Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra exclamaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra exclamaba en el contexto de una oración.

Término exclamaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "exclamaba" aquí tienes una selección de 28 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra exclamaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Otra vez, otra vez! exclamaba.
  • Yo lo diría exclamaba la Marquesa.
  • Señores exclamaba ya lo ven ustedes.
  • ¡Muy hermoso! exclamaba la magistrada.
  • ¡Yo! ¡A la escuela! exclamaba Martín.
  • Pues así no puede seguir exclamaba el capellán.
  • ¡Bestias! exclamaba Iceta dando puñetazos en la mesa.
  • ¡Y yo qué quieres que le haga! exclamaba la víctima.
  • Corneta exclamaba mirando al Bucentauro, navío general.
  • Nada debo a nadie exclamaba al regañar a sus dependientes.
  • ¡Ay, mi Jáuregui! exclamaba echando toda el alma en un suspiro.
  • Efectivamente, se oyó poco después una voz débil que exclamaba.
  • Exclamaba la chica vertiendo provocativa luz de sus pupilas radiantes.
  • Para nada queremos cuervos exclamaba Foja, que se multiplicaba también.
  • Ya me lo decía el corazón exclamaba, apretando el pañuelo contra sus ojos.
  • ¡Ay, qué bueno! exclamaba Fortunata riendo con toda su alma, al oír ciertos lances.
  • Exclamaba don Pedro gozando en sus adentros con la mortificación y asombro del viejo hidalgo.
  • ¡Es un Fidias! exclamaba el marqués de Vegallana, que había viajado y recordaba que se decía.
  • Señalaba a los grupos de castaños, a los escuetos montes de aliaga y exclamaba regocijadísimo.
  • ¡Qué asno eres! exclamaba este, retirando al fin su mano magullada, con los dedos pegados unos a otros.
  • ¡Dios mío! ¡Dios mío!, exclamaba el Justo, mientras su cuerpo dislocado se rompía dentro con chasquidos sordos.
  • ¡ Anday, judíos! exclamaba una moza del partido azotando con un zueco la espalda de muchos de sus conocidos, peones de albañil y canteros.
  • Daría yo cualquier cosa exclamaba invocando al Cielo, por saber esa verdad que ahora no saben más que Dios y ella, pues el tercero que la sabía se ha muerto.
  • ¡Qué proyectos hacía, qué cosas inventaba, qué previsión la suya! Pero en medio de su inmensa tarea, no cesaba de tener corazonadas pesimistas, y exclamaba con tristeza.
  • ¡Vaya un candidato! exclamaba frenético, ¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.
  • A don Tomás le llamaban Frígilis, porque si se le refería un desliz de los que suelen castigar los pueblos con hipócritas aspavientos de moralidad asustadiza, él se encogía de hombros, no por indiferencia, sino por filosofía, y exclamaba sonriendo.
  • ¡Las doce del día! exclamaba con ira el marinero aunque no se atrevía a hacer demasiado pública su demostración, ni estas conferencias pasaban de un pequeño círculo, dentro del cual yo, llevado de mi sempiterna insaciable curiosidad, me había injerido.
  • Cuando entraba el Magistral, el ilustrísimo señor don Cayetano Ripamilán, aragonés, de Calatayud, apoyaba una mano en el mármol de la mesa, porque los codos no llegaban a tamaña altura, y exclamaba después de haber olfateado varias veces, como perro que sigue un rastro.