Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra estábamos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra estábamos en el contexto de una oración.

Término estábamos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "estábamos" aquí tienes una selección de 70 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra estábamos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Estábamos.
  • Que estábamos.
  • Estábamos decididos.
  • Estábamos emocionados.
  • Estábamos rabiando por verte.
  • Ya no estábamos en el Paraguay.
  • Estábamos delante de Jaizquibel.
  • ¡qué carpanta estábamos pasando!
  • Estábamos a veinte pasos del barco.
  • Todavía estábamos en el quinto mes.
  • Estábamos entre las rocas del Izarra.
  • En esto estábamos, y dio un reloj las doce.
  • Estábamos unidos como si fuéramos hermanos.
  • Estábamos libres de la manera más gloriosa.
  • Nosotros mismos, los vascos, estábamos furiosos.
  • Una hora después estábamos delante de Frayburu.
  • Antes de que nos diéramos cuenta estábamos a salvo.
  • Si tuviésemos privilegio para no pecar, estábamos bien.
  • Cuando ocurrió, hacía ya un año que estábamos casados.
  • Estábamos a unos doscientos metros de la gruta de Izarra.
  • ¿No estábamos ahora hablando del espíritu y su remedio?
  • Nosotros estábamos en la reserva y nos quedamos a la cola.
  • Estábamos una vez en Alcázar de San Juan, la antigua Alce.
  • Estábamos a unas cincuenta millas de la isla de la Sociedad.
  • No, no hay Dios, iba pensando, pero si lo hubiera estábamos frescos.
  • Pero allí estábamos sobre el mar, emblema majestuoso de la humana vida.
  • Estábamos convertidos en ladrones vulgares, Ugarte se dirigió al puerto.
  • Tío, necesito esto, lo otro y lo de más allá, estábamos al final de la calle.
  • Estábamos reunidos el señor vicario, un señor profesor de primera enseñanza y.
  • Laurent decía bien, estábamos nosotros mucho más adelantados que los bárbaros.
  • Y yo digo que a mucha honra, ¡re hostia! Allí estábamos los verídicos liberales.
  • A primera hora de la noche ya estábamos otra vez en Lúzaro, en la plaza, bailando.
  • No nos pareció conveniente desembarcar allá, a pesar de que estábamos hambrientos.
  • Desde donde estábamos, a veces, se oían las conversaciones de la gente en el Rompeolas.
  • El teniente contestó que podíamos atacarlos y vencerlos, porque estábamos bien armados.
  • Yo y el otro criado estábamos rogando a Dios que les pusiese en corazón que dejasen algo.
  • Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía que no era dél registrada.
  • Tristán llamó a Silva Coelho, y le dijo que éramos más que ellos y que estábamos armados.
  • La cornisa en donde estábamos se continuaba siempre con aquel tronco de árbol carcomido en el borde.
  • La cordialidad entre nosotros y los de fuera iba estableciéndose, pero aun no estábamos muy seguros.
  • Aquí estábamos tomando un pequeño refrigerio, cuando a mí se me ha ocurrido repasar un periódico.
  • Cuando estábamos los dos estudiando en Madrid, fuimos un día a verle con una carta de recomendación.
  • Y a mí me parecía que estábamos los dos atados para siempre, y que lo demás que vino después no vale.
  • Estábamos en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y dióme un pedazo de longaniza que la asase.
  • Constantemente estábamos visitando sitios desconocidos, puertos en donde no había entrado aun el europeo.
  • O sería hechura de Primitivo y entonces estábamos en lo mismo, o Primitivo le largaría un tiro en la barriga.
  • Es que hemos cenado tarde y estábamos dando una vuelta dijo el extranjero no quisiéramos acostarnos tan pronto.
  • Después, era la costumbre que volviese el master con algunos guardianes y mirase si todos estábamos en nuestras hamacas.
  • Pues aunque hubiéramos vencido al último, estando armados como estábamos y ellos no, hubiese sido a costa de mucha gente.
  • Estábamos esperando, cuando sonó una descarga cerrada, y el centinela y cuatro de los que estaban a mi lado cayeron a tierra.
  • Estábamos haciendo nuestras señales, cuando en un bote se acercaron a El Dragón dos individuos de la policía de aquella isla.
  • Añadí que estábamos muy contentos de su acogida y que le suplicábamos que, si le preguntaban algo de nosotros, no dijera nada.
  • En esto estábamos, cuando vino uno con sus botas de camino y su vestido pardo, con un sombrero prendidas las faldas por los dos lados.
  • Pero al oír al capitán que no estábamos en seguridad porque el crucero inglés andaría buscándonos, decidimos enterrar los cofres.
  • Pues aquella noche de que te hablo, estábamos acechando junto a un río, porque sabíamos que por allí habían de pasar los insurgentes.
  • Estábamos sobre una cornisa de piedra carcomida, llena de agujeros y de lapas, que corría en pendiente suave hacia el interior de la cueva.
  • Estábamos Smiles y yo mirándole con ansia, cuando vimos que dos hombres blancos se arrastraban por detrás de un muro a observar lo que hacía Allen.
  • Para que me dejara en paz le dije al fin que sí, que nos íbamos a casar, que ya estábamos sacando los papeles y que pronto se echarían las proclamas.
  • Estábamos hablando cuando entró, acompañada de una criada vieja, la hija de doña Hortensia, Dolorcitas, una muchachita de catorce o quince años, preciosa.
  • Estábamos ayudando a la maniobra del Argonauta, así se llamaba el navío inglés en que íbamos prisioneros, cuando pasó un barco francés a poca distancia.
  • Estábamos envueltos por el enemigo, cuya artillería lanzaba una espantosa lluvia de balas y de metralla sobre nuestro navío, lo mismo que sobre el Bucentauro.
  • También entonces nos cogieron desprevenidos, y como estábamos en tiempo de paz, navegábamos muy tranquilos, contando ya las horas que nos faltaban para llegar, cuando de pronto.
  • En el semblante de mi amo, en la sublime cólera de Uriarte, en los juramentos de los marineros amigos de Marcial, conocí que estábamos perdidos, y la idea de la derrota angustió mi alma.
  • Estábamos dispuestos a hacer un esfuerzo supremo, cuando, con un enorme estupor, vimos la goleta de Machín, que venía, saliendo de las puntas, con el foque hinchado, como un cisne fantástico, rasando el agua.
  • Después de lo del Estrecho, me embarqué en la Fama para Montevideo, y ya hacía mucho tiempo que estábamos allí, cuando el jefe de la escuadra recibió orden de traer a España los caudales de Lima y Buenos Aires.
  • Dijimos al fin que nos dolían las tripas y que estábamos muy malos de achaque de no haber hecho de nuestras personas en tres días, fiados en que a trueque de no gastar dos cuartos en una melecina, no buscaría el remedio.
  • Yendo que íbamos ansí por debajo de unos soportales en Escalona, adonde a la sazón estábamos en casa de un zapatero, había muchas sogas y otras cosas que de esparto se hacen, y parte dellas dieron a mi amo en la cabeza.
  • Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oídos de don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo, desengañóse de los embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado.
  • Que pasado un mes que había que estábamos en Toledo, haciendo comedias buenas y enmendando el yerro pasado, ya yo tenía nombre, y habían llegado a llamarme Alonsete, que yo había dicho llamarme Alonso, y por otro nombre me llamaban el Cruel, por serlo una figura que había hecho con gran aceptación de los mosqueteros y chusma vulgar.
  • En esto estábamos, él dándome y yo casi determinado de darle a él dineros, que es la sangre con que se labran semejantes diamantes, cuando incitados y forzados de los ruegos de mi querida, que me había visto caer y apalear, desengañada de que no era encanto sino desdicha, entraron el portugués y el catalán, y en viendo el escribano que me hablaban, desenvainando la pluma, los quiso espetar por cómplices en el proceso.