Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra fea

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra fea en el contexto de una oración.

Término fea: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "fea" aquí tienes una selección de 32 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra fea para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Cosa fea.
  • ¡era tan fea.
  • Cosa fea, es para el gato.
  • Y ese coqueteo es cosa muy fea.
  • Palabra fea, vuélvete para adentro.
  • Beata, para emplear la palabra fea, escandalosa.
  • No la verdad fea sólo, sino también la hermosa.
  • Religión frente a religión, la cosa se iba poniendo fea.
  • ¡Y era fea, doña Manuela, muy fea! Huesos y pellejo nada más.
  • Como no se me suba la mostaza a la nariz, no suelto ninguna palabra fea.
  • Y siguió relatando con rapidez aquella página fea, deseando concluirla pronto.
  • Era una solterona fea, negra, con una nariz de cacatúa y más años que un loro.
  • Pensaba que por una causa o por otra el mundo le iba presentando su cara más fea.
  • La vida en general, y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indominable.
  • Sí, ahí lo tiene usted, mírelo abierto ya, con su boca negra, más fea que la boca de un dragón.
  • Un día sorprendió a Mauricia en la carbonera fumándose un cigarrillo, cosa ciertamente fea e impropia de una mujer.
  • Y el malo bribón del rey quería comerla, porque era el coco, y tenía una cara más fea, más fea que la del diaño.
  • La sota del mismo palo se le antojaría menos fea si comprendiese que era símbolo de una señorita morena también Nucha.
  • El hijo de la casa, y esta es una entrometida, fea, tiñosa y sin vergüenza que me la tiene que pagar, me la tiene que pagar.
  • La esposa era una infeliz mujer, mártir del trabajo y de la inanición, humilde, estropeadísima, fea de encargo, mal pergeñada.
  • A las preguntas que le hizo, respondía con la mayor concisión, porque el temor de decir alguna palabra fea enfrenaba sus labios.
  • Quiero ser honrada repitió Fortunata sin mirarle, como los niños mimosos que insisten en decir la cosa fea por que les reprenden.
  • ¡Decir que es guapa esa tarasca, mamarracho, más fea que el no comer! Mírela usted allí, mírela allí con esa cara que da asco.
  • Yo les dije que en huir de un padre y madre que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal nacida, por el mucho dote.
  • En la puerta de una escalerilla le hacía señas una buena moza, despechugada, fea, sin otro encanto que el de una juventud próxima á desaparecer.
  • Era horriblemente fea, andrajosa, fétida, y al cantar parecía que se le salían del casco los ojos cuajados y reventones, como los de un pez muerto.
  • Por toda contestación, la rapaza le enseñó medio palmo de lengua, plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo más estrafalario y grotesco que se puede imaginar.
  • ¡Cosa inaudita! Sor Marcela dio una chupada y después arrojó el cigarro, haciendo ascos, escupiendo mucho y poniendo una cara tan fea como la de esos fetiches monstruosos de las idolatrías malayas.
  • Acudió a él su amante esposa, muy asustada de verle así y de oír los ayes lastimeros que de sus labios se escapaban, junto con una expresión fea que se perdona fácilmente a los hombres que padecen.
  • Y rápidamente se vió otra vez con todos sus muebles sobre el carro, errante por los caminos, en busca de lo desconocido, para crearse otra existencia, llevando como tétrica escolta la fea hambre, que iría pisándole los talones.
  • Y aunque alentara, con respecto a la señora de Rubín, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser puros y desinteresados sus actos de caridad, y habrían sido lo mismo aun en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo atractivo personal.
  • Apretaba el Tuerto contra su pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto de zarzas y brezo que lo guarnecía.