Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "excitaba" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra excitaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El esfuerzo que exigía la cuesta la excitaba.
- ¿Por qué le excitaba más el velo que la carne?
- Empezó a notar que el templo solitario no excitaba su devoción.
- Este trabajo ponía alegre a Nelet y excitaba su jocosidad brutal.
- Su descompuesto rostro daba miedo, y su ahilada voz excitaba la mayor extrañeza.
- Las dos niñas bebían haciendo remilgos, pero el tío las excitaba aplaudiéndolas.
- La idea de poder ir a donde gustase la excitaba haciendo circular su sangre con más viveza.
- En las reuniones de segundo orden, que abundaban en Vetusta, la humedad excitaba la alegría.
- Ugarte estaba enfermo, irritado por los castigos, y me excitaba preguntándome si es que tenía miedo.
- Ella defendíase con los niños, a los que siempre procuraba tener presentes, y le excitaba a él a que saliese a distraerse.
- Mas en vez de hacerlo soñador excitaba sus instintos de economía, predominando en él las aficiones de su padre, lo que su tío y don Eugenio llamaban sangre comercial.
- Poco faltaba para que insultase a los que le contradecían, y su numen paradójico se excitaba hasta un grado de inspiración que le hacía parecer un propagandista de la secta de los tembladores.
- El buen Segismundo se esforzaba en tranquilizarla sobre este particular, y habiendo observado que el recuerdo de otras personas excitaba y encendía su ánimo favorablemente, le habló de doña Guillermina y de su hermosa vida.
- Pero ningún habitante de aquellas regiones de miseria era tan feliz como Adoración, ni excitaba tanto la envidia entre las amigas, pues la rica alhaja que ceñía su dedo y que mostraba con el puño cerrado, era fina y de ley y había costado unos grandes dinerales.
- La imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu.