Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "feijoo" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra feijoo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Abur Feijoo.
- Feijoo, dices?
- Quizás Feijoo.
- Feijoo miró a su amiga.
- El mismo Feijoo quizás.
- De Feijoo a tomar chocolate.
- Dijo Feijoo con socarronería.
- Era el de Don Evaristo Feijoo.
- Feijoo se habría quedado allí.
- Pero, hombre dijo Feijoo a su amigo.
- Yo conozco esta cara se dijo Feijoo.
- Feijoo tomó la inscripción diciendo.
- ¡Por aquí! exclamó Feijoo con asombro.
- Le preguntó Feijoo de una manera apremiante.
- Vi Al siguiente día, Feijoo le dijo al entrar.
- Volviendo a acordarse de Feijoo, repitió ella.
- Dos días después notó Feijoo que no oía bien.
- Amigo manifestó Feijoo con su franqueza habitual.
- Juan Pablo y Feijoo pertenecían a esta categoría.
- Eso de la honradez es muy bonito prosiguió Feijoo.
- El primer día me dijo Feijoo que estaba miserable.
- La aventura del viejo Feijoo ha pasado a la historia.
- Don Evaristo Feijoo, coronel o no sé qué de milicia.
- Feijoo le habló dentro del coche con paternal cariño.
- Y en el acto se acordó de las amonestaciones de Feijoo.
- Fortunata se acordó otra vez de su amigo y maestro Feijoo.
- Feijoo aparentaba creer, por darles cuerda y oírles desatinar.
- Feijoo conocía a algunas personas de la familia de Santa Cruz.
- Que me dé lo que quiera gruñó Feijoo con burlesca incomodidad.
- Feijoo la siguió, afligidísimo de verla en tan lastimoso estado.
- Feijoo estuvo cosa de un mes buscándola y al fin pudo encontrarla.
- Al oír esto, Feijoo se mostraba benévolamente incrédulo y decía.
- Para colmo de hastío, Feijoo no era puntual y faltaba muchas noches.
- El coche corría por la Cava Alta, y Feijoo se sentía cada vez peor.
- Feijoo le cogió la barbilla entre sus dedos, diciéndole con cariño.
- La calaverada de Feijoo no fue descubierta por sus amigos más sagaces.
- Feijoo, al contemplarla, no podía por menos de sentirse descorazonado.
- Feijoo, en vista de estas buenas disposiciones, se fue derecho al bulto.
- Feijoo rebuscaba las palabras más propias para expresar su pensamiento.
- Eso sí que no lo entiendo dijo Feijoo cayendo en un mar de meditaciones.
- Juan Pablo había recibido de Feijoo algunos préstamos a plazo indefinido.
- Feijoo mejoró sensiblemente en los días que siguieron al arrechucho aquel.
- Porque era imposible que ella y Feijoo tuviesen razón contra el mundo entero.
- Poco más duró aquella visita, porque el señor de Feijoo no quería molestar.
- Pero ustedes estaban hablando de algo que debía de ser interesante dijo Feijoo.
- Ii Don Evaristo González Feijoo merece algo más que una mención en este relato.
- Por la solitaria calle de las Aguas se comunicaba brevemente Feijoo con su ídolo.
- Feijoo había cerrado los ojos, y se sonreía en las tinieblas de su meditación.
- Aunque era amigo de algunos, no quiso Feijoo acercarse, y se fue a una mesa lejana.
- Yo decía Feijoo, soy progresista desengañado, y usted tradicionalista arrepentido.
- A Maxi le agradaba poco la amistad de Feijoo, sin que a punto fijo supiera por qué.
- Después se enteró Feijoo con mucha maña de ciertas particularidades de la familia.
- He visto mucho mundo afirmó Feijoo, con tolerancia de sacerdote hecho al confesonario.
- Quiso Feijoo probar también aquel plato, porque le gustaban algunas comidas españolas.
- Pero no por serlo, dejaban de cautivar a Don Basilio, a Leopoldo Montes y al mismo Feijoo.
- Estaba deseando que vinieras para decirte que esas visitas del señor de Feijoo me cargan.
- Mire usted, amigo Feijoo dijo Rubín masticando las palabras para salir de aquel atolladero.
- Rara vez, al entrar, encontraba ya allí a Don Evaristo González Feijoo o a Leopoldo Montes.
- Era el tal aliento poco grato a la nariz de Feijoo, por lo cual este se retiró discretamente.
- Hablando de esto, Feijoo y Rubín achacaban la relajación de los caracteres a los desengaños.
- Feijoo hizo un mohín como de persona mayor que quiere dominar una debilidad pueril, y le dijo.
- De Feijoo lo niegue hoy, es tan verdad que me rondaba la calle al año de perder a mi Jáuregui.
- Ese Villalonga es una gran persona, y Feijoo lo que se llama un caballero, y el Ministro también.
- Al mes, ya Feijoo no podía vivir sin aumentar indefinidamente las horas que al lado de ella pasaba.
- Pero una noche, después de largas ausencias, llegó Feijoo al café, y sentándose los dos aparte, le dijo.
- Si se me permite dar una opinión dijo Feijoo, que empezaba a marearse con tanto barullo, voto con el pollo.
- Feijoo se arrimaba a él y le daba conversación, por lástima, animándole y procurando distraerle de su tema.
- Bajó y se puso en la calle, acordándose de una de las principales recomendaciones que le había hecho Feijoo.
- Fue a verle una tarde Villalonga, y lo primero que le dijo Feijoo, mientras se dejaba abrazar por él, fue esto.
- ¡Y yo creí que le iba tomando cariño! ¡Buen cariño nos dé Dios! Ni sé yo en qué estaba pensando Feijoo.
- Decía Feijoo al tomar asiento junto al ángulo de la mesa, y quitando de la boca del vaso el platillo del azúcar.
- Esta mujer me vuelve loco pensaba Feijoo, experimentando, al oír a Fortunata, una sensación de inefable contento.
- Seguro de que le oía, aunque no le miraba, Feijoo siguió hablando despacio, poniendo pausas entre las cláusulas.
- Lo mismo al partidario de la inquisición que al petrolero más rabioso, les escuchaba Feijoo con frialdad benévola.
- Feijoo no tomaba más que un huevo pasado y después chocolate, porque su estómago no le permitía ya las cenas pesadas.
- Que Feijoo es el primer caballero de Madrid y que le ha prometido una canonjía! Si se la dan, ya no me queda nada que ver.
- V El primero que hubo de seguirle fue don Evaristo González Feijoo, a quien era indiferente este o el otro establecimiento.
- Debo advertir que nada refería Feijoo que no fuese verdad, porque ni siquiera recargaba sus cuadros y retratos del natural.
- Estas caridades discretas las hacía muy a menudo Feijoo con los amigos a quienes estimaba, favoreciéndoles sin humillarles.
- Al oír esto, la diplomacia de Feijoo se alarmó, creyendo llegada la ocasión de sacar, si no todo el Cristo, la cabeza de él.
- Pero Rubín se puso a hablar con Feijoo, que le preguntaba por aquel inexplicable casamiento de su hermano con una mujer maleada.
- En las nieblas que envolvían su pensamiento, la infeliz joven, al oír aquello del rasgo, se acordó de Feijoo y de sus prohibiciones.
- Mas como ella se detuviera de nuevo para repetir aquel concepto de la honradez, Feijoo, que era hombre muy franco, no pudo menos de decirle.
- Doña Nieves, bien digerido el café, tomaba chocolate, y acompañábanla Juan Pablo, Feijoo, el pianista ciego, Feliciana, Olmedo y algún otro.
- Cuando Feijoo entró en el café de Madrid, Juan Pablo no había llegado aún, y decidió esperarle en el sitio que su amigo acostumbraba ocupar.
- El gozo, algunas noches, no la dejaba dormir, y se pasaba largas horas jugando con su idea ya realizada, saltándola como Feijoo saltaba el bilboquet.
- De Feijoo, que era amigo suyo y había sido su pretendiente, y tenía gran amistad con don Jacinto Villalonga, íntimo del Ministro de la Gobernación.
- Pero Fortunata, recordando al instante las lecciones de su amigo Feijoo, trazó la raya divisoria que este le recomendara, y vino a decir en sustancia.
- ¡Qué fuerte está el señor capellán! dijo Feijoo sonriendo, y no dijo más porque entró Don Basilio y en tono de gran misterio se expresó de este modo.
- Iii Como lo que debe suceder sucede, y no hay bromas con la realidad, las cosas vinieron y ocurrieron conforme a los deseos de Don Evaristo González Feijoo.
- Pronto iba a ser de noche, y como Feijoo tenía horror a la oscuridad, su amiga encendió luz, que puso en la mesa de camilla, y cerró después las maderas.
- Feijoo expuso sobre aquel tema de la filantropía algunas consideraciones muy sesudas, y despidiose, dando a cada una de las señoras un fuerte apretón de manos.
- De modo exclamó Feijoo en voz alta, abriendo los brazos y tomando un tono que no se podría decir si era de indignación o de burla, de modo que ya no hay patriotismo.
- Llamole por su nombre verdadero Feijoo, y acercose el otro a la mesa, inclinando, para ver quién le llamaba, su cara amarilla, requemada por el sol de Cuba y Filipinas.
- Estaba muy agradecida al señor de Feijoo, que se portaba con ella como un caballero, y no tenía nada de quisquilloso, ni las impertinencias que suelen gastar los hombres.
- Acordábase de los dos casos que le había presentado el bueno de Feijoo, y pensaba si ocurriría lo que ella tuvo por más inverosímil, esto es, que se realizara el primero.
- A Feijoo le había costado algún trabajo arrancarse a exponer su moral en aquellas circunstancias, porque en la conciencia se le puso un nudo, que le apretó durante breve rato.
- Y citaba a Flammarión, y las cartas de Feijóo y la opinión de un obispo inglés, cuyo nombre no recordaba Mister no sé cuántos, porque para él todos los ingleses eran Mister.
- Fortunata esperaba con ansia la exposición del segundo caso, pero Feijoo lo tomaba con calma, pues se quedó buen rato meditando, con el ceño fruncido y la vista fija en el suelo.
- Y no se vaya a creer que le faltaron pretendientes a la viudita, pues había, entre otros, un Don Evaristo Feijoo, coronel de ejército, que le rondaba la calle y no la dejaba vivir.