Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "flores" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra flores para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Y flores, no tenemos?
- Santa María de las Flores, con 12.
- Preguntó a Tom dándole las flores.
- Chupas recamadas de flores vistosas.
- Se sentía caer en un abismo de flores.
- Y llenaban de flores los huecos de su caja.
- Y por todas partes flores, arbustos tiernos.
- Cierra sus flores de día y las abre de noche.
- Yo te mandaré un crucifijo, y buscaremos flores.
- Llenaba la capilla olor de flores y barniz fresco.
- El San Francisco, de 74, mandado por Don Luis Flores.
- La que tenga flores o tiestos bonitos que los lleve allá.
- Ahora come bien, se pasea al aire libre entre árboles y flores.
- A Fortunata le gustaban mucho las flores, así vivas como cortadas.
- Suprimo las flores que iba entreverando, porque me ardería la boca.
- ¡Si él pudiera hacer que se aficionara a los árboles y a las flores!
- En el centro, abierto en talla, entre dos flores de lis campea un escudo.
- Adiós, María Dolores, marcho mañana en un barco de flores para la Habana.
- En el huerto, algunos girasoles levantan sus grandes flores sobre sus tallos.
- No señora respondió el Magistral, con el timbre de un céfiro entre flores.
- Tras él subía la escalera Juanito, el hijo mayor, con un enorme ramo de flores.
- Las flores del ramo eran de las más bellas, raras y valiosas que hay en invierno.
- Ni siquiera tenía aliento para dar las gracias por las flores que todos le echaban.
- Llevaba en los brazos un enorme haz de flores y hojas, que esparció sobre el lecho.
- La guirnalda, un bonete de flores blancas con colgantes que pendían sobre las orejas.
- Cruzó un patio cuadrado, con algunas acacias raquíticas y parterres de flores mustias.
- Doña Casta, acudiendo a su hija, no se hacía cargo de las flores que la otra le echaba.
- Más allá, sobre el revoltijo de toldos, el tejado de cinc del mercadillo de las flores.
- La luna blanqueaba las copas de los manzanos, cubiertos por la nieve de sus menudas flores.
- No adornaban la mesa flores, a no ser las rosas de trapo de las tartas o ramilletes de piñonate.
- El altar estaba hecho un ascua de oro con tantísima luz, que reflejaba en el talco de las flores.
- ¡Qué alegría! Todo es cristal, flores, plantas de hojas gigantescas, de colores fuertes, raros.
- Andrés vió el huerto, los perales, los albaricoqueros y los granados llenos de hojas y de flores.
- se quedó amoratada, empezó a dar manotazos y a echar por aquella boca unas flores, ¡unas berzas.
- Catalina y la criada entraban por un sendero del jardín lleno de rosales y hacían ramos de flores.
- Al decir Dios misericordioso pero justo aquella lengua imitaba el susurro del aura entre las flores.
- Aquel señor hablando con la suavidad de un arroyo que corre entre flores y arena fina, la encantaba.
- No pesaba más que un ramo de flores, pero el capellán juró y perjuró que parecía hecha de plomo.
- Entendíalo yo entonces razonablemente, porque tenía más flores que un mayo y barajas hechas, lindas.
- ¿Se ha fijado usted en aquellos grandes ramos, monísimos, con flores de tisú de oro y hojas de plata?
- Acostumbradas todas ellas a la vida común con las flores, tratábanlas con confianza ruda y desdeñosa.
- Flores sobre la blanca vestidura, flores esparcidas en la mesa, apiladas, formando ramos en los extremos.
- Dejo de referir otras muchas flores, porque a decirlas todas me tuvieran más por ramillete que por hombre.
- Volvía de sus correrías por el campo, como la abeja con el jugo de las flores, con material para su poema.
- Era como si tratándose de un árbol, empezara a echar flores, y más flores, gastando en esto toda la savia.
- Juan Antonio había claveteado las flores de trapo al borde de los lienzos de damasco, formando como un marco.
- Adornaron el cuarto de la enferma de blanco, lo cubrieron de sobrecamas y trajeron flores y estampas religiosas.
- Doña Manuela iba siguiendo los callejones tortuosos formados por las mesas cercanas al mercadillo de las flores.
- Cuando la señora y sus criados volvieron a la gran plaza, detuviéronse en la entrada del mercadillo de las flores.
- Y volvió cerca de anochecido trayendo un ramo de flores, y poco después fue un mozo de cuerda con dos o tres tiestos.
- Las cepitas talladas de color rosa, que parecían flores, iban y venían sobre la mesa, tan pronto llenas como vacías.
- Todo estaba forrado de un satén blanco con flores que el día anterior había visto ella y Barbarita en casa de Sobrino.
- De pronto apareció Visitación la del Banco, que vestía un traje de organdí con flores de trapo por arriba y por abajo.
- Vio que la reja daba a un balconcillo o terraza, y al punto determinó poner allí todos los tiestos de flores que cupiesen.
- El mantel es blanquísimo, y sobre su blancura resaltan los anchos ramos de flores bien olientes y la loba morada del obispo.
- No se os ocurre nada dijo Guillermina, volviendo a la sala, y en las ramas verdes atáis flores de trapo, y resulta muy bonito.
- Entre los grandes troncos de estos árboles crecían viejos rosales que formaban guirnaldas en la primavera cuajadas de flores.
- Barbarita creía que se podrían coger flores a puñados, hacer ramilletes o guirnaldas, llenar canastillas y adornarse el pelo.
- Cuando Catalina solía ir allí con la criada a coger flores, Martín las seguía muchas veces y se quedaba a la entrada del seto.
- El Rosal de María (en verso) Flores de María La devoción de la Inmaculada El Romancero de Nuestra Señora La Virgen y el dogma.
- Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles.
- En los obscuros balcones distinguíanse, entre los tiestos de flores y el botijo puesto al fresco, confusas siluetas ligeras de ropa.
- Ve los puestos de flores, y allí duda si tirar hacia Pontejos, a donde la empuja su pícara idea, o correrse hacia la calle de Toledo.
- Una vieja medio loca, la Curriqui, vestida con una falda de flores y una toca blanca, era la encargada de explicar lo que pasaba en Belén.
- Después se secaban las raíces, el tronco, las ramas y los ramos, y las flores cada vez más hermosas, venían al suelo con la leña seca.
- Recordaba aquellas mañanas de un verano, entre flores y rocío, místicas esperanzas y sabrosa plática, felicidad presente comparable a la futura.
- Sobre la alfombra yacían dos o tres libros, pedazos de papel, barro del Vivero, hojas de flores, y una rota de Begonia, como un pedazo de brocado viejo.
- En ocasiones se mostraba hasta galante, trayéndole las flores silvestres que le llamaban la atención, o ramas de madroño y zarzamora cuajadas de fruto.
- Diéranle a ella un buen clavel, un nardo, una rosa de la tierra, y en fin, todas aquellas flores que ilusionan el sentido en cuanto uno se acerca a ellas.
- Verá usted replicó Severiana llevando a la señora a su alcoba y mostrándole un montón de flores de papel dorado, tul y talco extendidas sobre la cama.
- Los largos ejercicios piadosos de las distintas épocas del año, como octava de Corpus, sermones de Cuaresma, flores de María, les sabían siempre a poco.
- Le había encontrado escondido en el pesebre de las vacas, su rincón favorito, y el diablillo traía los rizos entretejidos con hierba y flores silvestres.
- Los viejos árboles, que germinaban con una savia de resurrección, parecían saludar al pequeño cadáver agitando bajo la brisa sus ramas cargadas de flores.
- Algunas capotas cargadas de flores o relucientes peinados, destacándose sobre los pañolones de Manila, rompían la monotonía de las hileras de puntos blancos.
- él sabía un rincón perfumado por las flores de las acacias y de los espinos que caía sobre un sitio en donde el río estaba en sombra y a donde afluían los peces.
- Concha y Amparito llamaban la atención con sus vestidos de vivos colores y las capotitas de paja, que hacían lucir sobre su cabeza toda una pradera de flores y musgo.
- Estas ardientes memorias, que parecen agostarse hoy en mi cerebro, como flores tropicales trasplantadas al Norte helado, me hacen a veces reír, y a veces me hacen pensar.
- En cambio todo lo que estaba plantado anteriormente, las pasionarias, las hiedras y las enredaderas, a pesar de la sequedad del suelo, se extendían y daban hermosas flores.
- Junto a las paredes brillan, en la primavera, las flores amarillentas del diente del león y del verbasco, los gladiolos de hermoso color carmesí y las digitales purpúreas.
- Y acompañados por el retintín de los cascabeles de las ligas, trotaban los grupos de zaragüelles planchados, chalecos de flores, mantas ondeantes y tiesos pañuelos de seda.
- Y se dejó besar por su hijo, que después corrió al comedor con el ramo, y no encontrando un jarrón capaz de sostener aquella pirámide de flores lo colocó entre dos sillas.
- Yo, pues, con ese lenguaje y con estas flores, llegué a Sevilla con el dinero de las camaradas, gané el alquiler de las mulas y la comida y dineros a los huéspedes de las posadas.
- Y hacíale frente una enorme mata de hortensia, mustia y doblegada por las lluvias de la estación, graciosamente enfermiza, con sus mazorcas de desmayadas flores azules y amarillentas.
- Y la democrática masa de flores rojas y vulgares extendíase por todas partes, asaltaba las mesas, como un pueblo en revolución, tumultuoso y desbordado, cubierto de encarnados gorros.
- Julián, entre embelesado y afligido, seguía con la vista el arreglo de las azules flores en los tarros de loza, el movimiento de las manos enflaquecidas al través de las hojas verdes.
- Un hábito de gasa tejida con hebras de plata, unas sandalias, una guirnalda de flores, todo blanco, de rizada nieve, como la luz del alba, cuya pureza simbolizaba la del pobrecito albat.
- A todas estas el cajón del dinero no se abría ni una sola vez, y a la vara de medir, sumida en plácida quietud, le faltaba poco para reverdecer y echar flores como la vara de San José.
- Y obra de sus manos era también el brocal del pozo, las pilastras del emparrado, las encañizadas, por encima de las cuales enseñaban sus penachos de flores los claveles y los dompedros.
- Las puertas de los palcos abríanse con estrépito, y aparecían en las barandillas, cubiertas con los colores nacionales, las mantillas blancas, las caras risueñas, los peinados con flores.
- Pero a pesar de estas profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.
- De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
- En su voz había arrullos amorosos para el campo que describía, y temblaba en sus labios el agradecimiento con que oía a otra persona palabras de cariño y de interés por árboles, pájaros y flores.
- Es el ingenio bordador de los pañuelos de Manila, el inventor del tipo de rameado más vistoso y elegante, el poeta fecundísimo de esos madrigales de crespón compuestos con flores y rimados con pájaros.
- En aquella época en que vivía mi abuela, solía verse Aguirreche casi siempre cerrada, lo que producía una impresión de tristeza, mitigada un tanto por las muchas flores que resplandecían en los balcones.
- Otros muchos hierbajos, mezclados con ortigas y amapolas, se extienden por la muralla y adornan con su verdura y con sus constelaciones de flores pequeñas y simples las almenas, las aspilleras y los matacanes.
- Y sin más compañía que los pájaros locos de alegría, y las flores que hacían su tocado lavándose con rocío, volvió a leer aquellos pliegos en que Ana le mandaba el corazón desleído en retórica mística.
- Y después que el órgano dijo lo que tenía que decir, los fieles cantaron como coro monstruo bien ensayado el estribillo monótono, solemne, de varias canciones que caían de arriba como lluvia de flores frescas.
- Muchas veces, en el mes de Mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martín por la orilla del río, al cruzar por detrás de la iglesia, llegaba hasta ellos las voces de las niñas, que cantaban en el coro las flores de María.
- En cuanto las lluvias de invierno se inauguraban, después del irónico verano de San Martín, a Frígilis se le caía encima Vetusta y sólo pasaba en su recinto los días en que le reclamaban sus árboles y sus flores.
- ¡Oh, como es error vano fatigarse por ver los resplandores de un ardiente tirano, que impío roba a las flores el lustre, el aliento y los colores! Todas las plantas tienen, en suma, sus veleidades, sus odios, sus amores.