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Ejemplos de oraciones con la palabra estancia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra estancia en el contexto de una oración.

Término estancia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "estancia" aquí tienes una selección de 35 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra estancia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Verdú pasea por la estancia.
  • La estancia estaba casi a obscuras.
  • Toda la estancia se llenó de una negrura triste y severa.
  • Su amistad me hacía más llevadera mi estancia en El Dragón.
  • Un perro con un cascabel al cuello entra y retoza por la estancia.
  • Mientras se vestía, examinaba la estancia con algún detenimiento.
  • Mauricia atravesó la estancia sin hacer ruido, como sombra, y se fue.
  • Pero no quiso pensar en los peligros que la estancia en el Vivero podía tener.
  • Al contrario, pasó a otra estancia y volvió con un haz de junquillos, palos y bastones.
  • Me puso una cara, chica, cuando le conté la novedad, que parecía un juez de primera estancia.
  • En aquella estancia dormían años atrás, en la cama dorada de Anita, él y ella, amantes esposos.
  • Cuando el lápiz trazó el primer verso, ya estaba terminada, dentro del alma, la primera estancia.
  • De lo mismo estaba tapizada toda la estancia que se vio entonces y que atravesó De Pas sin detenerse.
  • Se arrepintió de haberse aventurado sin luz en aquella estancia que no tenía un pie cuadrado libre de estorbos.
  • En inglés le dijo Moreno que echase agua en uno de los búcaros que en la estancia había, para poner los nardos.
  • Este fenómeno desapareció con el restallido del fósforo y la instantánea presencia de la luz alumbrando la estancia.
  • Y esta puerta franquea una reducida estancia, cuadrada, de paredes lisas, húmeda, de techo bajo, con una diminuta ventana.
  • El conserje, medio dormido, doblaba los papeles, daba media vuelta a la llave del gas, y dejaba casi en tinieblas la estancia.
  • El gabinetito de Jacinta, inmediato a esta pieza, era la estancia más bonita y elegante de la casa y la única tapizada con tela.
  • En tal estancia se prohibía el estridente dominó, y allí se juntaban los más serios y los más importantes personajes de Vetusta.
  • Izquierdo les ofreció las dos sillas que en la estancia había, y él se sentó sobre un baúl, poniendo al Pituso sobre sus rodillas.
  • El primer día de su estancia en los Pazos bien necesitaba chapuzarse un poco, atendido el polvo de la carretera que traía adherido a la piel.
  • Pero lo que mayormente excitó la curiosidad de ambas señoras fue un gran tablero que en el centro de la estancia había, cogiéndola casi toda.
  • De repente un espantoso estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia.
  • De su conversación insustancial cogió al vuelo Jacinta algunas cláusulas, cuando la pareja, en aquel ir y venir de su estancia a otra, pasaba junto a ella.
  • Echó las manos cruzadas a la espalda, y se puso a medir la pobre estancia a grandes pasos, haciendo crujir la madera vieja del piso, de castaño comido por los gusanos.
  • Un ratito después, abriose la puerta de la estancia mortuoria, y Fortunata tuvo un estremecimiento nervioso, creyendo al pronto que era la propia Mauricia que aparecía.
  • Después de dicho esto, el clérigo da un paseo por la estancia con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y se asoma distraídamente a una ventana tarareando una copla.
  • Otras veces les tiraba la pelota a lo largo de la enorme estancia, o ataba al hilo un pedazo de trapo, recogiéndolo como recoge el pescador su aparejo, para verlos correr tras él.
  • ¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté! Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco.
  • Segismundo fue el primero que penetró en la estancia, sin miedo alguno, y vio a Maxi en un rincón, hecho un ovillo, con más apariencias de imbecilidad que de furia, demudado el rostro y las ropas en desorden.
  • Así lo hizo aquel día, y apenas recorrió el corto pasillo que a la estancia principal conducía, encarose con Aurora que en aquel momento iba desde el centro, donde estaba la mesa, hacia una de las ventanas, llevando telas en la mano.
  • Y se puso a trabajar en las operaciones aritméticas con tanta serenidad, y un temple tan equilibrado, que doña Lupe salió de la estancia haciéndose cruces y diciendo que si lo que acababa de oír se lo hubieran contado los cuatro Evangelistas, no les habría dado crédito.
  • Explicó su estancia en un pueblo, con el batallón metido en una iglesia, sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no comiendo más que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y dió tales detalles, que todo el mundo reía a carcajadas.
  • Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales, por ser rica, trataba con aire protector.