Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra fantasías

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra fantasías en el contexto de una oración.

Término fantasías: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "fantasías" aquí tienes una selección de 12 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra fantasías para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Bah! Fantasías que se inventan.
  • ¡Fantasías! ¡Fantasías! dijo Iturrioz.
  • Pero era un hombre quimérico a quien sus fantasías turbaban la cabeza.
  • Lulú miraba estas disposiciones higiénicas como fantasías, chifladuras.
  • él vió que todas las maravillas descritas por los filósofos eran fantasías, espejismos.
  • La doncella de Ana era amiga de llegar en sus cálculos y fantasías a las últimas consecuencias.
  • El viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan suguia.
  • El sol tiene fantasías, aparece en un fondo de nubes rojo, da a la superficie de las olas reflejos rosados e inunda a veces el mar de luz dorada, dejándolo como un metal fundido.
  • Pero les falta esa simplicidad, esa visión humilde de las cosas, esa compenetración con la realidad que Alonso Quijano encontró sólo en su lecho de muerte, ya curado de sus fantasías.
  • Yo me acordaba de las fantasías de Yurrumendi acerca de la sima que hay en aquel sitio en el mar, y me veía bajando al insondable abismo con una velocidad de veinticinco millas por minuto.
  • Las fantasías que edificamos sobre el Stella Maris no tenían fin, lo pondríamos a flote, llevaríamos a bordo el cañón enterrado en la cueva próxima al río, y nos alejaríamos de Lúzaro disparando cañonazos.
  • Junto a la imaginación exaltada del dependiente debía existir una enorme cantidad de sentido práctico capaz de sofocar todas las fantasías y caprichos, y a esto se debió, sin duda, que Melchor se reprimiera en sus románticas extravagancias, y en adelante, aunque sin abandonar la lectura de novelas, se dedicara con más asiduidad a sus quehaceres.