Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra flaco

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra flaco en el contexto de una oración.

Término flaco: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "flaco" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra flaco para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Es pálido y flaco.
  • Tellagorri era flaco, Pichía gordo.
  • Agapita lloró sobre el pecho flaco de su padre.
  • El otro señor, don Blas Carreño, también era flaco.
  • Pero el único flaco que podemos presentarles es este, Fermo.
  • Era un hombre alto, flaco, moreno, con el labio inferior colgante.
  • El capitán Sandow era un viejo flaco y cetrino, con barba blanca.
  • Un niño flaco, pálido, casi desnudo, tomó la punta del pañuelo.
  • ¡Jesús, y qué flaco sois! Yo lloraba de enojo, y ellos decían adrede.
  • El enamorado Albizu era hombre de mucha fuerza y muy nervioso, flaco, alto, seco.
  • Era un viejecito bajito y flaco, muy limpio, muy arreglado, de barba gris recortada.
  • Letamendi era un señor flaco, bajito, escuálido, con melenas grises y barba blanca.
  • El pianista era un viejo flaco, afeitado, de cara estrecha, larga, y anteojos de gruesos lentes.
  • A los treinta o cuarenta días la fiebre desapareció, dejando al niño flaco, hecho un esqueleto.
  • El padre, don Pedro Hurtado, era un señor alto, flaco, elegante, hombre guapo y calavera en su juventud.
  • Era el general un hombre alto, flaco, de unos cincuenta años, de barba negra, con el brazo en cabestrillo.
  • El tal hombre era un aldeano alto, flaco, vestido con un uniforme destrozado y una pipa de barro en la boca.
  • Y por eso, sin duda, tose pertinazmente, inclinando su cuerpo flaco, poniéndose la mano delante de la boca.
  • Se burlaba con gracia de sus discusiones, buscaba con arte el lado flaco de sus doctrinas y de su disciplina eclesiástica.
  • Su pescuezo, flaco, pedía a voces la golilla, y en vez de la vara que tenía en la mano, la imaginación le otorgaba una espada de cazoleta.
  • El flaco macho que los había conducido quedaba en la posada de Las Tres Coronas, esperando tomar la vuelta a las áridas montañas de Teruel.
  • Levantábamonos a hacer pinicos dentro de cuarenta días, y aún parecíamos sombras de otros hombres, y en lo amarillo y flaco simiente de los Padres del yermo.
  • Él no quería mal a nadie, pero lo cierto era que, una vez tan adelantada la elegía, don Pompeyo le iba a hacer un flaco servicio si no se moría cuanto antes.
  • Yo miré lo primero por los gatos, y como no los vi, pregunté que cómo no los había a un criado antiguo, el cual, de flaco, estaba ya con la marca del pupilaje.
  • Mira, si algún sujeto que tú no conoces, por ejemplo, un señorito flaco, de mal color, así un poco alborotado, te pregunta en la calle si vivo yo aquí, dices que no.
  • ¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía que la había quitado de sí mismo.
  • Las amiguitas, que habían sabido algo, y nunca tenían qué censurar en Ana, aprovecharon este flaco para ponerla en berlina delante de los hombres, y a veces lo consiguieron.
  • Tellagorri, tío abuelo de Martín, hermano de la madre de su padre, era un hombre flaco, de nariz enorme y ganchuda, pelo gris, ojos grises, y la pipa de barro siempre en la boca.
  • Allí tuve nuevas de cómo mi rocín, viéndose en aprieto, se esforzó a tirar dos coces, y de puro flaco se le desgajaron las dos piernas y se quedó sembrado para otro año en el lodo, bien cerca de expirar.
  • Iba un fraile muy flaco que era el padre Alelí, un señor pequeñito con anteojos, que era el papá de Isabel, algunos militares y otros tipos que se confundían en su mente con las figuras de los dos mandarines.
  • Antonio Lamela, así se llamaba el rezagado, era gallego, un tipo flaco, nervioso, de cara escuálida, nariz afilada, una zalea de pelos negros en la barba ya con algunas canas, y la boca sin dientes, de hombre débil.
  • Al poco rato entró en el despacho un hombre muy flaco, de cara enfermiza y toda llena de lóbulos y carúnculas, los pelos bermejos y muy tiesos, como crines de escobillón, la ropa prehistórica y muy raída, corbata roja y deshilachada, las botas muertas de risa.
  • Celestina, desesperada, se acercó al lecho de su padre, lloró otra vez, de rodillas, con la cabeza hundida en el flaco jergón, mientras don Santos repetía con voz pausada, débil, que tenía una majestad especial, compuesta de dolor, locura, abyección y miseria.
  • Era don Cayetano un viejecillo de setenta y seis años, vivaracho, alegre, flaco, seco, de color de cuero viejo, arrugado como un pergamino al fuego, y el conjunto de su personilla recordaba, sin que se supiera a punto fijo por qué, la silueta de un buitre de tamaño natural.