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Ejemplos de oraciones con la palabra fortunato

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra fortunato en el contexto de una oración.

Término fortunato: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "fortunato" aquí tienes una selección de 30 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra fortunato para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Estaba pálido el buen Fortunato.
  • Don Fortunato es una malva, corriente.
  • Fortunato levantó la cabeza y sonrió.
  • Don Fortunato no se mueve sin orden mía.
  • Fortunato leía las pruebas y seguía sonriendo.
  • Si Fortunato sabe algo, cree algo, nos hundimos.
  • Yo continuó Fortunato les dije que no se apurasen.
  • Don Fortunato Camoirán no era capaz de traiciones.
  • Fortunato, temblorosa la voz, solicitaba un préstamo.
  • La vida de Fortunato la ocupaban cuatro grandes cuidados.
  • Y sobre todo, ¿por qué las pagaba él, Fortunato, de su bolsillo?
  • Cuando a Fortunato le ofrecieron el obispado de Vetusta, él vaciló.
  • Sin pensar en ello, Fortunato poseía el arte supremo del escalofrío.
  • Él era la única persona que sabía comprender todo el valor de Fortunato.
  • Fortunato confesó que parecía un subteniente de los sometidos a descuento.
  • Durante algunos años Fortunato había sido el predicador de moda en Vetusta.
  • Aquel paralelo eterno que estaba haciendo Fortunato sin saberlo, irritaba al Magistral.
  • Fortunato ya había dado palabra de honor de ir a la solemne sesión de La Libre Hermandad.
  • Así era el buen Fortunato Camoirán, prelado de la diócesis exenta de Vetusta la muy noble ex corte.
  • Fortunato era un santo alegre que no podía ver una irreverencia donde se podía admirar y amar una obra de Dios.
  • Gritaba Fortunato horrorizado, con las manos crispadas, retrocediendo hasta tropezar con la piedra fría del pilar.
  • El Ilustrísimo Señor don Fortunato Camoirán, Obispo de Vetusta, dejaba al Provisor gobernar la diócesis a su antojo.
  • Y así, fue en vano que en cierto sermón de Semana Santa Fortunato estuviera sublime al describir la crucifixión de Cristo.
  • El buen Fortunato estaba en un apuro, no tenía dinero para pagar una cuenta de un sastre que había hecho sotanas nuevas a los familiares de S.
  • La Justicia le obligaba a reconocer que el actual obispo de Vetusta, don Fortunato Camoirán, era una persona respetable, un varón virtuoso, digno.
  • Aquel mismo año en que Fortunato lo había hecho tan mal, en concepto de los señores magistrados, se lució en su sermón de viernes el sinuoso Arcediano.
  • Cuando Fortunato bajaba de la cátedra deseando a todos la gloria por los siglos de los siglos, la unción del prelado corría por el templo como una influencia magnética.
  • La inmensa tristeza, el horror infinito de la ingratitud del hombre matando a Dios, absurdo de maldad, los sintió Fortunato en aquel momento con desconsuelo inefable, como si un universo de dolor pesara sobre su corazón.
  • Dejaron de confesar con él algunas señoras de liberales, y el mismo Fortunato, el Obispo, a quien tenía De Pas en un puño, se atrevía a mirarle con ojos fríos y llenos de preguntas que entraban por las pupilas del Magistral como puntas de acero.
  • Por esto habían valido poco las amonestaciones de don Fermín para que Fortunato se abstuviese de adornar los balcones con jaulas pobres, pero alegres, en que saltaban y alborotaban aturdiendo al mundo, jilgueros y canarios, que en honor de la verdad, parecían locos.