Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra frase

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra frase en el contexto de una oración.

Término frase: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "frase" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra frase para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La frase era.
  • Eso es una frase.
  • Interrumpió aquí la frase.
  • Se comió el resto de la frase.
  • Esta era una frase sacramental.
  • Creía haber encontrado una frase.
  • No pudo concluir esta frase trivial.
  • La tal frase escandalizó el pueblo.
  • Balbució la dama sin atreverse a acabar la frase.
  • Esta frase de sermón aterró un poco a Fortunata.
  • Según frase suya, Rita le escamaba terriblemente.
  • Esta conversación terminaba siempre con una frase.
  • Solamente me dirigió una frase, y ésta me escoció.
  • Esta frase es de un viejo tratadista de horticultura.
  • Y repitió varias veces esta frase oída a su principal.
  • Olvido espera un príncipe ruso era la frase consagrada.
  • Miró a todos para ver qué tal había caído esta frase.
  • Buscó alguna frase oportuna y por de pronto halló esto.
  • Hablaba mucho, a gritos, con diez carcajadas por cada frase.
  • ¡Ana iba a darse en espectáculo! cierto, esa era la frase.
  • Mesía disimuló la repugnancia que le produjo aquella frase.
  • Había hablado como quien repite una frase hecha, sin sentido.
  • Verdaderamente, esto no traspasa los límites de una frase vulgar.
  • En lo de los golpes no he tenido parte apuntó con rápida frase la voz.
  • Rubín condensaba sus sentimientos respecto al prestamista en esta frase.
  • Al pronunciar esta frase, la ola rebosó, las lágrimas corrieron por fin.
  • Al terminar su frase, el Chafandín dió un golpe con el garrote en el suelo.
  • Repitió el capellán, quedándose en ayunas del sentido de la frase grosera.
  • Santa Cruz, que estaba de buenas, repitió con buena sombra otra frase de las comedias.
  • Hay una frase de un escritor francés que quiere ser trágica y es enormemente cómica.
  • Este entusiasmo por los canes le había impulsado a pronunciar esta frase irrespetuosa.
  • Y allí, en una especie de murmullo o secreteo dulcísimo, acabó la frase interrumpida.
  • No puedo ver tanta tontería (exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera).
  • Pero él se anticipó dejándola yerta con esta cruelísima frase, dicha en tono cariñoso.
  • A Collingwood el tío Calambre, frase que a él le parecía exacta traducción del inglés.
  • Al pronunciar sin intención la frase, Nucha, desde el suelo, alzaba la mirada hacia Julián.
  • En medio de la infernal risa, brotaba esta frase que a Fortunata le ponía los pelos de punta.
  • Una sola frase suya probará su inmenso saber en esa historia viva que se aprende con los ojos.
  • En punto de caramelo (frase simbólica en el pensamiento de Mesía), y con todo no se atrevió.
  • En el portal, mientras se echaba el manteo al hombro (y eso que hacía calor) pensó esta frase.
  • ¡Con otra mujer! dijo ella, repitiendo la frase como una muletilla, a la cual no se saca sentido.
  • No tuvo ánimos para pronunciar una sola frase, ni disimulo para componer sus facciones alteradas.
  • Doña Lupe se inquietó un poco oyendo esta frase, dicha con cierto sentido de tenacidad maniática.
  • Ido era tan caballero que le faltó tiempo para hacer la invitación, añadiendo una frase muy prudente.
  • Ya les faltaba el aliento a los oyentes cuando el ciego se determinó a posarse en el final de la frase.
  • Plácido se inclinó para verle, y aunque se quería hacer el hombre terrible, se le escapó esta frase.
  • Aquella mañana se le recibió en el hotel Páez como siempre, bajo palio, según la frase de don Francisco.
  • Yo soy tan católico como el primero, esta era su frase cada vez que decía alguna herejía o algo parecido.
  • ¡Qué guapa estás! ¡Cada día más hermosa! Para ti toda afirmó ella, poniendo toda su alma en una frase.
  • Y toda la noche, hasta en sueños, estuvo oyendo, murmuradas por mil voces junto á sus oídos, la misma frase.
  • Esta frase no expresaba para Zapiain más que el contento de vivir tranquilo y satisfecho, sin guerras ni trifulcas.
  • No me olvidaré de ti, Adoración le dijo la señorita, que con esta frase parecía anunciar que no volvería pronto.
  • Las mujeres casadas no deben ser muy hermosas dijo la señora promulgando la frase con acento de convicción profunda.
  • ¡Cuánto envidió esta frase Ronzal! Comprendió que todos habían interpretado lo mismo que él aquellas ocupaciones.
  • Ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parecía cantar, la vega y el Mediterráneo, los montes y el cielo.
  • En cuanto al elemento devoto de Vetusta, (frase del Lábaro ) se metían en novenas así que el tiempo se metía en agua.
  • Este año según la bella frase de uno de estos labriegos tan panteístas en el fondo, este año es el primero que trabaja.
  • En esta frase que don Cayetano había dicho sin asomos de malicia, encontraba don Fermín motivo para meditar horas y horas.
  • La libertad y el gobierno son antitéticos, había leído en un periódico rojo, y aplicaba la frase a la cocina y a la mujer.
  • Esta última frase llevó la conversación al primitivo terreno, del cual se había desviado un poco con aquello de la panacea.
  • ¡Ahí está el Arcediano! La frase hizo fortuna y Glocester fue en adelante don Restituto Mourelo para toda Vetusta ilustrada.
  • Había oído muchas veces a los economistas que iban de tertulia a casa de Cantero, la célebre frase laissez aller, laissez passer.
  • El gozar sin querer junto a aquel hombre le sonaba como la frase del miércoles de ceniza, ¡quia pulvis es! eres polvo, eres materia.
  • Pronto fue tal opinión un lugar común, una frase hecha, y desde entonces la fama del Obispo como orador se perdió irremisiblemente.
  • En todos los grandes hombres que, según frase de Andresito, habían tenido malas pulgas, y lo mismo escribían que daban una estocada.
  • Todos estaban es la frase de cajón muy afectados, incluso el señorito de la Formoseda, que acaso pensaba cuando la barba de tu vecino.
  • El joven repetía con obstinación su frase, como el que, acostado, masculla sin cesar la misma oración para aturdirse y coger el sueño.
  • Nada, nada de trato con la hija de la bailarina italiana ! El honor de haber resucitado esta frase perteneció a la baronesa de la Barcaza.
  • En los breves momentos que la tocata cesaba, oíase el canto de un mirlo silbando la frase del himno de Riego, lo único que del tal himno queda ya.
  • Pero se acordó de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga.
  • ¡ Tío morra !, repitiendo la frase un sinnúmero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere enterar a todo el mundo de su ruda castidad.
  • Al entrar en el salón la Regenta, De Pas interrumpió una frase pausada y elegante, porque no pudo menos, y se inclinó saludando sin gran confianza.
  • Gozaba de cierta paz espiritual, desconocida para ella en épocas anteriores, paz que sólo turbaba Mauricia arrojando en sus oídos una maligna frase.
  • Descubriéronse las siete acequias, quedando con las manos sobre las rodillas y la vista en el suelo, y el más viejo pronunció la frase de costumbre.
  • ¡No veo la tostada! decía Don Frutos, que había aprendido esta frase poco culta y poco inteligible en los artículos de fondo de un periódico serio.
  • Pues ayer refirió la joven con los ojos bajos, alzándolos al final de cada frase, como si pusiera con ellos las comas, más que con el acento, pues ayer.
  • A Jacinta se le clavó esta frase en el corazón, y estuvo temblando un rato en él y agrandando la herida, como sucede con las flechas que no se han clavado bien.
  • Esto de que bien lo sabía Dios era una frase hecha, como él decía, que se le escapaba sin querer, porque, en verdad sea dicho, don Pompeyo Guimarán no creía en Dios.
  • Creía en el fondo que se escribía para demostrar ingenio, no para exponer ideas con claridad, y que la investigación de un sabio se echaba abajo con una frase graciosa.
  • ¡Con paciencia, con paciencia! exclamó Ido, que en su estado eléctrico repetía siempre la última frase que se le decía, como si la mascase, a pesar de no tener muelas.
  • Era, según él, muy justo respetar los escrúpulos de aquella adúltera primeriza (otra frase grosera del seductor), que no podía avenirse a tomar por encubridora a Petra.
  • Pero nunca pudo aprender más que otro toro y vengan esos cinco, frase con que me saludaba todos los días cuando iba a almorzar con él pescadillas y unas cañitas de Jerez.
  • No comprendía el por qué de la frase, hasta que él mismo me dijo que la homeopatía la había inventado un señor Hahnemann, que en alemán quiere decir el Hombre del Gallo.
  • Y así preparaba las elecciones, buscando votos para un porvenir lejano, según frase picaresca de Don Cayetano Ripamilán, siempre dispuesto a perdonar esta clase de extravíos.
  • No pudo concluir la frase, porque le vino de lo hondo del cuerpo a la boca una tan voluminosa cantidad de gases, que las palabras tuvieron que echarse a un lado para darle salida.
  • Todo era convencionalismo y frase ingeniosa en aquel hombre que se había emperejilado intelectualmente, cortándose una levita para las ideas y planchándole los cuellos al lenguaje.
  • Se acercó después el canónigo pariente del ministro y hubo que hablar y en seguida se agregó un obispo de levita (frase que hacía fortuna por aquella época) y la conversación se animó.
  • En el frente de la decrépita y pobre casa, un agujero indicaba dónde estuvo en otro tiempo el escudo, y debajo de él se adivinaban, más bien que se leían, varias letras que componían una frase latina.
  • Lo ven todo, lo revuelven todo, y les queda tiempo para marear a los horteras y tomar varas al sesgo (frase de Orgaz) de los señoritos que pasean por la acera disputando en voz alta para anunciar su presencia.
  • En cambio la villita de Cebre, rindiendo culto al progreso, ha atendido a las mejoras morales y materiales, según frase de un cebreño ilustrado, que envía correspondencias a los diarios de Pontevedra y Orense.
  • Así se explica aquel entrar y salir en los comercios, aquel reír por cualquier cosa, aquel encontrar gracia en cada frase de un hortera, en la diablura de un estudiante que mete la cabeza por un escaparate abierto.
  • En el cabildo, Glocester, el maquiavélico Arcediano, hablaba al oído de los canónigos de descrédito colectivo, de lo que la iglesia, y la catedral sobre todo, perdían con aquellas algaradas (frase de Glocester).
  • Pero no estaba tan satisfecho de sus conocimientos y habilidad en el arte de Terpsícore (otra frase que Trifón se proponía emplear.) Tenía a su lado Trabuco, como pareja a Olvido Páez, que no le miraba siquiera.
  • En aquel momento se le ocurrió una frase y para exponerla a su auditorio con toda solemnidad se detuvo, extendió la mano, como separando a los otros dos, y echando el cuerpo del lado de Foja le dijo al oído, a voces.
  • Y al decir ¡el único! aunque afectaba profundo dolor por la ceguedad en que, según él, vivían sus conciudadanos, el observador notaba que había más orgullo y satisfacción en esta frase que verdadera pena por la falta de propaganda.
  • Gran satisfacción fue para don Víctor Quintanar, que volvía del Casino, encontrar a su mujer conversando alegremente con el simpático y caballeroso don Álvaro, a quien él iba cobrando una afición que, según frase suya, no solía prodigar.
  • Este despego que a ellos les parecía mala crianza y a mí un arranque de entereza, propio de elevados corazones, me proporcionó algunas reprimendas y, sobre todo, dio origen a una frase de mi señorita, que se me clavó en el corazón como una dolorosa espina.
  • Sin embargo, el Rector del Seminario, hombre excesivamente timorato, según frase de la marquesa de Vegallana, no pasaba por aquellas mescolanzas de curas y mujeres paseando todos revueltos, en un recinto que no tenía un tiro de piedra de largo, y que tendría cinco varas escasas de ancho.
  • Y junto a ellos el héroe de la fiesta, el colombaire, un mocetón despechugado, al aire los bíceps de hércules, limpiándose el sudor, girando como una peonza, haciendo toda clase de muecas y voceando la frase sacramental ¡ a pacte ! antes de soltar las alas que oprimía entre sus manos ¡Allá va.
  • Sin embargo, si los obstáculos del orden puramente moral, los escrúpulos místicos, como se decía Álvaro con frase tan impropia como horriblemente grosera, se dejaron a un lado, a fuerza de pasión, los inconvenientes materiales, las precauciones del miedo opusieron dificultades de más importancia.