a tientas otra vez, el cabello por la espalda, la bata desceñida, y abierta por el pecho, llegó Ana a su tocador.
  • Ya sabes que una bala me entró por el antebrazo, subió hacia el hombro, dio la vuelta por toda la espalda, y vino a salir por la cintura.
  • ¡ Anday, judíos! exclamaba una moza del partido azotando con un zueco la espalda de muchos de sus conocidos, peones de albañil y canteros.
  • El viejo habíase sentado en una silla baja, apoyando su espalda en el lecho, y con la cabeza inclinada parecía sumido en dolorosa reflexión.
  • Y abrumado por la sorpresa, permaneció erguido, con los ojos desmesuradamente abiertos, apoyando su espalda en la pared, como si temiera desplomarse.
  • Y en seguida se le subió la champaña a las narices, tosió, se puso casi negro, medio asfixiado y la Marquesa tuvo que darle palmadas en la espalda.
  • Pero como es un saltador afectuoso, le da de cuando en cuando golpecitos con los palpos sobre la espalda, como queriendo convencerla de su teleología.
  • De noche me figuraba ver a mi tío en su calabozo, lamentándose, desnudo, con las letras grabadas en la espalda, que se destacaban de un modo terrible.
  • Un mantón negro de merino ceñido con fuerza a la espalda angulosa, caía sin gracia sobre el hábito, negro también, de estameña con ribetes blancos.
  • Y apenas le vio doña Lupe de espalda, se le encendieron bruscamente los ánimos y corrió tras él, conteniendo las palabras que a la boca se le salían.
  • Por ser para usted, que es un amigo dijo el gitano palmeándole en la espalda, por ser para usted, persona simpática que sabrá tratar bien á esta prenda.
  • El cochero, con una enorme cesta en la mano y una espuerta no menor a la espalda, tenía la expresión resignada y pacienzuda de la bestia que presiente la carga.
  • Su abundante cabellera, de un castaño no muy obscuro, caía en ondas sobre la espalda y llegaba hasta el asiento de la mecedora, por delante le cubría el regazo.
  • Cada uno llevaría su ropa, una lima y cuatro o cinco chelines en una bolsa, todo envuelto en un trozo de tela impermeable, formando un paquete, atado a la espalda.
  • Cuando don Cayetano volvía la espalda, pues hablaba girando con frecuencia sobre los talones, Glocester guiñaba un ojo al Deán y barrenaba con un dedo la frente.
  • Aquel día, desde que despertó, se le puso a Maxi la obstrucción en la boca del estómago, pero tan fuerte como si tuviera entre pecho y espalda atravesado un palo.
  • Había golpes en la espalda, carcajadas de malicia, gritos de mentida indignación, de falso pudor, no por hipocresía, sino como si se tratara de un paso de comedia.
  • A ver y ser vistas, a lucirse un rato a cambio de palidecer de emoción y lanzar angustioso grito cuando la cornuda cabeza bufa en la misma espalda del torero fugitivo.
  • Los dueños, de pie en la entrada de sus establecimientos, volvían la espalda a Las Tres Rosas y fruncían el ceño, como si les doliese presenciar aquella catástrofe.
  • Lo que hay que hacer aquí es salir al campo con el fusil, y a todo liberal que se encuentre, ¡fuego! Y por la espalda añadió el otro, con la cara inyectada de rabia.
  • Echó las manos cruzadas a la espalda, y se puso a medir la pobre estancia a grandes pasos, haciendo crujir la madera vieja del piso, de castaño comido por los gusanos.
  • Y sin perder un ápice de su dignidad, de su gravedad ni de su gracia, subió como una ardilla al travesaño más alto, mientras el manteo flotaba ondulante a su espalda.
  • Yo, que no tenía otro móvil que la justicia, cuando les vi, cuando me persuadí de que pecaban, creo que si tengo un revólver, les suelto los seis tiros por la espalda.
  • Me he enterado de que se mete tan hondo, que si la fortuna le volviese la espalda, en veinticuatro horas quedaba limpio, sin cubrir sus compromisos, y por tanto, deshonrado.
  • Pero según iba alejándose, estallaban á su espalda insolentes risas, y hasta oyó la voz de un mozalbete que, remedando el grave tono del presidente del tribunal, gritaba.
  • Batiste, al entrar en el estudi é inclinarse sobre la cama, se agitó con un estremecimiento de frío, algo así como si acabasen de soltarle un chorro de agua por la espalda.
  • Otras se iban a la iglesia que era lo más fresco de la casa, y sentadas en las banquetas, apoyando en la pared su espalda, o rezaban con somnolencia, o descabezaban un sueñecillo.
  • Al lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la espalda sobre la pañoleta de vistosos colores.
  • El dinero quedaba a su espalda, sin recibo, sin garantía alguna, resguardado por el espíritu de confianza inquebrantable que circuía la respetable personalidad del banquero caritativo.
  • E intercalados entre ellos, niños con hachas de viento, vestidos como los indios de las óperas, pero con aletas de latón en la espalda, para certificar que representaban a los ángeles.
  • Amparo y el teniente, en un extremo del balcón, volviendo casi la espalda a la plaza y aislados del grupo juvenil que hablaba y reía junto a ellos, tenían el aspecto de verdaderos novios.
  • Besó a las niñas como sí fuese su abuelo, y a doña Manuela diole algunas palmadas en la espalda con una alegría de viejo campechano, asegurando que cada vez estaba más gorda y hermosota.
  • ¡Ay, Dios mío, si tuviera aquí un revólver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un instante, le pegaba un tiro por la espalda y le partía el corazón! No merece que se le mate por delante.
  • Doña Paula con su hábito negro de Santa Rita, total estameña, su mantón apretado a la espalda, y su pañuelo de seda para la cabeza, bien pegado a las sienes, ya está vestida para todo el año.
  • Cuanto se había hecho en su ausencia le parecía mal, dejándose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad podía salir de casa, pues en cuanto volvía la espalda, era todo un desbarajuste.
  • Don Matías solía estar en su despacho con su gorro y su bata, cuando no andaba por el almacén, por entre hileras de sacos y de cajas, dando órdenes o paseando con las manos cruzadas en la espalda.
  • Teresina entró abrochando los corchetes más altos del cuerpo de su hábito negro (de los Dolores) y en seguida ató cerca de la cintura en la espalda el pañuelo de seda también negro que le cruzaba el pecho.
  • No había más que verlas en el palco abanicándose con negligencia, mientras una gran parte de los señores del tendido, puestos de pie y volviendo la espalda al redondel, las miraban fijamente, con ojos de deseo.
  • Era Yurrumendi un hombre enorme, con la espalda ancha, el abdomen abultado, las manos grandísimas, siempre metidas en los bolsillos de los pantalones, y los pantalones, a punto de caérsele, tan bajo se los ataba.