Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra flacas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra flacas en el contexto de una oración.

Término flacas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "flacas" aquí tienes una selección de 12 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra flacas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Mujeres flacas.
  • Daba la casualidad de que casi todas las niñas nobles de Vetusta eran flacas.
  • Pero la mayor parte eran flacas, pálidas, tripudas y envejecidas antes de tiempo.
  • Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y flacas.
  • Comenzó a probar el angélico caldedero una y otra de un gran sartal que dellas traía, y yo ayudalle con mis flacas oraciones.
  • Pálida como una muerta, con dos lágrimas heladas en los párpados, con las manos flacas en cruz, oyó todo el diálogo de sus tías.
  • Y moviendo su herramienta de un lado á otro, buscaba sitio para herir, evitando las manos flacas y desesperadas que se le ponían delante.
  • No era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé.
  • Era cercenadora de porciones como de moneda, y así hacía unas ollas éticas de puro flacas, unos caldos que a estar cuajados se pudieran hacer sartas de cristal de ellos.
  • Además, él, que miraba a los curas como flacas mujeres, como un sexo débil especial a causa del traje talar y la lenidad que les imponen los cánones, acababa de ver en el Magistral un atleta.
  • Tuvo que emigrar don Carlos, y Ana quedó en poder de doña Camila, que por imprudencia imperdonable de Ozores se vio disponiendo a su antojo de la mayor parte de las rentas de su amo, cada vez más flacas, pues las conspiraciones cuestan caras al que las paga.
  • Si dejaba los brazos tendidos sobre el embozo de su lecho y miraba las manos flacas, surcadas por haces de azul sobre fondo blanco mate, creía de repente que aquellos dedos no eran suyos, que el moverlos no dependía de su voluntad, y el decidirse a querer ocultar las manos, le costaba gran esfuerzo.